El color del cristal

Aunque se diga que la vida es del color del cristal con que se mira, a veces, no es de ninguno porque está roto o ni siquiera existe. En el Plan 3000 de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) las calles no pueden nombrarse -como indica el título- y las ventanas no tienen cristales, pero a través del de la cámara se aprende que siempre es posible construir otros. Esta propuesta de carácter colectivo, producto de una experiencia didáctica, describe la historia de este suburbio latinoamericano de manera directa y franca, combinando los testimonios o reflexiones personales en formato de entrevistas, con imágenes tomadas en las calles. La descripción es conmovedora pero no sensiblera, pues se mira de frente y con la cabeza alta, incidiendo a partes iguales en los problemas y sus causas, así como en las posibles soluciones o nuevas perspectivas de futuro, algunas, extraordinarias por novedosas, resultando un trabajo audiovisual cargado de esperanza.

Por su parte, Museo es un homenaje a esos espacios donde confluyen todas las épocas en las que podemos reconocernos, pero sobre todo a la labor colectiva y diversa necesaria para poner en marcha un proyecto cultural de estas características. De forma detallada y didáctica, con una excelente fotografía y sonido, se describen un buen número de oficios, jugando con la ilusión de que la cámara no existe y se contempla a escondidas un proceso de trabajo.

Sin embargo, esta perspectiva provoca un distanciamiento tal en la audiencia que podría compararse al de la ciudadanía ante la pieza expuesta en el museo; por culpa del cristal -no sólo físico- que la separa de ella, por muy traslúcido o transparente que sea.

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