Coja turno para ir a la playa

  • El caos de tráfico y la asfixia económica de muchos municipios costeros andaluces les empuja a probar con la implantación de zonas azules de aparcamiento en el verano pese a la oposición de los residentes

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Hay días de agosto en Zahara de los Atunes, pedanía paradisiaca de Barbate (Cádiz) a la que un grupo de famosos venidos de Madrid ha dado celebridad, en los que la cola de coches aguarda a que salgan los que están dentro para entrar ellos. No cabe ni uno más. Hace dos veranos, el Ayuntamiento de Barbate pintó líneas azules en el 90% de los aparcamientos y la pedanía se rebeló. Una brigada de 200 vecinos salió de noche y pintó de blanco lo que unas horas antes era azul. Ganaron la batalla y el Ayuntamiento se tuvo que conformar con mandar a tres cabezas de turco al juzgado por la broma, pero, a cambio, los vecinos arrancaron tarjetas para residentes y el asfaltado de varias calles que estaban hechas unos zorros.

Quizá ignorantes de este hecho, más de una decena de municipios costeros han decidido pintar rayas de diversos colores en sus zonas de playa para esta temporada. Para Valdelagrana, la urbanización de El Puerto de Santa María, se ha escogido el color naranja. Impulsa El Puerto, la sociedad municipal que gestiona esta iniciativa, afirma que no existe ningún interés recaudatorio en la medida y que de lo que se trata es de "ordenar el caos existente. Es un sistema de aparcamiento para aquellas zonas donde se alcanza un nivel máximo de saturación en determinadas épocas y en determinados momentos del día y en las que se pretende que se haga un uso más abierto, fomentando la rotación y permitiendo así que puedan acceder a ese punto de especial interés un mayor número de usuarios".

A pocos días del inicio de la temporada de playas, el murete del paseo marítimo de Valdelagrana muestra óxido en algunos tramos metálicos y hay baldosas levantadas. La reforma de la avenida que conduce a la arena, un año más, no se ha hecho. Sin embargo, ya relucen las primeras líneas naranjas que indicarán las 2.300 plazas de aparcamiento en superficie por las que habrá que pagar. Luego vendrán los parquímetros. En total, una inversión de 280.000 euros que se quiere recuperar entre los visitantes y los 30 euros que pueden pagar los portuenses por un abono trimestral o los 18 euros que, casi obligadamente, tienen que pagar los residentes de Valdelagrana si no cuentan con un garaje.

Paco Olmedo, presidente de la asociación de vecinos del barrio, arde de indignación: "Nos dicen que esto es un experimento, pero nosotros no queremos ser el laboratorio de nada porque sabemos perfectamente lo que va a pasar. Incluso lo sabe el ayuntamiento, que dice que va a poner una grúa a trabajar a destajo. Pues se van a hinchar. Aquí, cada verano, los que vienen aparcan donde les viene en gana. Ahora, con tal de no pagar, el caos va a ser mayor, ya que buscarán sitios fuera de la zona naranja, es decir, que nos dejarán a los residentes sin nuestros aparcamientos . También, sostiene Olmedo, se verá afectado el turismo, que "entendámonos, lo nuestro no es un turismo de campanillas, son visitantes de Jerez, de la Sierra, que vienen a pasar el día de playa y con un nivel adquisitivo medio bajo. Si al presupuesto de la jornada hay que añadirle los siete u ocho euros del parking, pues se irán a otra parte y afectará al pequeño comercio que vive de estos meses fuertes".

La mayor parte del casco urbano de Chipiona es una ciudad fantasma durante nueve meses del año, pero su población se multiplica durante julio y agosto. De 18.000 habitantes se pasa a 150.000. Rafael Naval, concejal de Obras, ha hecho público un proyecto de aparcamiento de colores para la localidad, donde se incluye una zona azul veraniega. Asegura que el aparcamiento regulado se pondrá en marcha pensando en los comerciantes. "Existirá una mayor movilidad y accesibilidad al centro del municipio y se podrá controlar el estacionamiento prolongado de vehículos que perjudica seriamente tanto a los negocios como a los usuarios", afirma. El portavoz de la oposición, José Antonio Sotomayor, hace honor a su condición y se opone, pese a reconocer que el aparcamiento en verano en Chipiona es un caos. "Disuade al turismo y castiga al vecino, ya que el proyecto incluye zonas permanentes. Es una medida recaudatoria pura y dura pero, en cualquier caso, no deja de ser un proyecto porque no se ha tramitado nada y no creo que dé tiempo a ponerlo en marcha durante esta temporada". Sin embargo, la vecina Rota tiene sistemas de rotación de aparcamiento veraniego desde 2007 y en la localidad no existe debate sobre el tema: forma parte del paisaje estival.

En Matalascañas, otra de las playas más populares de Andalucía, también hay polémica. Los vecinos están en contra, pero es de especial interés la reflexión de Juan Díaz, que preside la Asociación de Empresarios de Playa de Huelva: "Los ciudadanos, al final, siempre pagan. En el litoral de Huelva sólo se pensó en bloques y más bloques, pero nadie pensó en organizar los servicios racionalmente. La zona azul nos perjudica, pero a esto no se hubiera tenido que llegar si alguien hubiera pensado que para poder ir a la playa antes hay que aparcar". Pese a tanto temor, la instalación de la zona azul satisface en algunas localidades donde lleva tiempo en marcha, como Benalmádena, donde los propios comerciantes certificaron que 300 vehículos pasaban de media por los 80 aparcamientos de pago y que era posible encontrar estacionamiento en la hora punta; y contraría en otras, como Almuñécar, con casi 3.000 plazas de aparcamiento de pago en verano y donde los comerciantes detectan que algunos visitantes prefieren ir a otras localidades antes que pasar por el parquímetro. De hecho, Francisco Prados, portavoz socialista en el Ayuntamiento, calcula que un tercio de los conductores no saca el tique, por lo que se recauda más por multas, cuando se logra cobrar, que por la zona azul.

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