Regente y pretendiente se deslegitiman entre sí

  • Tablas. Griñán estuvo más convincente en sus réplicas que en el discurso inicial. Arenas criticó despilfarro y corrupción en un arranque fulgurante

LA cita de marzo marcó el debate de principio a fin. En especial, para los dos aspirantes al trono vacío de Chaves, que se vieron ayer las caras por última vez en un debate de política general. El regente Griñán estuvo bien en su hilvanado discurso inicial, aunque poco convincente. Las 27 medidas planteadas por el presidente tenían un claro sesgo electoral, con guiños a la izquierda. El pretendiente Arenas estuvo en su réplica más convincente, pero con un discurso menos hilvanado. Tanto, que fue él mismo quien nos explicó en su segunda intervención que había presentado 70 medidas.

Su rival descalificó el catálogo de medidas populares, como un índice sin contenido alguno. Esa relación de propuestas, en las que la austeridad ocupó un puesto relevante, también tenían una alta dosis de electoralismo. Formalmente fue un debate correcto, pero ambos se jugaban mucho a nueve meses de las autonómicas, y no dejaron pasar ocasión alguna para dejar en evidencia al otro. Fue Arenas el que empezó con el juego de la deslegitimación, con un recurso que ya ha utilizado alguna vez en los debates quincenales. Dijo, nos acusan de pensar que debemos heredar el poder, cuando usted tiene el poder porque lo ha heredado de Chaves. El virrey destronado fue también mencionado por Valderas, con la teoría de que si se anulan las pensiones especiales en la comunidad autónoma, al único que se le quitaba en realidad era al ex presidente. Hubo incluso un pasaje de su réplica en el que Valderas le dijo a Griñán "señor Chaves", en un acto fallido típicamente chavista.

La teoría de la deslegitimación la ha ido puliendo Arenas, que ya va por su enésima versión. En la de ayer había un elemento nuevo. Se refirió al desmentido de Griñán sobre un supuesto intento de dimisión. Le dijo, usted ha dicho que sólo dimitirá si el pueblo le retira la confianza, pero ¿qué confianza le ha dado el pueblo a usted, para tenérsela que retirar?, si no se ha presentado a las elecciones. Ante las protestas del graderío socialista, el jefe popular afinó el tiro: usted tiene la confianza legítima de este Parlamento, y el pueblo se la dará si se presenta como candidato a unas elecciones y las gana.

Griñán devolvió el golpe en su siguiente turno. Primero se defendió: a mí me eligió el pueblo porque ésta Cámara representa al pueblo. Ni siquiera tuve el voto del señor Chaves, porque ya no estaba aquí, insistió, ignorando olímpicamente que debe su nominación a la voluntad del ex presidente, cuyo fantasma estuvo muy presente en el debate, como puede verse. Pero Griñán no se quedó ahí. Le dijo, usted se ha pasado toda su vida impugnando la legitimidad de 30 años de gobiernos socialistas; ha llegado a hablar de que aquí había un régimen, de que aquí no se votaba con libertad, de que aquí no había voto maduro. Ahí el presidente sacó a pasear el orgullo por las ocho victorias socialistas. Y ensayó una broma que resultó un golpe bajo sobre el grado de conocimiento que Arenas tiene de Andalucía. Le reconoció que conocía bien la región y añadió que los andaluces le conocen bien a él. Para concluir que lo primero no es un problema, pero lo segundo sí.

El PSOE sigue trabajando con el esquema, que el 22 de mayo ha dejado antiguo, de que el pueblo andaluz nunca votaría mayoritariamente al PP y a Javier Arenas. Es un latiguillo del que no son capaces de prescindir. Griñán incluido. "Todos tenemos claro que usted quiere ganar, pero venda la piel del oso cuando lo haya cazado, sea prudente, sea humilde", dijo el regente al pretendiente en un momento determinado.

Estos intercambios de golpes fueron constantes. Ejemplo de Arenas: "Ha dicho usted que está seguro de que hará dentro de un año aquí su próximo discurso de investidura. Pues no estoy absolutamente seguro de que yo lo vaya a hacer, pero tengo serias dudas de que usted lo haga".

En la clasificación de propuestas por su número, el jefe izquierdista Valderas se quedó en 25, y su aportación al futuro es el enunciado subliminal de las condiciones para que en Andalucía no se dé una situación a la extremeña a partir de marzo. Obviamente Griñán y Valderas se trataron con la consideración propia de eventuales futuros coaligados, y su duelo no fue ni siquiera a primera sangre. Pero, por alguna razón, Griñán brilla de manera especial en sus debates contra Valderas.

El discurso inicial del presidente fue interrumpido 24 veces por sus diputados. Rara vez con entusiasmo. Más bien parecía que había la consigna de mostrarse cálidos. En total, según una medición propia, cada interrupción salió a una media de siete segundos. El discurso tuvo un sesgo izquierdista y reivindicativo, que se pone en evidencia con los aplausos. Sonaron cuando dijo, en plural, no estamos de acuerdo con la respuesta que Europa está dando a la crisis. Cuando reclamó créditos para atender las necesidades de las empresas, cuando ofreció 200 millones para construir o mejorar la red de centros educativos, cuando propuso un fondo reembolsable de 40 millones para atender la financiación del sector del olivar, cuando presumió de la implantación de empresas en los parques tecnológicos, cuando aludió al aumento de la población en el entorno de los parques naturales, cuando propuso que sea suficiente para saldar una hipoteca impagada la entrega de la casa, o cuando anunció la futura regularización de las viviendas irregulares que hay en Andalucía. Asunto este que roza el escándalo y pone en cuestión el rigor urbanístico de los últimos gobiernos de Chaves. Es lo que se llamaría una medida electoral químicamente pura.

Arenas, en su afán enciclopédico, estuvo menos estructurado, pero muy efectivo en su arranque fulgurante. Si Griñán fue de menos a más. Arenas fue de más a menos. Y no es fácil dar a alguno de los dos como ganador del debate. El jefe popular empezó negando toda credibilidad al discurso de su oponente. Mayormente, porque el paro ha pasado en cuatro años del 14 al 30% en la región. Dijo que la austeridad ha brillado por su ausencia. Que Griñán ha sido incapaz de acabar con un despilfarro, del que puso ejemplos: aumentó el gasto corriente y disminuyeron las inversiones. A esto respondió el presidente con precisión: sanidad y educación están metidas en el capítulo del gasto corriente.

Ambos hicieron protestas sobre su voluntad de diálogo y emitieron quejas sobre la poca disposición de su oponente. En particular, Arenas hizo hincapié en la necesidad de hacer lobby en Bruselas en defensa de los intereses de la agricultura andaluza. El jefe popular reprochó al socialista el "incendio" de la Administración Pública autonómica, sacó a pasear los eres y el fondo de reptiles y remató su faena con los tres pilares de su larga campaña hasta las elecciones: austeridad, regeneración y reforma.

La única amplia coincidencia de los dos fue un canto al esfuerzo de Córdoba para conseguir la capitalidad cultural europea en 2016 y una apuesta de futuro para la ciudad destronada. Griñán llegó a decir que hay que hacer a Córdoba la capital andaluza de la cultura. Pero no explicó cómo.

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