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Granada 'on the rocks'
Ola de frío Máximas de 4,3 grados y mínimas de -3,2
Granada 'on the rocks'
La capital no llegó a superar ayer los cinco grados centígrados, aunque la sensación térmica fue bastante más baja · Para hoy se ha activado la alerta naranja en las comarcas de Baza y Guadix
D. Ballesteros / Granada | Actualizado 04.02.2012 - 01:00La sensación térmica es una variable que, en teoría, señala que aunque el termómetro marque una cosa, el cuerpo siente otra. Depende de alguna serie de circunstancias que pueden cambiar, como la humedad y el viento. O de dónde proceda el segundo. Porque hace unos días, un señor siberiano decidió en su tundra que tenía frío para compartir con el resto de Europa, abrió las compuertas y la rasca comenzó a bajar latitudes buscando el sur, como las bandadas de pájaros que emigran. Ese viento, que lleva causando estragos media semana en el viejo continente, llegó ayer por tierras granadinas y, por anunciado, no fue menos impactante para Granada. Porque esa sensación térmica podría definirse también como los chorros de sudor que recorren la espalda en verano y, en sentido inverso, como ayer, sería el escalofrío que nace de los riñones, va camino de la nuca y eriza toda la piel a su paso.
Los termómetros no llegaron ayer a subir de los cinco grados. Según la Agencia Estatal de Meteorología, Aemet, el momento más cálido del día fue sobre las 17:00 horas, cuando en la estación que los meteorólogos tienen en Cartuja se llegaron a los 4,8 grados centígrados. Esa fue la máxima de todo el día y desde ese momento, el contador comenzó a caer hasta que pasó de nuevo a números negativos en el momento en el que se fue el sol. Pero eso es lo que decían los termómetros. La cara de la gente era otra cosa. O, más bien, lo poco que podía distinguirse de las caras de la gente, porque ayer fue el día de los embozados. Hubiera sido fácil cruzarse con un conocido -o dos- y no reconocerlo. Gorros de lana, bufandas, calienta cuellos, abrigos subidos hasta las orejas... toda la impedimenta posible para que esa brisita criminal que de vez en cuando barría las calles no cortase demasiado en las zonas expuestas. A la mayoría de los viandantes sólo se le acertaba a distinguir los ojos por esa imposibilidad manifiesta del ser humano de poder ver a través de los objetos opacos y que permitiría abrigar las cejas.
Un paseo por la ciudad permitía ver los estragos del frío en la geografía íntima de Granada. Plaza Nueva como epicentro del glacial. La fuente que luce el céntrico espacio estaba congelado, para mayor regocijo de los viandantes y turistas que paraban a hacerse fotos y a comprobar, metiendo un dedo incauto que retiraban segundos después, si realmente lo que estaban viendo era hielo. Igual reacción provocaba la Fuente de las Batallas que, a pesar de estar al sol, tenía una densa capa de hielo. No pocas personas tiraban piedrecillas, otros fragmentos de agua helada o lo que pudieran para, en primer lugar, comprobar el estado de congelación del vaso y, por otro lado, hacerse la oportuna fotografía.
Los que podían se resguardaban al sol que sí lució ayer, aunque con escasa fortuna. El consuelo duraba lo que tardaba de nuevo en hacer de las suyas el frío siberiano, que hacía tiritar tanto en el tendido de sol como en el de sombra. No había forma de ver la faena desde la barrera y los que se aventuraban a salir a la calle -no muchos, la mayoría por necesidad- luchaban contra las ganas de darse la vuelta y regresar a la mesa camilla y la calefacción.
Todo eso ocurría mientras el termómetro no subía de los cero grados, como ocurrió durante gran parte de la mañana. Volviendo a las temperaturas oficiales, en Granada esa cota no se superó hasta bien entrado el día, a las 12:00 horas, cuando se llegó a los 1,4 grados. Pero andando por la ciudad, el pellejo marcaba una temperatura diferente. Una muchacha integrada en un grupo de jóvenes que bajaba por la calle Silencio, ayer sinónimo de ártico, se lamentaba de la imprudencia de no haberse cubierto las manos. Enrojecidas y entumecidas por el frío, se lamentaba ante sus amigas, mientras intentaba protegerlas en los bolsillo de su abrigo. Y entre los que sí habían sido previsores y se habían equipado con sentido común se daba un curioso gesto que debe compensar la pérdida de calor corporal por el pescuezo: muchos se apretaban los cuellos de los abrigos con sus propias manos en un intento por mitigar ese frío con mayúsculas que no cesará en los próximos días y que, incluso, amenaza con recrudecerse.
Porque la Aemet activó desde la medianoche de ayer la alerta naranja en la zona de Guadix y Baza por temperaturas mínimas que podían alcanzar los -8 grados. Un nivel menos de aviso, el amarillo, se establecía para la zona de la cuenca del Genil, Nevada y Alpujarra. Básicamente, todas las comarcas de Granada salvo la Costa amanecen hoy en alerta por temperaturas mínimas de órdago.
Tampoco es que la comarca conocida ayer como Tropical fuese un ejemplo de alegría en los termómetros. Los habitantes de esa zona de Granada están acostumbrados a unos 18 agradables grados, aunque ayer tuvieron que conformarse con 9. Aunque, visto lo visto, podían darse por satisfechos.
Los termómetros no llegaron ayer a subir de los cinco grados. Según la Agencia Estatal de Meteorología, Aemet, el momento más cálido del día fue sobre las 17:00 horas, cuando en la estación que los meteorólogos tienen en Cartuja se llegaron a los 4,8 grados centígrados. Esa fue la máxima de todo el día y desde ese momento, el contador comenzó a caer hasta que pasó de nuevo a números negativos en el momento en el que se fue el sol. Pero eso es lo que decían los termómetros. La cara de la gente era otra cosa. O, más bien, lo poco que podía distinguirse de las caras de la gente, porque ayer fue el día de los embozados. Hubiera sido fácil cruzarse con un conocido -o dos- y no reconocerlo. Gorros de lana, bufandas, calienta cuellos, abrigos subidos hasta las orejas... toda la impedimenta posible para que esa brisita criminal que de vez en cuando barría las calles no cortase demasiado en las zonas expuestas. A la mayoría de los viandantes sólo se le acertaba a distinguir los ojos por esa imposibilidad manifiesta del ser humano de poder ver a través de los objetos opacos y que permitiría abrigar las cejas.
Un paseo por la ciudad permitía ver los estragos del frío en la geografía íntima de Granada. Plaza Nueva como epicentro del glacial. La fuente que luce el céntrico espacio estaba congelado, para mayor regocijo de los viandantes y turistas que paraban a hacerse fotos y a comprobar, metiendo un dedo incauto que retiraban segundos después, si realmente lo que estaban viendo era hielo. Igual reacción provocaba la Fuente de las Batallas que, a pesar de estar al sol, tenía una densa capa de hielo. No pocas personas tiraban piedrecillas, otros fragmentos de agua helada o lo que pudieran para, en primer lugar, comprobar el estado de congelación del vaso y, por otro lado, hacerse la oportuna fotografía.
Los que podían se resguardaban al sol que sí lució ayer, aunque con escasa fortuna. El consuelo duraba lo que tardaba de nuevo en hacer de las suyas el frío siberiano, que hacía tiritar tanto en el tendido de sol como en el de sombra. No había forma de ver la faena desde la barrera y los que se aventuraban a salir a la calle -no muchos, la mayoría por necesidad- luchaban contra las ganas de darse la vuelta y regresar a la mesa camilla y la calefacción.
Todo eso ocurría mientras el termómetro no subía de los cero grados, como ocurrió durante gran parte de la mañana. Volviendo a las temperaturas oficiales, en Granada esa cota no se superó hasta bien entrado el día, a las 12:00 horas, cuando se llegó a los 1,4 grados. Pero andando por la ciudad, el pellejo marcaba una temperatura diferente. Una muchacha integrada en un grupo de jóvenes que bajaba por la calle Silencio, ayer sinónimo de ártico, se lamentaba de la imprudencia de no haberse cubierto las manos. Enrojecidas y entumecidas por el frío, se lamentaba ante sus amigas, mientras intentaba protegerlas en los bolsillo de su abrigo. Y entre los que sí habían sido previsores y se habían equipado con sentido común se daba un curioso gesto que debe compensar la pérdida de calor corporal por el pescuezo: muchos se apretaban los cuellos de los abrigos con sus propias manos en un intento por mitigar ese frío con mayúsculas que no cesará en los próximos días y que, incluso, amenaza con recrudecerse.
Porque la Aemet activó desde la medianoche de ayer la alerta naranja en la zona de Guadix y Baza por temperaturas mínimas que podían alcanzar los -8 grados. Un nivel menos de aviso, el amarillo, se establecía para la zona de la cuenca del Genil, Nevada y Alpujarra. Básicamente, todas las comarcas de Granada salvo la Costa amanecen hoy en alerta por temperaturas mínimas de órdago.
Tampoco es que la comarca conocida ayer como Tropical fuese un ejemplo de alegría en los termómetros. Los habitantes de esa zona de Granada están acostumbrados a unos 18 agradables grados, aunque ayer tuvieron que conformarse con 9. Aunque, visto lo visto, podían darse por satisfechos.
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