Alberti y la falda de María Jiménez

  • Los cuatro políticos que encabezaron las listas de PSOE, PSA, PCA y UCD en las autonómicas de 1982 evocaron ese periodo que se muestra en una exposición que recorrerá las ocho provincias andaluzas

Ayer volvieron a dar la cara. Salieron de sus carteles electorales de aquellos comicios del 23 de mayo de 1982 para recordar un tiempo apasionante. Los cuatro estánen buena forma y en el coloquio posterior a la exposición La Democracia da la cara (Cajasol), que se inauguró en el Parlamento de Andalucía e irá a todas las capitales de la comunidad, le dieron la razón al breve discurso de la anfitriona, Fuensanta Coves: la historia está llena de intrahistorias.

En la campaña del 28-F, Rafael Alberti se escandalizó por la minifalda de María Jiménez, la única cantante que ha hablado en sus letras de las clases sociales. "Niño, eso habría que evitarlo", le dijo el poeta a Rafael Escuredo, primer socialista que ganaba unas elecciones desde la II República. Felipe Alcaraz encabezó el cartel del Partido Comunista y recibió una llamada de Carrillo. "Martín Villa le había dicho que qué era eso de la reforma agraria".

Escuredo y Alcaraz, contendientes en aquellos comicios, son ahora novelistas. Escuredo ha terminado la novela titulada Te estaré esperando y Alcaraz entregó a su editor La muerte imposible, trama de memoria histórica y poetas granadinos. "Yo no estoy para novelas". Luis Uruñuela, candidato en el 82 (cuando era alcalde de Sevilla), confesó que en los primeros conciliábulos andalucistas de los años sesenta "nadie conocía a Blas Infante". Después se lo aprendieron de memoria y consiguieron que el Estatuto lo proclamara Padre de la patria andaluza.

No acudió nadie del PP, pese a que Arenas y Teófila Martínez forman parte de la cartelería. Antonio Hernández Mancha, que de candidato inédito del 82 por Alianza Popular pasó a presidente nacional, alegó razones profesionales. Aunque Escuredo, Alcaraz y Uruñuela representaban los diferentes tonos de la izquierda, el único maoísta de los presentes era Luis Merino Bayona. El que dio la cara, las dos mejillas, por la UCD. "Estaba claro que yo tenía que perder hasta a los chinos", recordó de las partidas que se echaba con sus correligionarios para pagar el café vespertino cuando dejaban el piso de alquiler en el que interpretaron su canto del cisne. Merino, alcalde de Málaga entre 1977 y 1979, llegó preparado porque hace unos días le llamó una periodista británica para que hablara de la transición española en un club inglés de la Costa del Sol. "Les dije que más que un cambio fue una revolución. No entendían una revolución sin muertos. Les expliqué que el muerto era el partido que lo diseñó".

Moderado por Tom Martín Benítez (se recordó a sí mismo pegando carteles con Gabriel Albiac, entonces casado con una hija de Grimau, hoy tertuliano de la Cope), los contendientes hicieron gala de memoria y elegancia. Escuredo reconoció el mérito de los andalucistas en las señas de identidad y de los centristas para superar el rocambole del referendum. El periodista Pepe Fernández preguntó que "quién traicionó a quién". Su colega Rafael Rodríguez evocó la primera pinza del Parlamento andaluz, que no fue la de Arenas y Rejón de 1994, sino la que en la misma sesión constitutiva del Parlamento, 21 de junio de 1982 en el Alcázar, hicieron Alcaraz y Carlos Rosado, que se quedó sin escaño, para evitar que Alianza Popular, segundo partido más votado, tuviera presencia en la Mesa del Parlamento.

Fue el legislativo más joven de la historia parlamentaria española (Zarrías, Caballos, Paulino Plata, Luis Navarrete o Antonio Romero eran veintiañeros), el que tuvo más representación de partidos: cinco siglas más el grupo mixto, arca de noé que llegó a acoger a diez diputados.

Escuredo acudió a votar a su colegio del Polígono San Pablo y no estaba en el censo. "Figuraba mi hija, que tenía siete años". Relativizó el parnaso de la transición. "No fue ese periodo de consenso y tranquilo que ahora se dice. Fue un periodo tenso, duro y violento". Los cuatro partidos ayer representados fueron a Cádiz con una propuesta de capitalidad para Antequera que no prosperó. Coincidieron en una cosa: la gente empujó el carro. Ellos dieron la cara. Y con ellos casi cuatro mil integrantes de las listas.

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