la cita fue en madrid

  • Reunión. Griñán, Chaves, Rubalcaba, Blanco, Zarrías, Velasco y Moreno, juntos alrededor de una mesa y durante más de tres horas, a rienda suelta: eso sí que fue una cumbre

EL interior de Alfredo Pérez Rubalcaba entraña tantos secretos como su propio ministerio, pero su naturaleza, y eso es seguro, es política. Según relató el jueves pasado el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, a Manuel Chaves el gusanilllo de la conciencia social se la inoculó un salesiano, aunque el ministro del Interior hace años que se transformó en una crisálida en trance de ser otra cosa. Rubalcaba, José Blanco y Manuel Chaves forman el núcleo político del Gobierno, una vez que la vicepresidenta De la Vega parece apartada de los asuntos de Estado. Blanco, ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, sabe disimular menos que Rubalcaba su dura esencia, y Chaves es un corredor de fondo, que sin brillos es capaz de llegar muy lejos. Es la institución somatizada en hombre. Agreguen al trío un cuarto mosquetero, hábil con la muñeca y capaz de sacarle 25 horas al día para esto de la política: Gaspar Zarrías, hoy secretario de Estado. Y colóquenlos juntos alrededor de una misma mesa, con el presidente andaluz y secretario general del PSOE, José Antonio Griñán; su persona de confianza en el partido, Rafael Velasco, y la consejera de Presidencia, Mar Moreno, otra incógnita en sí misma. Rubalcaba, Chaves, Blanco, Zarrías, Griñán, Velasco y Moreno almorzaron esta semana en Madrid, en la sede de un ministerio situado en la Castellana, para hablar de Gobierno a Gobierno y de partido a partido. Eso sí que debió de ser una cumbre y no la de los objetivos del milenio.

Se prolongó durante más de tres horas, y concluyó con la satisfacción de todas las partes. El asunto fue Andalucía, la posición electoral del PSOE en la comunidad y las relaciones entre el Gobierno y la Junta. Hacía tiempo que estos actores tenían pendiente una conversación libre y sincera, aunque en ésta Rubalcaba y Blanco pudieron ejercer de oficiantes por su menor vinculación con Andalucía, aunque el ministro del Interior es diputado por Cádiz y conoce ya las ruidosas tripas del partido en esta provincia. Un apunte: no estuvieron de oyentes.

Si hay algo que debió quedar claro es que Griñán es ahora el presidente de la Junta y el líder del partido en Andalucía, pero que también Chaves es un activo electoral. Igual de cierto que las demandas que desde la Junta se realizan al Gobierno central no son tan diferentes a las anteriores. ¿Recuerdan las negociaciones de Griñán, cuando era vicepresidente económico, y de Carmen Martínez Aguayo, con el equipo económico del Gobierno a cuentas de la financiación y de la deuda histórica, que acabaron en más de un desplante? ¿Y las desavenencias entre la consejera de Medio Ambiente, Fuensanta Coves, y la ministra Cristina Narbona sobre las transferencias del Guadalquivir y el traspaso de las fincas de Doñana? Un asunto que, por cierto, ha tenido su venganza de la mano de Costas, que se ha quedado con lo que en su día el Estado cedió a la Junta. Muchas susceptibilidades hay por aquí: el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, dijo ayer que si ZP no lo tenía claro, mejor que no se presentase. Eso sí que es un direte.

Pero la reunión no sólo trató de limar asperezas, ésa podía ser la salsa, la sustancia fue el plan de colaboración entre ambos ejecutivos y el partido para cambiar el curso de las encuestas electorales. Y un sólo apunte: la persona que más datos ha aportado a Zarrías en la negociación con el PNV para soslayar el problema de la Seguridad Social ha sido Pepe Griñán. Hablar, hablan. Y bastante.

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