Día del Refugiado Manifestaciones

Un día para recordar el drama

La Fuente de las Batallas fue el escenario ayer de una concentración para denunciar la situación del pueblo saharaui y de los millones de desplazados de todo el mundo

Belén Rico / Granada | Actualizado 21.06.2009 - 01:00
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Yarbama fue uno de los niños acogidos por una familia granadina que se manifestó ayer.

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Brahaim Salem tiene 22 años y hace ya seis que no ve a sus padres ni a sus hermanos. A su edad está estudiando el bachillerato en Granada en casa de un tío, que consiguió aquí un trabajo. El resto de su familia sigue en los campamentos de refugiados del pueblo saharaui, en concreto en el de Dajla. Allí residía él hasta que se vino con la familia malagueña que lo acogía durante verano. Vivía en mitad del desierto, sin luz y casi sin agua en una jaima compartida por 13 personas. Sabe que si regresa para verlos ya no podría volver a España y tendría que dejar sus estudios. Ahora está a la espera de regularizar su situación y no tiene ninguna fuente de ingresos.

El drama de este joven tranquilo e introvertido es sólo un ejemplo de las tragedias que viven los 160.000 desplazados saharauis que subsisten en los campamentos. Pero estar alejado de su familia y en situación irregular es todavía un drama relativo, porque en el país de los ciegos el tuerto es rey: hay muchos, como sus familiares, que no han podido salir.

Y como ellos, como los 160.000 desplazados saharauis, millones de personas por todo el mundo. Por eso ayer se conmemoró el Día Internacional del Refugiado con el objetivo de recordar esas catástrofes.

La Fuente de las Batallas y esta conmemoración fue el escenario que eligió en Granada la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui para volver a llamar la atención sobre la situación que atraviesa este pueblo.

Desde las doce de la mañana hasta las dos de la tarde, y a pesar del sofocante calor, medio centenar de personas se dieron cita en este espacio para que al menos esta tragedia concreta si no se resuelve tampoco se olvide.

Además de los representantes de la ONG, la mayoría de los que acudieron a la reunión fueron los padres de las familias que participan en el programa de veranos solidarios para acoger niños saharauis y los propios pequeños.

Entre ellos estaba Yarbama, de 13 años. "Vengo todos los veranos porque tengo una tía aquí y siempre me acoge mi familia española", explica el niño, que regresa a los campamentos de refugiados durante el invierno. Vive en una jaima con sus tíos y sus primos. Como Salem cuando estaba allí, duermen todos juntos en la tienda de campaña. Sólo sobre alfombras y tapados con matas. Para asearse y cocinar tienen una pequeña caseta de barro. A sus padres no los puede ver porque están al otro lado del muro, un lugar que el pequeño no tiene claro si es el Sahara libre u ocupado. Brahaim Salem se lo explica: "el Sahara ocupado". "De esa parte nos separa no sólo un muro sino, también miles de minas", añade.

Una separación tajante que ha cortado familias y el curso de la historia pero no las esperanzas. "Yo creo que puede cambiar, pero la ONU debe presionar a Marruecos", asegura el estudiante.
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