El muro de la vergüenza

El muro de la vergüenza nunca fue derribado. Por el contrario, permitimos que se construya una y otra vez. Por un resquicio, como David contra Goliat, se cuela la cámara de este documental; penetra entre los escombros, los bombardeos, los almacenes de ayuda humanitaria calcinados, las ráfagas de los francotiradores, los lamentos, los muertos, los heridos; hasta en los hospitales y los algodones, pero no en las azucenas, porque ya no queda nada, sino desolación. Disparar a un elefante, que toma su título de un relato-ensayo de George Orwell sobre el imperialismo, se organiza como un auténtico documental de guerra directamente descarnado que lleva al espectador a experimentarla en toda su crueldad. Rodado durante la llamada 'Operación Plomo Fundido' ejercitada sobre la Franja de Gaza, es prueba de vida del generoso afán de los realizadores y conductores por mostrar la verdad, llevado a un extremo de carácter heroico; así, en directo asistimos a una aniquilación, que nos hace temblar de la misma manera que la cámara; somos testigos de la masacre que no entiende de leyes internacionales y que se ceba incluso entre los que tratan de ejercer su labor sanitaria. Los distintos episodios descubren diferentes prismas de nuestra condición de lobo para el hombre y asistimos a la germinación de un odio que enraizará durante generaciones. Y mientras nos preguntamos el porqué y cuántos muertos más se necesitan para que todo acabe, recordamos, como afirmó Marek Edelman, líder del gueto de Varsovia, que no existen ni pueblos elegidos ni tierras prometidas.

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