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Entre sor Maravillas y Miquel Barceló
Entre sor Maravillas y Miquel Barceló
Jorge Bezares | Actualizado 20.11.2008 - 05:05LA sesión de control al Gobierno, con la reaparición de los dos primeros espadas después de varias semanas sin medir sus fuerzas, se jugó en la prórroga. La polémica sobre la placa del Congreso en la antigua casa natal de sor Maravillas eclipsó el regreso de los combates dialécticos entre Zapatero y Rajoy.
Bono, que en la previa pecó de palabra, amaneció con los propios (sic) enterados y rebelados, dispuestos a convertir el hemiciclo en el HMS Bounty después de su escapismo a micrófono abierto. Pero el manchego, que no tiene ni un pelo de tonto, se dejó aconsejar por Chunda, un conquense con alma de Sancho que tiene por jefe de prensa, y, en vez de arremeter contra los molinos de viento, se bajó muy delicadamente los pantalones. Entonces, convocó la Mesa del Congreso para retirar con carácter urgencia la placa con el apoyo de todos los partidos políticos.
El promotor de la propuesta que hizo suya Bono, el diputado del PP Jorge Fernández Díaz, destacado miembro del Opus Dei, encajó la derrota cuando el presidente de las Cortes, haciendo de tripas corazón, explicó que no había placa por "falta de consenso". En el PP más marianista, en cualquier caso, se ha vivido el asunto, aunque resulte algo contradictorio, con el toque laico que le ha dado Soraya Sáenz de Santamaría, quien, en este caso, se ha dejado llevar quizás más por el parecido de sor Maravillas, "a lo mejor", con su antecesor que por el giro al centro en el que está embarcado el PP.
En el combate de la sesión de control, Zapatero y Rajoy dieron en la báscula dialéctica pesajes de supermosca. El perfil bajo de ambos no dio para mucho. ZP volvió a internacionalizar la crisis y anunció medidas europeas para diciembre, y el gallego insistió en que el Presupuesto no vale y tiró de chascarrillos: "Usted practica la política de aquí te pillo, aquí te mato".
Soraya Sáenz de Santamaría y María Teresa Fernández de la Vega se vieron de nuevo las caras. La portavoz del Grupo Popular le atizó con malos datos sobre la situación de las mujeres, los jóvenes y las familias, y la vicepresidenta buscó refugio en las comunidades autónomas del PP más pintorescas en educación y sanidad.
Pero con todo, lo mejor de la sesión fueron los debates de Solbes con Arias Cañete y de Gonzalo Robles con Moratinos, con la cúpula de la sala 20 del edificio de Naciones Unidas en Ginebra, obra del pintor español Miquel Barceló previo pago de 18 millones de euros. En el primero, el vicepresidente económico se ciñó a la pregunta de sujeto, verbo y predicado que el diputado jerezano del PP le planteó sobre la austeridad del Gobierno en el gasto, y eludió el vendaval de oposición cañera que le espetó Arias Cañete sobre la cúpula.
Pero los mejores momentos se produjeron cuando Moratinos y Robles entraron en el cuerpo a cuerpo sobre la cúpula de Barceló. Lo que era "un proyecto de país" para el Gobierno, para el PP era "detraer fondos de la ayuda al desarrollo para financiar un proyecto ilegal, inmoral y bochornoso". A nadie se le escapa que la cúpula de Barceló tiene mucho que ver con la Cumbre de Washington, que escuece, y con la costumbre del PP de intentar reprobar a un ministro por Navidad.
Bono, que en la previa pecó de palabra, amaneció con los propios (sic) enterados y rebelados, dispuestos a convertir el hemiciclo en el HMS Bounty después de su escapismo a micrófono abierto. Pero el manchego, que no tiene ni un pelo de tonto, se dejó aconsejar por Chunda, un conquense con alma de Sancho que tiene por jefe de prensa, y, en vez de arremeter contra los molinos de viento, se bajó muy delicadamente los pantalones. Entonces, convocó la Mesa del Congreso para retirar con carácter urgencia la placa con el apoyo de todos los partidos políticos.
El promotor de la propuesta que hizo suya Bono, el diputado del PP Jorge Fernández Díaz, destacado miembro del Opus Dei, encajó la derrota cuando el presidente de las Cortes, haciendo de tripas corazón, explicó que no había placa por "falta de consenso". En el PP más marianista, en cualquier caso, se ha vivido el asunto, aunque resulte algo contradictorio, con el toque laico que le ha dado Soraya Sáenz de Santamaría, quien, en este caso, se ha dejado llevar quizás más por el parecido de sor Maravillas, "a lo mejor", con su antecesor que por el giro al centro en el que está embarcado el PP.
En el combate de la sesión de control, Zapatero y Rajoy dieron en la báscula dialéctica pesajes de supermosca. El perfil bajo de ambos no dio para mucho. ZP volvió a internacionalizar la crisis y anunció medidas europeas para diciembre, y el gallego insistió en que el Presupuesto no vale y tiró de chascarrillos: "Usted practica la política de aquí te pillo, aquí te mato".
Soraya Sáenz de Santamaría y María Teresa Fernández de la Vega se vieron de nuevo las caras. La portavoz del Grupo Popular le atizó con malos datos sobre la situación de las mujeres, los jóvenes y las familias, y la vicepresidenta buscó refugio en las comunidades autónomas del PP más pintorescas en educación y sanidad.
Pero con todo, lo mejor de la sesión fueron los debates de Solbes con Arias Cañete y de Gonzalo Robles con Moratinos, con la cúpula de la sala 20 del edificio de Naciones Unidas en Ginebra, obra del pintor español Miquel Barceló previo pago de 18 millones de euros. En el primero, el vicepresidente económico se ciñó a la pregunta de sujeto, verbo y predicado que el diputado jerezano del PP le planteó sobre la austeridad del Gobierno en el gasto, y eludió el vendaval de oposición cañera que le espetó Arias Cañete sobre la cúpula.
Pero los mejores momentos se produjeron cuando Moratinos y Robles entraron en el cuerpo a cuerpo sobre la cúpula de Barceló. Lo que era "un proyecto de país" para el Gobierno, para el PP era "detraer fondos de la ayuda al desarrollo para financiar un proyecto ilegal, inmoral y bochornoso". A nadie se le escapa que la cúpula de Barceló tiene mucho que ver con la Cumbre de Washington, que escuece, y con la costumbre del PP de intentar reprobar a un ministro por Navidad.





En realidad es mejor que la ciudadana MAravillas no esté con su placa en lo que fue el solar de su casa. De esta manera no tendrá qiue convivir con los sucesores de los partidos que la persiguieron y asesinaron a muchos españoles. Si hubiese musulamana habrían perdido el culo por poner la placa. En la laíca Francia la hubieran puesto.
Yo viajo por todo el mundo y nunca he visto más acciones de la Agencia Española de Colaboración, como ahora, en Centroamérica, en Jordania, en Marruecos, tiempo atrás España no estaba en ningún sitio y ahora se permiten estos señores del PP a criticar, cuando no han hecho absolutamente nada de nada. Vacunas pide el Gonzalo Robles, y mi paisano Arias Cañete "manteca colorá" porque el pobre no dá para más.
Pues menuda insustancia de artículo. . .