Juguetes de culto para niños de 0 a 40 años

Manuel Hernández regenta en Motril un singular comercio en el que se pueden encontrar piezas de los años 70 y 80.

Nacho Martín / Motril | Actualizado 07.01.2011 - 09:25
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En la infancia de José Antonio, de 42 años, no faltaron sus inseparables Geyperman, Madelman o los clicks de Famobil. Aún recuerda a todo un ejercito de muñecos presentes en todas las batallas de su niñez, algunas ambientadas en el fuerte del oeste de Comansi o el Castillo de Exin. En su cabeza permanecen grabadas las carreras disputadas con su Scalextric, alrededor del cual algunas veces se reúnen todavía amigos cuarentones, como él, y pasan una agradable tarde de sábado. En el dormitorio de al lado, existía el mundo infantil de su hermana, donde habitaban la muñeca Nancy y su prima la Lisy.

Por eso, cuando José Antonio, que guardó de manera fiel algunos supervivientes de aquella época, fue a comprar un regalo a su hijo Miguel de 5 años a Juguetes Hernández e Hijos, de Motril, se sintió transportado a su etapa más inocente. Cuando llegó a esta tienda que ha cumplido 41 años abierta al público, este cliente se volvió loco. Estaba tan emocionado que se llevó algunas piezas para él, aparte de las que buscaba para su primogénito.

No es el único. Este comercio se ha convertido en uno de los pocos lugares donde encontrar juguetes clásicos y de culto en Andalucía. Así, acuden hasta el establecimiento motrileño personas procedentes de Sevilla o Córdoba "buscando piezas de coleccionista, más que juegos" y eso que no lo promociona por internet, sino simplemente a través del boca a boca. Entre los jugueteros, ha alcanzado una fama y se suele decir que si no lo tiene Hernández, será difícil conseguirlo.

En este universo de juguetes distribuido por familias hay algunos de gran valor, no sólo sentimental. Determinadas piezas de Scalextric para coleccionistas valen de 4.000 a 5.000 euros.

Por difícil que parezca, allí es posible encontrar juguetes de los años 70 y 80. Su propietario, Manuel Hernández, consigue todas las licencias para estar respaldado por las primeras marcas y no depender del mercado asiático. "Así, puedo ofrecer a mis clientes productos de calidad durante todo el año, por ejemplo, estos coches los fabrican en Francia las marcas de automóviles Mercedes, BMW o Volkswagen", comenta señalando grandes bólidos.

Hay juguetes que ya no se fabrican o cuyas empresas hace tiempo que cerraron sus puertas, como Payá, Feber, Congó o incluso Famosa, que fue comprada por una multinacional. Sin embargo, esta tienda dispone de sus juguetes bien por datar de aquellas fechas o por pertenecer a reediciones posteriores.

La diferencia de este local de 400 m2 con respecto a las grandes superficies, según Hernández, es que garantiza las existencias de los juguetes ofertados y un servicio continuado durante todo el año. Así, mientras en los hipermercados la venta de estos artículos supone el 80 o 90% anual en Navidades, para esta tienda supone un 20%.

A lo largo de estos 40 años, Hernández ha visto cómo han cambiado los gustos de los niños, no sólo en cuanto a preferencias. Está claro que ahora prefieren a Bob Esponja, Dora la exploradora o Pocoyó. El juguetero piensa que los niños de los 70 eran "más infantiles, que no menos inteligentes" y creen que se diferencian de los actuales en que "enseguida ahora les ponemos cosas de adultos", como móviles, internet, redes sociales o consolas de última generación. "Queremos que se hagan mayores, sin dejarles vivir la niñez". También pone de ejemplo la noche de Reyes, que "era más mágica, la necesidad hacía que apreciáramos todo más, ahora reciben demasiados regalos durante todo el año y Papá Noël también ha influido en que se pierda la magia de los Reyes, que son parte de nuestra cultura".

Sin embargo, en algo no deben de haber cambiado tanto los niños, porque Miguel, el hijo de José Antonio, siempre que acude a casa de su abuela contempla con curiosidad el viejo castillo de su padre y cuando pide permiso para jugar con él, se lo deniegan. "Si lo rompes, a tu padre le da un ataque", piensa para sí la matriarca.
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