El elefante no quiere regresar a la cacharrería

  • Griñán aparca los cambios de delegados de la Junta y elude otro enfrentamiento con el PSOE de Cádiz tras constatar que Cabaña sigue controlando el partido

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El elefante no quiere entrar otra vez en la cacharrería o, al menos, se lo está pensando muy mucho. Ya entró por primera vez hace menos de tres meses, cuando apenas enseñó la patita, y su choque con los cacharros causó tal estruendo que se escuchó incluso fuera de Andalucía.

Esta indefinición del elefante (José Antonio Griñán) es la causante de la calma chicha que se ha asentado en la cacharrería (el PSOE de Cádiz) y que tiene visos de que puede perdurar varios meses. De momento, la profunda renovación que algunos llevan tiempo vaticinando en el conjunto de los delegados provinciales de la Junta de Andalucía sigue sin producirse -el Consejo de Gobierno se limitó ayer a cubrir la vacante al frente de su Subdelegación en el Campo de Gibraltar- y parece cada vez más improbable que se vaya a acometer cuando quedan poco más de ocho meses para la celebración de las elecciones andaluzas.

Pero, ¿han firmado un armisticio Griñán y Cabaña? Digamos que la tregua como tal no se ha suscrito con luz y taquígrafos sino que ha consistido en un acuerdo mutuo de no agresión que tiene su origen en tres puntos claves: la necesidad de ambas partes de centrar todos sus esfuerzos en intentar evitar que el PP llegue el año que viene al Gobierno andaluz; la debilidad notoria de los dos líderes tras los malos resultados generales cosechados por el Partido Socialista en las pasadas municipales; y, de manera muy especial, la constatación de que Cabaña sigue teniendo el control absoluto en el PSOE gaditano, como pudo apreciarse en la Ejecutiva provincial y en el comité provincial celebrados en las últimas semanas.

En este último cónclave de los socialistas gaditanos, llevado a cabo en Chiclana, el secretario general del PSOE de Cádiz, Francisco González Cabaña, llegó a decir públicamente que acataría de buen grado cualquier relevo entre los delegados provinciales de la Junta, al entender que eso es competencia directa de Griñán. Y, aunque esta predisposición se mantiene, a nadie escapa que lo que rebelaría -y mucho- a la Ejecutiva provincial sería una limpieza de los delegados más afines a la dirección del partido en Cádiz, porque ello sería entendido como una afrenta a este órgano de dirección. Y eso, con total seguridad, no se va a producir. Ni mucho menos es descartable que en las próximas semanas desde San Telmo se impulse algún cambio puntual de delegado, pero el objetivo sería siempre dar un nuevo impulso a la acción de la Junta en el último tramo de la legislatura pero en ningún caso se buscaría dar una bofetada sin manos a Cabaña.

En cierto modo, a Griñán no se le olvida todo lo que sucedió en la provincia de Cádiz cuando optó a principios de abril por relevar a Gabriel Almagro como delegado del Gobierno andaluz (dimisión de Luis Pizarro, la marcha de todos sus colaboradores en la Consejería de Gobernación y el amago de dimisión del resto de delegados provinciales) y ni por asomo quiere que eso se repita con unas nuevas elecciones a la vuelta de la esquina. Y sabe además que Cabaña mantiene el control del partido y que en Cádiz no se repetirá lo sucedido en Almería, donde la dimisión de buena parte de los miembros de la Ejecutiva provincial forzaron a su secretario general a renunciar el cargo. Un error de estrategia del renovador José Luis Blanco al pedir una votación secreta en la Ejecutiva provincial que ganó Cabaña por goleada se convirtió, de manera inesperada, en la confirmación del poderío que, pese a la clara derrota electoral a manos del PP y la pérdida de la Diputación, aún mantiene quien es secretario provincial del PSOE desde hace diez años y medio.

Todo lo anteriormente expuesto conlleva igualmente que Cabaña tenga ya el camino despejado para convertirse dentro de tres semanas en el portavoz del Grupo Socialista en la Diputación de Cádiz. Sólo él ha levantado la mano para asumir estas funciones y lo lógico es pensar que ni Griñán defenderá otra alternativa, ni ninguno del resto de los diputados ya designados le plantará cara a su secretario provincial. La presencia en este futuro Grupo Socialista de Irene García y de Fernando López Gil hay que mirarla en clave de futuro, con ambos dirigentes bien situados pensando en los cambios que, con toda seguridad, vivirá este partido en la provincia cuando dentro de un año González Cabaña tenga que abandonar la secretaría general al cumplimentar sus tres mandatos en el cargo y cuando, posiblemente, el también alcalde de Benalup deje su escaño en la Diputación si, como se prevé, ocupa uno de los puestos de salida en las candidaturas con las que esta formación política concurrirá a las elecciones generales o andaluzas.

Este proceso de elaboración de las listas al Congreso, al Senado y al Parlamento andaluz -tradicionalmente muy complejo en el Partido Socialista- se atisba actualmente como el escollo en el que están llamados a chocar las diferentes sensibilidades que hoy conviven en el PSOE gaditano. No será hasta después del verano o incluso hasta bien entrado el último trimestre del año cuando se iniciarán los primeros movimientos para estar en los puestos de salida de estas candidaturas y nadie sabe si será la Ejecutiva provincial la que designará unilateralmente a los elegidos, si la dirección regional querrá supervisarlo o si, lo que parece más lógico, ambas partes buscarán el consenso.

Aunque nada se ha hablado al respecto, es un secreto a voces que la Ejecutiva provincial del PSOE es partidaria a día de hoy de prescindir, entre otros, de dirigentes históricos como Rafael Román y José Luis Blanco mientras que, por el contrario, ve lógico que Francisco Menacho, en su condición de consejero, ostente un puesto de privilegio en la lista a la Cámara andaluza. Pero todo dependerá de hasta dónde estén dispuestos a ceder Griñán por un lado y Cabaña por otro.

Pero todo puede complicarse aún más ante la evidencia de que Alfredo Pérez Rubalcaba no repetirá como cabeza de lista al Congreso por la provincia de Cádiz, ya que se da por hecho que elegirá la circunscripción de Madrid en su nueva condición de candidato a la Presidencia del Gobierno. Ello obligará a buscar un candidato de altura para este número uno, sin que se vislumbre a un dirigente que cuente con el beneplácito de todo el partido. La Ejecutiva provincial del PSOE, incluso, no vería con malos ojos las opciones de Manuel Chaves o de Luis Pizarro para este puesto, aunque ninguno de ellos ha aclarado aún su futuro y si desean seguir o no en política activa. Una alternativa sería la de la exministra de Igualdad, Bibina Aído, aunque su nombre parece reservado para el Parlamento andaluz.

Son esas elecciones, las autonómicas, las que tienen en vilo a los socialistas, que, después del batacazo del 22-M dan casi por perdido el Gobierno central aunque se han conjurado para evitar perder también la Junta de Andalucía. El resultado de esos comicios andaluces será sin duda la piedra angular sobre la que se sustentará el PSOE andaluz y gaditano a partir de mediados de 2012, ya que mantener o perder la Junta conllevará igualmente la continuidad o la renovación en la cúpula del partido tanto en el ámbito andaluz como provincial.

Con todo lo que hay en juego es lógico que el elefante se lo piense. De momento se ha quedado en el umbral de la cacharrería.

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