cámara baja La aritmética parlamentaria proporciona al PSOE constantes quebraderos de cabeza

Los difíciles equilibrios de Zapatero

La falta de apoyos seguros, evidenciada en las votaciones de la semana pasada en el Congreso, ha colocado al presidente en una complicada situación: sus proyectos se ven amenazados y su liderazgo afectado

Javier Saugar / Sevilla | Actualizado 29.06.2009 - 18:41
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Zapatero sonriente, De la Vega y Salgado, el pasado jueves en el Congreso antes del debate sobre el techo del gasto presupuestario.

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Investido hace un año sin apoyos estables y reacio luego a renovar el pacto de la legislatura anterior con sus antiguos socios de ERC e IU, José Luis Rodríguez Zapatero lo fió todo a las alianzas puntuales para sacar adelante sus proyectos, convencido de la posición de fuerza que le daba el mayor respaldo cosechado en las urnas al obtener más votos y escaños que en las anteriores elecciones: los 169 diputados actuales frente a los 164 conseguidos en 2004.

"Los españoles nos renovaron su confianza incrementando su apoyo en las urnas, lo que explica que deliberadamente el Gobierno haya renunciado a un pacto estable de legislatura y que haya comprometido ante los ciudadanos objetivos que requieren de mayorías que la dirección del PSOE intenta asegurar semana a semana", cuenta un dirigente socialista sobre la estrategia de las alianzas.

Tachados desde el primer momento IU y ERC, los pactos en Cataluña y el posterior cambio de gobierno en el País Vasco descartaron paulatinamente a CiU y PNV como aliados fijos, disparando la incertidumbre en el Congreso.

Con el tiempo, la jugada puede haberle salido mal a Zapatero. Sujeto a esta "geometría variable", cada nueva votación en el Congreso de los Diputados evidencia con más claridad su debilidad parlamentaria. La soledad "deliberada" en la Cámara Baja se hace cada vez más patente, y sólo ha transcurrido un año de la segunda legislatura del leonés.

En algunas votaciones el PSOE sólo necesita sumar un voto más a favor que en contra, con lo que las abstenciones juegan un papel determinante. En otros casos, como cuando el Senado rechaza las votaciones y las devuelve al Congreso, el PSOE necesita de la mayoría absoluta (176 diputados) para levantar el veto de la Cámara Alta. Eso significa que sólo con nueve votos Zapatero se aseguraría una legislatura en calma, y aquí es donde aparecen el resto de los grupos y sus reivindicaciones.

Una muestra de la incierta situación parlamentaria del PSOE se produjo el pasado jueves en la votación del techo del gasto presupuestario, cuando CiU se abstuvo. Al PSOE le valía una mayoría simple para salvar el plan de gasto del Gobierno para 2010, y la abstención de los catalanes lo hizo posible. A cambio, el PSOE tuvo que renunciar 48 horas antes a una reforma fiscal, con una subida de impuestos a las rentas más altas incluida, pactada con IU y rechazada por CiU. Como el apoyo de CiU resultaba crucial en la votación del jueves, el PSOE accedió a las pretensiones de los convergentes y dio marcha atrás a la reforma acordada con IU.

La aritmética parlamentaria ha generado en Zapatero una enorme dependencia del resto de grupos. La falta de apoyos seguros le ha complicado la situación, sus proyectos se ven amenazados y su imagen de firmeza y seguridad afectada. La crisis ha agravado aún más este escenario. "Sabemos que es difícil (asegurar los apoyos), y que esta dificultad se ha visto agravada por la crisis", admite a este diario el mismo dirigente socialista.

Esa dependencia parlamentaria ha tenido dos consecuencias: las críticas internas al negociador del PSOE en el Congreso, el portavoz José Antonio Alonso, y el envalentonamiento de los grupos, crecidos en sus demandas porque saben que el Gobierno tiene que hacer concesiones a cambio de un respaldo que tarde o temprano resulta indispensable. Al PSOE le aguardan tres años extenuantes por delante, de intensas negociaciones a contrarreloj, con la amenaza del inmovilismo de las reformas presente.

En la bancada contraria, el PP parece haberse reforzado, capaz ahora de pactar con cualquier grupo. Lejos queda ya la pasada legislatura, en la que era frecuente ver a los populares quedándose solos en todas las votaciones, perdiendo siempre. El pasado jueves votó con ERC, al que hasta hace muy poco demonizaba. La IX legislatura ha abierto paso a pactos antes impensables, diálogos transversales y resultados imprevisibles.
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