"Morir dignamente no es eutanasia, es morir a tiempo"

Alarcos firma la ponencia para la ley de la muerte digna · Para él, crear un marco más humano para el fin de la vida es el objetivo principal que se persigue con ella

Ester Araúzo / Granada | Actualizado 06.07.2008 - 17:10
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El profesor Francisco Alarcos en la Facultad de Teología de Granada.

A la gente no le gusta hablar de su muerte mientras toma un café con los amigos. "Es el gran tabú del siglo XXI", sostiene Francisco Alarcos. Sacerdote en Guadix y profesor en la Facultad de Teología de Granada, es uno de los vocales de la Comisión Autonómica de Ética e Investigación Sanitaria. Entre sus manos y las del médico Pablo Simón ha tomado forma la ponencia que abre camino a la futura ley andaluza de la muerte digna. Y puesto el debate sobre la mesa, la polémica no se ha hecho esperar, tanto desde los que temen una legalización de la eutanasia como de los que la defienden y ven en la ley una oportunidad. Pero Alarcos sostiene que no tiene nada que ver con eso.

-¿La eutanasia debe quedar fuera del debate?

-De hecho, queda fuera. Y a mí me parece que éste es el gran logro de la ponencia que hemos tenido en la Comisión de Ética y de la nueva ley que se va a hacer en el Parlamento de Andalucía. Y es que en el artículo 143.4 del Código Penal se recoge que ahora mismo provocar directamente la muerte está tipificado como delito. Por tanto, el tema aquí no es la eutanasia, sino todas las medidas que se pueden implementar para que podamos morir dignamente, tal y como hemos vivido. El debate de la eutanasia queda por el momento aparcado. Se ha identificado muerte digna con eutanasia y no es así. Cada día mueren miles de personas dignamente, sin pedir la eutanasia.

-Pero también considera que hay gente aún que muere en condiciones indignas.

-Sí, por ejemplo, en nuestros hospitales hay gente que muere en habitaciones con varias camas. A mí me parece que esto es indigno. No me gustaría morirme en una habitación con tres camas donde yo me estoy muriendo aquí y los otros dos que no me conocen de nada están hablando con sus familiares y que mi familia no puede estar conmigo porque no puede haber más de uno o dos. Son cosas que hay que cuidar. Me gustaría morirme rodeado de mis seres queridos y la ley va a hacer posible que eso sea así.

-Y que los que lo deseen puedan morir en su casa.

-Sí, eso me parece importante, que los pacientes en fase terminal puedan recibir la asistencia sanitaria en su domicilio y que esta atención vaya acompañada de cuidados paliativos. Es decir, que la gente por morir en casa no se encuentre sin medidas que palien el dolor. Además, las unidades de cuidados paliativos tendrán que universalizarse, que sean para todos los ciudadanos. Todavía hay centros sanitarios y centros de salud que no tienen unidad de cuidados paliativos. Esta ley va a hacer, al reconocer este derecho, que se pongan recursos para esto. Y en esos equipos de cuidados, una de las cosas que incorporará la ley es el acompañamiento espiritual. Las unidades tendrán que ser multidisciplinares y donde este acompañamiento también se dé. Porque no se trata sólo de dar píldoras para calmar el dolor, sino también de acompañar las grandes preguntas que se plantean sobre el sentido del final de la vida.

-¿Y qué significa entonces morir dignamente? ¿Qué es lo que aspira a defender esta ley?

- Es morir sin dolor, rodeado de tu entorno familiar, desde tu marco de creencias y valores, resolviendo aquellas cuestiones que tú consideras que es importante que no se queden abiertas cuando tu vida termine y también morir a tiempo. Creo que una mala muerte es morir antes de tiempo o después de tiempo.

-En este sentido, lo que plantean es que el derecho a morir dignamente no implica el derecho a recibir siempre todo tipo de atención y tecnología sanitaria disponible.

-Claro, porque no debe ser así cuando el criterio médico demuestra que no va a traer beneficio alguno ni a evitar finalmente la muerte. Eso es la limitación del esfuerzo terapéutico; cuando hay un diagnóstico por parte de un equipo médico que llega a la conclusión de que las medidas que se puedan tomar son fútiles, que no van a traer ningún beneficio para el paciente ni a revertir el proceso final. Lo que dicen entonces los profesionales es: "No hagamos más, porque no vamos a conseguir ninguna mejora, sólo alargar el proceso de muerte".

-Pero prácticas como la limitación del esfuerzo terapéutico ya se hacen, ¿qué es lo que va a cambiar para los médicos?

-Les va a dar seguridad jurídica cuando le digan a la familia que no van a hacer nada más porque no hay reversibilidad y podrán negarse a hacer cosas que la familia les pueda decir, porque a veces la presión es familiar. Piensan que la dignidad es que se les trate con todos los medios que haya, pero igual entonces se está poniendo un tratamiento que es indigno. "A mi padre que le pongan todo lo que haya". Oiga, eso es un atentado contra la dignidad de su padre.

-En definitiva, ¿piensa que la tecnología ha creado un marco nuevo donde tiene lugar la muerte?

- La forma de morir del siglo XXI no tiene nada que ver con la de mediados del siglo XX. Porque se está produciendo en marcos muy sofisticados a nivel de tecnología sanitaria. La muerte antes ocurría en un entorno familiar y ahora en un marco hospitalario mayoritariamente. Y además, y esto es algo que me preocupa mucho, se vive la muerte en marcos de profunda soledad, es decir los pacientes no tienen posibilidad cuando están en situaciones finales de tener un espacio de intimidad con su familia. Y en algunos momentos se ha puesto demasiada confianza en la tecnología sanitaria. Durante mucho tiempo la gente pensaba que "si mientras que hay vida hay esperanza", vamos a hacer todo lo posible. Pero hay situaciones de que aunque haya vida no hay esperanza de que esa vida vuelva a ser lo que fue. Una tecnología tan avanzada nos ha hecho olvidar que el paciente debe ser el centro y que tiene derecho a serlo con dignidad.
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