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'Conspiranoicos' y preocupadas
'Conspiranoicos' y preocupadas
Una cata cualitativa sobre el estado de opinión de la ciudadanía ante la gripe A en varias provincias andaluzas revela diferencias de género en las actitudes · El apoyo a la vacunación masiva es del 18,5%
Alfonso Pedrosa / Sevilla | Actualizado 12.12.2009 - 05:04De la alarma a la atonía. La opinión pública en general y andaluza en particular ha oscilado entre esos dos extremos a la hora de valorar la percepción de la pandemia de gripe A. Ese movimiento pendular, peligroso en sus hipérboles, está condicionado por la incertidumbre que rodea a esta situación, inédita para los sistemas sanitarios modernos. Un análisis sociológico desarrollado por expertos del Departamento de Enfermería de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de Sevilla y de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) de Granada intenta arrojar luz sobre la cuestión y extraer información útil para las instituciones de gobernanza -básicamente, la Consejería de Salud- encargadas de la gestión de esta crisis en la comunidad.
Eugenia Gil, de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Sevilla, y Luis Andrés López, de la EASP, han realizado una especie de cata de emergencia sociológica que extrae opiniones ciudadanas sobre la nueva gripe entre los meses de agosto y octubre pasados. Su base muestral son 114 cuestionarios respondidos por personas de diferente perfil sociodemográfico, desde jóvenes estudiantes a mayores o parados, además de entrevistas y sesiones de trabajo de grupos triangulares entre los participantes en el estudio, realizado en Sevilla, Granada, Málaga y Almería.
Una de las percepciones más llamativas extraídas por los investigadores es la actitud en función del género. Los hombres, en general, tienden a adscribirse al discurso de la conspiración para explicar la crisis: son críticos con la alarma social generada y ven detrás de la incertidumbre en torno al virus A los intereses crematísticos de la industria farmacéutica y los intereses políticos de los gobiernos nacional y autonómico. En cambio, las mujeres se muestran, fundamentalmente, preocupadas por una enfermedad que consideran contagiosa y tienen una actitud reactiva ante los mensajes preventivos; piden información y están dispuestas a adoptar las medidas que se aconsejen.
Según los investigadores, esta dualidad tiene que ver con la vigencia de determinados roles de género con casi toda probabilidad; en cualquier caso, no era ésa la finalidad de la investigación, sino esbozar los perfiles de la sensibilidad social ante esta situación. De tal manera que eso ayudase a los gestores sanitarios a decidir por dónde debían ir las líneas maestras de la posición institucional en cuanto a los mensajes a lanzar a la población y a la toma de determinadas decisiones estratégicas: en pleno agosto, la pandemia corría el riesgo de convertirse en un incendio político atizado por la presión mediática estival. Pero la gente se acostumbró a los muertos y a la levedad general de los cuadros gripales y el otoño pilló al personal con pocas ganas de vacunarse. Los discursos críticos con las vacunas y la tradicional apatía de los sanitarios ante estas campañas llovían sobre mojado: sólo el 18,5% de los participantes en el estudio respaldaban a finales de octubre un programa de vacunación masiva; en agosto, apoyaban esa medida más del 60%.
Los autores de este documento de trabajo estiman que la situación de incertidumbre científica en torno a la letalidad y tasas de ataque del nuevo virus se alió con la incertidumbre social de la población. Y defienden que esa misma incertidumbre justifica, sin duda, medidas como la vacunación de los grupos de riesgo. Para ellos, en sintonía con el discurso adoptado últimamente por las autoridades sanitarias andaluzas, la gripe A es posible que sea leve, pero no es ninguna broma. Los investigadores creen que el hecho de que España sea, tras el Reino Unido, el país europeo con más defunciones a causa de la gripe, es un motivo para no frivolizar con este asunto. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, ya son 208 las muertes en España por el virus A. Muchas menos que las de cualquier temporada de gripe estacional. Pero, para los profesores Gil y López, asistir pasivamente a esas muertes es un lujo que un país desarrollado como España no se puede permitir. Máxime cuando, en estos momentos, la onda epidémica no ha terminado de pasar.
Eugenia Gil, de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Sevilla, y Luis Andrés López, de la EASP, han realizado una especie de cata de emergencia sociológica que extrae opiniones ciudadanas sobre la nueva gripe entre los meses de agosto y octubre pasados. Su base muestral son 114 cuestionarios respondidos por personas de diferente perfil sociodemográfico, desde jóvenes estudiantes a mayores o parados, además de entrevistas y sesiones de trabajo de grupos triangulares entre los participantes en el estudio, realizado en Sevilla, Granada, Málaga y Almería.
Una de las percepciones más llamativas extraídas por los investigadores es la actitud en función del género. Los hombres, en general, tienden a adscribirse al discurso de la conspiración para explicar la crisis: son críticos con la alarma social generada y ven detrás de la incertidumbre en torno al virus A los intereses crematísticos de la industria farmacéutica y los intereses políticos de los gobiernos nacional y autonómico. En cambio, las mujeres se muestran, fundamentalmente, preocupadas por una enfermedad que consideran contagiosa y tienen una actitud reactiva ante los mensajes preventivos; piden información y están dispuestas a adoptar las medidas que se aconsejen.
Según los investigadores, esta dualidad tiene que ver con la vigencia de determinados roles de género con casi toda probabilidad; en cualquier caso, no era ésa la finalidad de la investigación, sino esbozar los perfiles de la sensibilidad social ante esta situación. De tal manera que eso ayudase a los gestores sanitarios a decidir por dónde debían ir las líneas maestras de la posición institucional en cuanto a los mensajes a lanzar a la población y a la toma de determinadas decisiones estratégicas: en pleno agosto, la pandemia corría el riesgo de convertirse en un incendio político atizado por la presión mediática estival. Pero la gente se acostumbró a los muertos y a la levedad general de los cuadros gripales y el otoño pilló al personal con pocas ganas de vacunarse. Los discursos críticos con las vacunas y la tradicional apatía de los sanitarios ante estas campañas llovían sobre mojado: sólo el 18,5% de los participantes en el estudio respaldaban a finales de octubre un programa de vacunación masiva; en agosto, apoyaban esa medida más del 60%.
Los autores de este documento de trabajo estiman que la situación de incertidumbre científica en torno a la letalidad y tasas de ataque del nuevo virus se alió con la incertidumbre social de la población. Y defienden que esa misma incertidumbre justifica, sin duda, medidas como la vacunación de los grupos de riesgo. Para ellos, en sintonía con el discurso adoptado últimamente por las autoridades sanitarias andaluzas, la gripe A es posible que sea leve, pero no es ninguna broma. Los investigadores creen que el hecho de que España sea, tras el Reino Unido, el país europeo con más defunciones a causa de la gripe, es un motivo para no frivolizar con este asunto. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, ya son 208 las muertes en España por el virus A. Muchas menos que las de cualquier temporada de gripe estacional. Pero, para los profesores Gil y López, asistir pasivamente a esas muertes es un lujo que un país desarrollado como España no se puede permitir. Máxime cuando, en estos momentos, la onda epidémica no ha terminado de pasar.
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