La recuperación del lince se afianza pese al aumento de la mortalidad

  • La población superará el medio millar de ejemplares a final de año, aunque crece el número de bajas por furtivismo y atropellos

Un lince puesto en libertad en la localidad portuguesa de Mertola, junto a la frontera con España. Un lince puesto en libertad en la localidad portuguesa de Mertola, junto a la frontera con España.

Un lince puesto en libertad en la localidad portuguesa de Mertola, junto a la frontera con España. / nuno veiga / efe

La vida en libertad implica la exposición a riesgos para cualquier especie animal, también para el lince ibérico, que poco a poco va incrementando su presencia en la Península Ibérica no sin sufrir bajas definitivas como consecuencia de atropellos, furtivismo o simplemente enfermedades.

En lo que va de año han muerto 39 linces, una cifra que supera ya la de todo 2016, si bien, según Miguel Ángel Simón, director del proyecto Life+Iberlince, esto "no pone en riesgo su recuperación en la Península Ibérica".

"La recuperación sigue con paso firme y se espera que este año la población continúe subiendo hasta superar los quinientos ejemplares frente a los 483 con los que se cerró 2016", señaló tras precisar que las pérdidas registradas en 2017 suponen un 8 % de la población total.

Por territorios, en Andalucía -que engloba Doñana-Aljaraje y Andújar-Cardeña (zonas históricas) y Guadalmellato (Córdoba) y Guarrizas (Jaén)-, se han registrado 27 muertes; en Mértola (Portugal) dos, las mismas que en Matachel (Badajoz), y ocho en Montes de Toledo (Castilla-La Mancha).

Simón reconoció que la cifra de muertes es "elevada" y remarcó que el atropello sigue siendo la principal causa, pues 21 animales han perdido la vida este año en carreteras y uno en una vía de tren, frente a los 15 que murieron atropellados el año pasado.

En Andalucía es donde se registra el mayor número de atropellos, con un total de trece, aunque es significativo el incremento producido en Castilla-La Mancha, donde se ha pasado de uno en 2016 a siete este año. La explicación es que en esta zona no había presencia de linces hasta 2014, cuando empezaron a realizarse las primeras sueltas.

A ello se suma que se trata de una zona -como sucede en Jaén o Doñana- en la que existen importantes infraestructuras viarias que también incrementan ese riesgo, lo que no sucede en Extremadura o Portugal, donde las carreteras próximas a las áreas de reintroducción son secundarias y con poco tráfico. Además, en Castilla La Mancha "no ha dado tiempo" a acometer actuaciones en carreteras para minimizar los atropellos, aunque ya se está trabajando en ello, como se ha hecho en Andalucía. El director de Iberlince consideró que el asunto de los atropellos hay que verlo "en el contexto de tiempo", ya que "los linces se mueven por densidad de conejo, su principal alimento, y si estos se encuentran en zonas próximas a carreteras el riesgo de que se produzcan atropellos va a ser mayor".

A esta causa de muerte le sigue el furtivismo, con cinco pérdidas -cuatro en Andalucía y uno en Portugal- por la acción de cazadores que actúan al margen de la ley.

El resto de fallecimientos se han debido a enfermedades (cuatro), fundamentalmente las relacionadas con la elevada edad de los animales; causas desconocidas (cinco) y accidentes en infraestructuras (dos). La cifra total de linces muertos este año se eleva aún más si se tienen en cuenta los que han perdido la vida en cautividad, como el caso de Hommer, que murió por estrés tras el desalojo forzado de las instalaciones de el centro de cría El Acebuche en junio de este año como consecuencia del incendio de Moguer.

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