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Unas rebajas sin brotes verdes y sin compradores
Unas rebajas sin brotes verdes y sin compradores
La Federación de Comercio asegura que las ventas han caído entre un 30% y un 40% respecto al primer día de otros años· Centro Abierto espera remontar el inicio
Belén Rico / Granada | Actualizado 02.07.2009 - 01:00Había colas en las cajas y en los probadores, pilas de prendas revueltas sobre las mesas y otras estampas típicas del primer día de rebajas pero algo en el paisaje de las calles del centro chocaba con los recuerdos de otros años: no se observaban tantas bolsas por la calle. En el ambiente de las zonas comerciales no se apreciaba la "alegría de otros años", una expresión en la que coincidieron el presidente de la Federación de Comercio, Enrique Oviedo, y la presidenta del Centro Abierto, Raquel Ruz, para describir el panorama del día 1 de julio más gris que se ha recogido últimamente en los anales del comercio granadino.
El presidente de la Federación de Comercio resumió la inauguración de la temporada de rebajas de verano con dos porcentajes: "Se ha vendido entre un 30% y un 40% menos que en el primer día del año pasado". "Espero que cuando la gente cobre las pagas extraordinarias la cosa se anime", aseguraba Oviedo, que no quería cerrar la puerta a la esperanza de los vendedores. "Queremos sacar por lo menos lo que tenemos almacenado".
La omnipresente crisis no hizo una excepción con las rebajas y los compradores se mostraban ayer recelosos. "En las tiendas se mira mucho pero se compra poco", sentenció Oviedo. Y eso ocurría con muchos de los que llegaban al centro, pero ayer se juntó el hambre con las ganas de comer y al problema de la crisis se sumó ayer una ola de calor que otorgó a la provincia una alerta amarilla y enfrío el ánimo de algunos que pensaban darse una vuelta por las tiendas.
La presidenta del Centro Abierto apuntaba ayer al calor como el causante de que por la tarde hubiese habido menos afluencia de público que por la mañana, pero se mostraba mucho más optimista que Oviedo. "Es cierto que ha sido un primer día muy tranquilo pero en las tiendas hay muchos artículos con muy buenas rebajas porque hay bastantes stock y creo que remontaremos".
Para Raquel Ruz, aunque el primer día haya sido flojo estas rebajas se mantendrán más tiempo en el foco de atención de los usuarios que otros años. "Lo normal es que las rebajas de julio funcionen muy bien una semana pero este verano la gente no tiene tanta urgencia por comprar porque no hay tantos planes para marcharse de vacaciones". Además, asegura que el descenso de las ventas respecto al primer día del año pasado sólo llega al 10% o al 20%. "Hay que ser cautos al hablar de los descensos. A mí me gusta mostrarme optimista porque esta crisis ha tenido mucho de psicológico", comentaba.
Sean las cifras que sean, las que marquen la caída de las ventas, el descenso ya se preveía. Los comerciantes se mostraban desanimados en la jornada de reflexión previa al arranque, a pesar de que la agresiva campaña para atraer las miradas y los monederos de los consumidores empezaban con descuentos del 50% o el 70%.
Y para muchos se cumplieron los más desalentadores postulados de la ley de Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Y en el primer día en algunos establecimientos fue incluso peor de lo vaticinado.
Un ejemplo de este grupo de pequeños empresarios que estaban esperando ayer el día 1 de julio como agua de mayo era el caso de Lola Martín, propietaria de la camisería Sir Ashton. "Las ventas están muertas, como si no fuesen rebajas. Yo sabía que hasta la próxima Navidad no tendríamos nada que hacer, pero esperaba que los dos o tres primeros días de rebajas fueran mejores", comentaba la propietaria desde el mostrador de su tienda de la calle Zacatín, pero matizó sus afirmaciones sobre el crack comercial de julio de 2009. "Tenemos otra tienda en San Juan de Dios y allí me han dicho que está entrando gente. En Mesones también me han comentado que se ve bastante gente por la calle. Sin embargo, por aquí no hay nadie".
Para ella este golpe ha sido la puntilla de una temporada "malísima". "Quizás la gente no se ha animado a comprar en rebajas porque llevamos desde hace meses con grandes descuentos", reflexionaba.
Las franquicias de las grandes cadenas, que llegaban a ofrecer descuentos que superaban el 70% -lo nunca visto en un primer día de rebajas- estaban un poco más concurridos que los comercios pequeños. Pero las espectaculares ofertas tampoco fueron la panacea que puso remedio a la lamentable temporada de ventas.
El batacazo no se notaba en forma de una reducción en las colas o en el gentío que rebuscaba sobre las mesas con el interés con el que revisaba los percheros , pero sí en las horas extras que pagan a sus empleados.
Una de las tiendas que intentan escapar con estos recortes sutiles del leviatán de la crisis es Oysho. Vanesa González, una dependienta de 29 años que estaba presa de un frenesí de colocación de prendas, explicaba que se habían redoblado los turnos para hacer frente a la marabunta del primer día de rebajas pero que no se las pagarían como horas extraordinarias sino que la empresa lo compensaría con libres. "Antes cobrábamos alrededor de 32 o 33 horas. Últimamente sólo 22 o 23 mensuales".
Pero tanto a ella como a su compañera Noemí Romero, de 25 años, el recorte de las horas no les había frenado sus compras. Inoculadas con el veneno del consumismo se habían hecho con varias prendas en cuanto se les aplicaron las rebajas.
Y en el clima de abatimiento generalizado todavía quedaban algunas chispitillas, algunos gestos hiperbólicos de los amantes de las rebajas que en el sombrío arranque se miraban con ojos menos sarcásticos. Entre las pequeñas hazañas anónimas estaba la de Belén y Estela, dos jóvenes de Peligros de 19 y 20 años respectivamente, que habían salido de su pueblo a las 9:00 horas en un autobús interurbano con dos bocadillos para pasar todo el día en Granada fundiéndose 100 euros cada una en renovar su fondo de armario.
El presidente de la Federación de Comercio resumió la inauguración de la temporada de rebajas de verano con dos porcentajes: "Se ha vendido entre un 30% y un 40% menos que en el primer día del año pasado". "Espero que cuando la gente cobre las pagas extraordinarias la cosa se anime", aseguraba Oviedo, que no quería cerrar la puerta a la esperanza de los vendedores. "Queremos sacar por lo menos lo que tenemos almacenado".
La omnipresente crisis no hizo una excepción con las rebajas y los compradores se mostraban ayer recelosos. "En las tiendas se mira mucho pero se compra poco", sentenció Oviedo. Y eso ocurría con muchos de los que llegaban al centro, pero ayer se juntó el hambre con las ganas de comer y al problema de la crisis se sumó ayer una ola de calor que otorgó a la provincia una alerta amarilla y enfrío el ánimo de algunos que pensaban darse una vuelta por las tiendas.
La presidenta del Centro Abierto apuntaba ayer al calor como el causante de que por la tarde hubiese habido menos afluencia de público que por la mañana, pero se mostraba mucho más optimista que Oviedo. "Es cierto que ha sido un primer día muy tranquilo pero en las tiendas hay muchos artículos con muy buenas rebajas porque hay bastantes stock y creo que remontaremos".
Para Raquel Ruz, aunque el primer día haya sido flojo estas rebajas se mantendrán más tiempo en el foco de atención de los usuarios que otros años. "Lo normal es que las rebajas de julio funcionen muy bien una semana pero este verano la gente no tiene tanta urgencia por comprar porque no hay tantos planes para marcharse de vacaciones". Además, asegura que el descenso de las ventas respecto al primer día del año pasado sólo llega al 10% o al 20%. "Hay que ser cautos al hablar de los descensos. A mí me gusta mostrarme optimista porque esta crisis ha tenido mucho de psicológico", comentaba.
Sean las cifras que sean, las que marquen la caída de las ventas, el descenso ya se preveía. Los comerciantes se mostraban desanimados en la jornada de reflexión previa al arranque, a pesar de que la agresiva campaña para atraer las miradas y los monederos de los consumidores empezaban con descuentos del 50% o el 70%.
Y para muchos se cumplieron los más desalentadores postulados de la ley de Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Y en el primer día en algunos establecimientos fue incluso peor de lo vaticinado.
Un ejemplo de este grupo de pequeños empresarios que estaban esperando ayer el día 1 de julio como agua de mayo era el caso de Lola Martín, propietaria de la camisería Sir Ashton. "Las ventas están muertas, como si no fuesen rebajas. Yo sabía que hasta la próxima Navidad no tendríamos nada que hacer, pero esperaba que los dos o tres primeros días de rebajas fueran mejores", comentaba la propietaria desde el mostrador de su tienda de la calle Zacatín, pero matizó sus afirmaciones sobre el crack comercial de julio de 2009. "Tenemos otra tienda en San Juan de Dios y allí me han dicho que está entrando gente. En Mesones también me han comentado que se ve bastante gente por la calle. Sin embargo, por aquí no hay nadie".
Para ella este golpe ha sido la puntilla de una temporada "malísima". "Quizás la gente no se ha animado a comprar en rebajas porque llevamos desde hace meses con grandes descuentos", reflexionaba.
Las franquicias de las grandes cadenas, que llegaban a ofrecer descuentos que superaban el 70% -lo nunca visto en un primer día de rebajas- estaban un poco más concurridos que los comercios pequeños. Pero las espectaculares ofertas tampoco fueron la panacea que puso remedio a la lamentable temporada de ventas.
El batacazo no se notaba en forma de una reducción en las colas o en el gentío que rebuscaba sobre las mesas con el interés con el que revisaba los percheros , pero sí en las horas extras que pagan a sus empleados.
Una de las tiendas que intentan escapar con estos recortes sutiles del leviatán de la crisis es Oysho. Vanesa González, una dependienta de 29 años que estaba presa de un frenesí de colocación de prendas, explicaba que se habían redoblado los turnos para hacer frente a la marabunta del primer día de rebajas pero que no se las pagarían como horas extraordinarias sino que la empresa lo compensaría con libres. "Antes cobrábamos alrededor de 32 o 33 horas. Últimamente sólo 22 o 23 mensuales".
Pero tanto a ella como a su compañera Noemí Romero, de 25 años, el recorte de las horas no les había frenado sus compras. Inoculadas con el veneno del consumismo se habían hecho con varias prendas en cuanto se les aplicaron las rebajas.
Y en el clima de abatimiento generalizado todavía quedaban algunas chispitillas, algunos gestos hiperbólicos de los amantes de las rebajas que en el sombrío arranque se miraban con ojos menos sarcásticos. Entre las pequeñas hazañas anónimas estaba la de Belén y Estela, dos jóvenes de Peligros de 19 y 20 años respectivamente, que habían salido de su pueblo a las 9:00 horas en un autobús interurbano con dos bocadillos para pasar todo el día en Granada fundiéndose 100 euros cada una en renovar su fondo de armario.






