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Bienvenidos a Segunda
granada cf | valladolid · la crónica
Bienvenidos a Segunda
Decepción El Valladolid asfixia al Granada CF y se lleva los puntos con un solitario gol en el primer tramo Sin ideas Pese a jugar ante diez durante media hora, los de Fabri se muestran espesos e inoperantes
Alejandro Morales / Granada | Actualizado 06.09.2010 - 05:02La categoría que ayer estrenó el Granada ante sus aficionados es puñetera y exige un esfuerzo extra de aclimatación para todos, empezando por los futbolistas. En esta tierra estamos acostumbrados a que el equipo rojiblanco gane más partidos de los que pierde en una temporada, por el hecho de haber sido tantos años cabeza de ratón en las cloacas de la Segunda B. Debemos ir pensando que el asunto esta campaña puede ser bien distinto. Y aprender a llevarlo. La Segunda es otra cosa y, aunque la aseveración podría valer para cualquier categoría, en la de plata los errores se pagan muy caros. A menudo, empezar abajo en el marcador es sinónimo de derrota ante equipos curtidos en mil batallas y con oficio para aburrir. El Valladolid fue el que dio primero y el que terminó llevándose los puntos en una tarde que salió al revés. Los pucelanos, claros candidatos al ascenso, fueron superiores, maniataron a los granadinos a base de disciplina y presión asfixiante, aprovecharon su oportunidad y, pese a jugar la última media hora con uno menos, supieron nadar y guardar la ropa sin agobios. Eso sí, contaron con la inestimable colaboración del desesperante árbitro manchego que ayer le tocó silbar en Los Cármenes. De haber pitado un claro penalti sobre Geijo en el 88', quizá la decepción habría sido sólo media.
El Granada no enseñó todo lo que lleva dentro, como sí hizo el miércoles en Albacete. A diferencia de aquella ocasión, cuando fue mortal al contragolpe y talentoso en la generación de opciones de gol, ayer abusó del patadón, apenas porfió por las bandas ni encontró con claridad nunca a su ariete, Geijo, al que secaron los dos centrales. Cuando probó suerte desde lejos, el equipo al completo tuvo la mirilla desenfocada, y a la hora de echarle arrestos y lanzarse a por el partido se bloqueó y erró en la elección de opciones. Quizá fueran los nervios del debut en casa, o la calidad de un rival que seguramente estará arriba, o el árbitro, que los sacó de quicio... El caso es que el aterrizaje en la categoría tras dos jornadas se parece más a lo que los pesimistas vaticinaron frente a los que pensaban que el ascenso a Primera era una opción real.
Sorprendió Fabri dejando a Orellana en el banquillo. El chileno compareció tras el descanso, después de la pésima primera mitad realizada por el equipo. También innovó el lucense situando -salvo los primeros minutos- a Calvo y Benítez a pierna cambiada, estrategia que no dio resultado. El madrileño fue el sustituto de Orellana en el once y estuvo gris. Se le notó con falta de ritmo y abusó del individualismo. Tampoco estuvo fino el centro del campo, superado por los pucelanos a base de presión. Así, el equipo rojiblanco optó las más de las veces por buscar en largo a Geijo, pero el hispano suizo tuvo que bregar con Arzo y Valiente, que lo aburrieron.
La iniciativa fue vallisoletana desde el principio. El balón apenas le duraba tiempo en su poder al Granada, que compareció agarrotado y muy espeso, sin que sus hombres se pudieran nunca quitar de encima la presión del rival. Tampoco ayudó el árbitro, que se cebó con los granadinos en el capítulo de faltas, especialmente al principio.
Fabri apostó por el 1-4-1-4-1, para cambiar al descanso con la entrada de Mikel Rico (Bergantiños) y Orellana -1-4-2-3-1- y terminar a tumba abierta, dejando sólo a tres defensas ante un Valladolid con diez.
Los castellanos dieron un primer susto antes de adelantarse, tras una bonita jugada entre Nauzet, Barragán y Calle, cuyo disparo fue desviado a córner por Roberto (13'). No se registraron acercamientos locales y el gol llegó como consecuencia lógica del dominio pucelano. La acción se generó en un saque de banda originado tras devolver el Granada el balón a su rival por un pucelano que hubo de ser atendido. Nauzet ofreció un gran pase de espaldas a Calle, que le ganó la partida a Lucena y se plantó delante de Roberto, al que batió con suficiencia.
Quedaba mucho por delante, pero el resto del primer tiempo fue tan infructuoso como el arranque. Únicamente se contabilizaron dos acciones de cierto peligro: errada la primera por Geijo, que se hizo un lío en el área tras un pase de Óscar (25'); y salvada la segunda por el portero, que envió a córner una falta directa botada por Benítez.
El mallorquín se quedó en la caseta al descanso, dolorido en el codo tras una mala caída, y tampoco compareció Bergantiños, suplido por un Mikel Rico que dio una gran sensación durante el segundo tiempo. En este periodo el equipo tuvo mucho más la pelota ante un Valladolid replegado y que se defendió con extraordinario orden. La aparición de Orellana ayudó, pero lo hizo más la salida de Collantes, que capitalizó por la derecha casi todos los intentos ofensivos. De su velocidad se derivaron varios centros a la zona de castigo, pero sólo uno rematado de cabeza por Orellana (61') generó peligro.
El paso de los minutos alimentó el estrés de los rojiblancos y la desesperación de una grada ansiosa por gritar el del empate. Se quedó con diez el Valladolid a falta de casi media hora, pero los de Antonio Gómez, lejos de desordenarse, redoblaron sus esfuerzos defensivos.
Llegó la polémica en la recta final con dos acciones muy protestadas, que podrían haber derivado en penalti. La primera fue una presunta mano de Marc Valiente ante una internada de Orellana (82'). La segunda, más clara, un claro derribo de Arzo sobre Geijo (a pase de Rico), que el colegiado dio la sensación de no querer ver (88'). Con Lucena colocado de 'Alexanco' y el equipo volcado, la precipitación pudo con las ganas de empatar y el partido murió inexorablemente. Un empate habría aliviado y posiblemente fue justo por el empuje del equipo. Pero sólo por eso.
El Granada no enseñó todo lo que lleva dentro, como sí hizo el miércoles en Albacete. A diferencia de aquella ocasión, cuando fue mortal al contragolpe y talentoso en la generación de opciones de gol, ayer abusó del patadón, apenas porfió por las bandas ni encontró con claridad nunca a su ariete, Geijo, al que secaron los dos centrales. Cuando probó suerte desde lejos, el equipo al completo tuvo la mirilla desenfocada, y a la hora de echarle arrestos y lanzarse a por el partido se bloqueó y erró en la elección de opciones. Quizá fueran los nervios del debut en casa, o la calidad de un rival que seguramente estará arriba, o el árbitro, que los sacó de quicio... El caso es que el aterrizaje en la categoría tras dos jornadas se parece más a lo que los pesimistas vaticinaron frente a los que pensaban que el ascenso a Primera era una opción real.
Sorprendió Fabri dejando a Orellana en el banquillo. El chileno compareció tras el descanso, después de la pésima primera mitad realizada por el equipo. También innovó el lucense situando -salvo los primeros minutos- a Calvo y Benítez a pierna cambiada, estrategia que no dio resultado. El madrileño fue el sustituto de Orellana en el once y estuvo gris. Se le notó con falta de ritmo y abusó del individualismo. Tampoco estuvo fino el centro del campo, superado por los pucelanos a base de presión. Así, el equipo rojiblanco optó las más de las veces por buscar en largo a Geijo, pero el hispano suizo tuvo que bregar con Arzo y Valiente, que lo aburrieron.
La iniciativa fue vallisoletana desde el principio. El balón apenas le duraba tiempo en su poder al Granada, que compareció agarrotado y muy espeso, sin que sus hombres se pudieran nunca quitar de encima la presión del rival. Tampoco ayudó el árbitro, que se cebó con los granadinos en el capítulo de faltas, especialmente al principio.
Fabri apostó por el 1-4-1-4-1, para cambiar al descanso con la entrada de Mikel Rico (Bergantiños) y Orellana -1-4-2-3-1- y terminar a tumba abierta, dejando sólo a tres defensas ante un Valladolid con diez.
Los castellanos dieron un primer susto antes de adelantarse, tras una bonita jugada entre Nauzet, Barragán y Calle, cuyo disparo fue desviado a córner por Roberto (13'). No se registraron acercamientos locales y el gol llegó como consecuencia lógica del dominio pucelano. La acción se generó en un saque de banda originado tras devolver el Granada el balón a su rival por un pucelano que hubo de ser atendido. Nauzet ofreció un gran pase de espaldas a Calle, que le ganó la partida a Lucena y se plantó delante de Roberto, al que batió con suficiencia.
Quedaba mucho por delante, pero el resto del primer tiempo fue tan infructuoso como el arranque. Únicamente se contabilizaron dos acciones de cierto peligro: errada la primera por Geijo, que se hizo un lío en el área tras un pase de Óscar (25'); y salvada la segunda por el portero, que envió a córner una falta directa botada por Benítez.
El mallorquín se quedó en la caseta al descanso, dolorido en el codo tras una mala caída, y tampoco compareció Bergantiños, suplido por un Mikel Rico que dio una gran sensación durante el segundo tiempo. En este periodo el equipo tuvo mucho más la pelota ante un Valladolid replegado y que se defendió con extraordinario orden. La aparición de Orellana ayudó, pero lo hizo más la salida de Collantes, que capitalizó por la derecha casi todos los intentos ofensivos. De su velocidad se derivaron varios centros a la zona de castigo, pero sólo uno rematado de cabeza por Orellana (61') generó peligro.
El paso de los minutos alimentó el estrés de los rojiblancos y la desesperación de una grada ansiosa por gritar el del empate. Se quedó con diez el Valladolid a falta de casi media hora, pero los de Antonio Gómez, lejos de desordenarse, redoblaron sus esfuerzos defensivos.
Llegó la polémica en la recta final con dos acciones muy protestadas, que podrían haber derivado en penalti. La primera fue una presunta mano de Marc Valiente ante una internada de Orellana (82'). La segunda, más clara, un claro derribo de Arzo sobre Geijo (a pase de Rico), que el colegiado dio la sensación de no querer ver (88'). Con Lucena colocado de 'Alexanco' y el equipo volcado, la precipitación pudo con las ganas de empatar y el partido murió inexorablemente. Un empate habría aliviado y posiblemente fue justo por el empuje del equipo. Pero sólo por eso.
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El 'efecto Abel' sigue en el conjunto granadaino y se impone en el duelo andaluz.Crónica: El estilo de la ambición (2-1).








