La Guardia Civil no halló ADN del acusado del crimen de Almonte

  • La niña podría haberse salvado si hubiera recibido asistencia médica antes de desangrarse

Recreación del apuñalamiento de la niña sobre una imagen real de su cuarto hecha por el perito Juan Hellín. Recreación del apuñalamiento de la niña sobre una imagen real de su cuarto hecha por el perito Juan Hellín.

Recreación del apuñalamiento de la niña sobre una imagen real de su cuarto hecha por el perito Juan Hellín. / H. I.

Los agentes del Departamento de Biología del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil que analizaron todas las muestras recogidas en el escenario del crimen de Almonte declararon ayer que "en ninguna de ellas recogimos la muestra indubitada del detenido". Es decir, que no encontraron rastro genético alguno del acusado, Francisco Javier Medina, ni en las toallas ni en el resto de objetos que analizaron, algo que sí hicieron después los peritos del Instituto Nacional de Toxicología. Éstos sí concluyeron que la impronta celular del acusado estaba presente en las tres toallas de dos baños diferentes de la vivienda de Miguel Ángel Domínguez, su víctima.

Los expertos en genética forense sometieron las muestras a complejos procedimientos bioquímicos que les permitieron obtener los perfiles genéticos de la niña María Domínguez y de su padre. En otros objetos como unas toallitas de la basura de la cocina, en las cintas de las persianas del salón del domicilio o en recortes de las fundas del colchón , sábanas y toallas de los baños localizaron también los de Marianela Olmedo, mujer y madre de las víctimas, quien residió en la vivienda hasta que se marchó 19 días antes del crimen.

Los especialistas del Departamento de Biología del Instituto Armado indicaron que el lavado de prendas puede "degradar" el ADN, pero que si lo hace, "lo degrada todo, no sólo el de una persona y el de las otras no". Los agentes, además, explicaron que la cadena de custodia de todos las muestras remitidas a su departamento se preservaron correctamente.

En la vista de ayer también se supo que si la noche de los asesinatos alguien hubiera avisado, es probable que la niña hubiera recibido la asistencia médica precisa para salvar su vida antes de desangrarse. Así lo evidenciaron los tres forenses del Instituto de Medicina Legal de Huelva que participaron en el levantamiento de los cadáveres de la niña y de su padre. "Si la hubieran atendido antes de dos horas, que es el punto estimado de no retorno del shock hipovolémico, podría estar viva". No obstante, estimaron que el tiempo máximo de supervivencia de la menor, por la gran cantidad de puntos sangrantes que presentaba, pudo rondar los 30 minutos a lo sumo.

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