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Cuando un tipo te cambia un partido
Cuando un tipo te cambia un partido
Emaná mete en el choque al Betis cuando estaba muerto · Los de Fabri no pueden mantener el ritmo inicial
Alejandro Morales / Granada | Actualizado 09.09.2010 - 10:50En un partido se pueden ver muchos partidos. El Granada fue un ciclón en el primer tiempo, logró poner a su favor el marcador con claridad iniciado el segundo y sin embargo terminó sufriendo lo indecible y cediendo en la puñetera tanda de penaltis. Un partido, además, lo puede cambiar un solo hombre. O dos. Y eso hicieron en la segunda parte de ayer Emaná, sobre todo Emaná, y Rubén Castro.
Ritmazo con caducidad
El Granada imprimió un ritmo vertiginoso a sus acciones en el primer cuarto del choque, lo que le permitió capitalizar el dominio del balón y llegar mucho y con peligro a las inmediaciones del área, amén de poner el marcador a su favor. Para ello se valió de una presión asfixiante sobre la salida del balón de los béticos, tarea en la que colaboraron todos, empezando por Geijo y los medias puntas, con especial relevancia Dani Benítez, que le apretó todo lo que pudo a Isidoro. La presencia de Mikel Rico fue vital. El 14 no se despegó del otro 14, el más talentoso de los sevillanos, Salva Sevilla. Tal fue el dominio rojiblanco que en los primeros 20 minutos había llegado cinco veces al área, con 7 disparos, tres de ellos entre los palos y con varias intervenciones felices de Goitia. El Betis tardó 29 minutos en disparar desde lejos y desviado. Los números al descanso, pese a que a los veinte minutos se equilibró el choque y el Betis tuvo más la pelota, no dejaban dudas. El Betis no llegó ni una vez al área por ocho de los rojiblancos. Sin embargo, el Granada dejó escaparse vivo a su rival y no lo machacó cuando pudo.
La lucha del medio
Mel tardó muy poco en reaccionar ante el control del balón granadino y la superioridad en el centro del campo. En su idea inicial, el técnico situó a Cañas como único pivote, pero tras comprobar que su equipo no la olía, retrasó a Beñat a su lado, lo que hizo que el Betis perdiera potencial ofensivo. Salva Sevilla, el amo de la medular en el choque de ida, entró muy poco en juego y sin metros para pensar. Eso sí, suyos fueron todos los intentos por marcar antes del descanso, desde lejos y a balón parado.
¿Óscar para defender?
El golazo de Benítez con el que se abrió la segunda parte y la expulsión de Abel fue todo uno. Fabri reaccionó haciendo lo que se esperaba de él, prescindir del enganche para que alguien hiciera de Abel, dejar como un islote a Geijo y seguir con las mismas dos líneas de cuatro para defender. Pero no se entiende que eligiera a Óscar en lugar de a Granada, que tiene mucha más capacidad defensiva. Doctores tiene la iglesia y Fabri sabrá por qué lo hizo.
La luz bética vino de África
Mel había introducido antes a Emaná y Rubén Castro, lo que multiplicaba el peligro en el área, especialmente por el centro, como se demostraría al cuarto de hora con el tanto del camerunés. Por cierto, la efectividad verdiblanca fue máxima, pues logró el 2-1 en su primer tiro entre los palos de la segunda parte (y segundo de todo el partido) y el empate, en el siguiente. La presencia del africano en el campo fue fundamental para que hubiera prórroga. Hizo lo que quiso con el balón en los pies.
Sobreesfuerzo
Visto lo visto, la prórroga fue un mal menor. A ella llegó desfondado el equipo, que consiguió la machada de alcanzar los penaltis ante el incesante dominio bético. Y en la suerte suprema, la más injusta de las suertes futbolísticas, la moneda salió cruz. Ahora lo que hace falta es que el esfuerzo de ayer no termine pasando factura.
Ritmazo con caducidad
El Granada imprimió un ritmo vertiginoso a sus acciones en el primer cuarto del choque, lo que le permitió capitalizar el dominio del balón y llegar mucho y con peligro a las inmediaciones del área, amén de poner el marcador a su favor. Para ello se valió de una presión asfixiante sobre la salida del balón de los béticos, tarea en la que colaboraron todos, empezando por Geijo y los medias puntas, con especial relevancia Dani Benítez, que le apretó todo lo que pudo a Isidoro. La presencia de Mikel Rico fue vital. El 14 no se despegó del otro 14, el más talentoso de los sevillanos, Salva Sevilla. Tal fue el dominio rojiblanco que en los primeros 20 minutos había llegado cinco veces al área, con 7 disparos, tres de ellos entre los palos y con varias intervenciones felices de Goitia. El Betis tardó 29 minutos en disparar desde lejos y desviado. Los números al descanso, pese a que a los veinte minutos se equilibró el choque y el Betis tuvo más la pelota, no dejaban dudas. El Betis no llegó ni una vez al área por ocho de los rojiblancos. Sin embargo, el Granada dejó escaparse vivo a su rival y no lo machacó cuando pudo.
La lucha del medio
Mel tardó muy poco en reaccionar ante el control del balón granadino y la superioridad en el centro del campo. En su idea inicial, el técnico situó a Cañas como único pivote, pero tras comprobar que su equipo no la olía, retrasó a Beñat a su lado, lo que hizo que el Betis perdiera potencial ofensivo. Salva Sevilla, el amo de la medular en el choque de ida, entró muy poco en juego y sin metros para pensar. Eso sí, suyos fueron todos los intentos por marcar antes del descanso, desde lejos y a balón parado.
¿Óscar para defender?
El golazo de Benítez con el que se abrió la segunda parte y la expulsión de Abel fue todo uno. Fabri reaccionó haciendo lo que se esperaba de él, prescindir del enganche para que alguien hiciera de Abel, dejar como un islote a Geijo y seguir con las mismas dos líneas de cuatro para defender. Pero no se entiende que eligiera a Óscar en lugar de a Granada, que tiene mucha más capacidad defensiva. Doctores tiene la iglesia y Fabri sabrá por qué lo hizo.
La luz bética vino de África
Mel había introducido antes a Emaná y Rubén Castro, lo que multiplicaba el peligro en el área, especialmente por el centro, como se demostraría al cuarto de hora con el tanto del camerunés. Por cierto, la efectividad verdiblanca fue máxima, pues logró el 2-1 en su primer tiro entre los palos de la segunda parte (y segundo de todo el partido) y el empate, en el siguiente. La presencia del africano en el campo fue fundamental para que hubiera prórroga. Hizo lo que quiso con el balón en los pies.
Sobreesfuerzo
Visto lo visto, la prórroga fue un mal menor. A ella llegó desfondado el equipo, que consiguió la machada de alcanzar los penaltis ante el incesante dominio bético. Y en la suerte suprema, la más injusta de las suertes futbolísticas, la moneda salió cruz. Ahora lo que hace falta es que el esfuerzo de ayer no termine pasando factura.
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Los rojiblancos hacen un partido muy serio, apenas pasan por situaciones de apuro y a la contra disponen de oportunidades para adelantarse. Falcao es del Granada (1-0).







