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La educación, no al servicio de la empresa
La educación, no al servicio de la empresa
Ariane Arons-Adán / Responsable De Acción Sindical De Ustea-Granada | Actualizado 08.11.2011 - 01:00EN las escuelas estamos de nuevo reflexionando sobre el Plan de Calidad. Desde 2008, los debates acerca de la educación se han centrado en este punto dejando al margen la legislación en la que se enmarca este Plan, me refiero a la LOE, la LEA, y a sus últimos retoños: los Reglamentos Orgánicos de Centros.
Al leerlos, una acaba preguntándose por la pertinencia de los Planes de Calidad, ya que estas normativas generalizan el Plan de Calidad pero sin su incentivo económico. Entonces desde Ustea nos preguntamos ¿para qué los planes de calidad? Quizás para que sigamos discutiendo sobre el árbol que esconde el bosque en lugar de preguntarnos por el papel de la escuela pública, por el papel del docente o por la suerte de nuestro alumnado en la "sociedad del conocimiento", aspectos todos que van definiendo tanto la Junta como la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa y la Unión Europea.
En sus textos, la evaluación funciona como caballo de Troya. Estamos acostumbrados a escuchar que "el profesor tiene que rendir cuentas", que "no puede hacer lo que quiera en su clase", que "es necesario homogeneizar las metodologías del profesorado". Después de años de desprestigio del profesorado, estas opiniones se reciben como sencillas evidencias.
Sin embargo, de hecho, nadie conoce el contenido de estas evaluaciones. Lógicamente para Ustea, una evaluación de calidad debería evaluar el material que el profesorado elabora, las investigaciones que realiza para profundizar en un tema o el tipo de corrección que el docente aporta en trabajos y exámenes, como consejos, explicaciones o valoraciones positivas para animar. Tendría en cuenta los intercambios de experiencia en los equipos docentes o en las reuniones de tutores, los debates y reflexiones en los claustros. Recordaría el nivel socio-cultural del barrio o pueblo, las consecuencias de la crisis en las familias de su escuela o instituto, la presencia de una buena biblioteca o no, las ratios en el aula. Pero no, nada de eso: nos hablan de porcentaje de alumnado aprobado o no, de alumnado con idoneidad de edad o no; de familias satisfechas o no como si fueran clientes y la educación un objeto de consumo; de convivencia en término porcentaje. Se rellenan encuestas, se impone una pedagogía del rendimiento, del resultado académico y del éxito sin contemplar al alumnado como persona sino como usuario. El profesorado se evalúa él mismo a través de sus aprobados, cuántos más, mejor, para él y su establecimiento, en fin, ¡qué calidad! Además, todo eso es un tiempo de trabajo que se quita al verdadero trabajo del profesorado.
Pero eso no es todo, estas evaluaciones configuran un modelo de "nuevo" docente. Según la Agencia, la competencia profesional del docente se define por su "liderazgo; planificación; gestión de recursos; gestión de ambientes de aprendizaje... El docente se transforma en un "manager" capaz además de utilizar las nuevas tecnologías, de hablar inglés, y de evaluarse como garantía de calidad, unas competencias que encajan perfectamente con las necesidades de las grandes empresas.
Detrás de estas evaluaciones está la voluntad de homogeneizar el trabajo del profesorado y de crear una competición entre los centros públicos para adecuarlos al mundo empresarial. Por desgracia, actualmente, las grandes empresas no necesitan un alumnado concienciado, crítico, muy bien preparado, enamorado de las ciencias, las artes, libros, deportes, idiomas, sino un futuro trabajador con formación muy básica, acrítico, atiborrado de los programas basura de la televisión, que chapurree inglés y sepa navegar por Internet.
En Ustea denunciamos que ésta es la sociedad del conocimiento que se está gestionando dentro de los centros educativos. Como comprenderéis, no es con dinero que nos callarán a quienes estamos viendo degradarse la escuela pública bajo el yugo de la gestión empresarial.
Al leerlos, una acaba preguntándose por la pertinencia de los Planes de Calidad, ya que estas normativas generalizan el Plan de Calidad pero sin su incentivo económico. Entonces desde Ustea nos preguntamos ¿para qué los planes de calidad? Quizás para que sigamos discutiendo sobre el árbol que esconde el bosque en lugar de preguntarnos por el papel de la escuela pública, por el papel del docente o por la suerte de nuestro alumnado en la "sociedad del conocimiento", aspectos todos que van definiendo tanto la Junta como la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa y la Unión Europea.
En sus textos, la evaluación funciona como caballo de Troya. Estamos acostumbrados a escuchar que "el profesor tiene que rendir cuentas", que "no puede hacer lo que quiera en su clase", que "es necesario homogeneizar las metodologías del profesorado". Después de años de desprestigio del profesorado, estas opiniones se reciben como sencillas evidencias.
Sin embargo, de hecho, nadie conoce el contenido de estas evaluaciones. Lógicamente para Ustea, una evaluación de calidad debería evaluar el material que el profesorado elabora, las investigaciones que realiza para profundizar en un tema o el tipo de corrección que el docente aporta en trabajos y exámenes, como consejos, explicaciones o valoraciones positivas para animar. Tendría en cuenta los intercambios de experiencia en los equipos docentes o en las reuniones de tutores, los debates y reflexiones en los claustros. Recordaría el nivel socio-cultural del barrio o pueblo, las consecuencias de la crisis en las familias de su escuela o instituto, la presencia de una buena biblioteca o no, las ratios en el aula. Pero no, nada de eso: nos hablan de porcentaje de alumnado aprobado o no, de alumnado con idoneidad de edad o no; de familias satisfechas o no como si fueran clientes y la educación un objeto de consumo; de convivencia en término porcentaje. Se rellenan encuestas, se impone una pedagogía del rendimiento, del resultado académico y del éxito sin contemplar al alumnado como persona sino como usuario. El profesorado se evalúa él mismo a través de sus aprobados, cuántos más, mejor, para él y su establecimiento, en fin, ¡qué calidad! Además, todo eso es un tiempo de trabajo que se quita al verdadero trabajo del profesorado.
Pero eso no es todo, estas evaluaciones configuran un modelo de "nuevo" docente. Según la Agencia, la competencia profesional del docente se define por su "liderazgo; planificación; gestión de recursos; gestión de ambientes de aprendizaje... El docente se transforma en un "manager" capaz además de utilizar las nuevas tecnologías, de hablar inglés, y de evaluarse como garantía de calidad, unas competencias que encajan perfectamente con las necesidades de las grandes empresas.
Detrás de estas evaluaciones está la voluntad de homogeneizar el trabajo del profesorado y de crear una competición entre los centros públicos para adecuarlos al mundo empresarial. Por desgracia, actualmente, las grandes empresas no necesitan un alumnado concienciado, crítico, muy bien preparado, enamorado de las ciencias, las artes, libros, deportes, idiomas, sino un futuro trabajador con formación muy básica, acrítico, atiborrado de los programas basura de la televisión, que chapurree inglés y sepa navegar por Internet.
En Ustea denunciamos que ésta es la sociedad del conocimiento que se está gestionando dentro de los centros educativos. Como comprenderéis, no es con dinero que nos callarán a quienes estamos viendo degradarse la escuela pública bajo el yugo de la gestión empresarial.
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