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- "A veces necesitamos dar un golpe de timón y cambiar nuestra vida"
"A veces necesitamos dar un golpe de timón y cambiar nuestra vida"
"A veces necesitamos dar un golpe de timón y cambiar nuestra vida"
Hoy llega al Planta Baja con su gira 'Termonuclear', un disco donde el músico cuenta su periodo "más intenso"
M. De La Corte / Granada | Actualizado 14.04.2012 - 05:00La energía, en su caso, hace malabares si es necesario. Con Coque Malla la chispa siempre está ahí, ya sea cuando explota o está a punto de extinguirse, pero siempre encuentra una salida. A sólo tres conciertos de terminar su gira Termonuclear, el 16 de junio en Donosti, ya anuncia nuevo disco para dentro de un año. Esta noche estará en el Planta Baja a partir de las 21:30 horas.
-Ha dicho alguna vez que 'Termonuclear' nació en el camerino de una sala justo cuando acababa de cumplir los 40. ¿Qué pasó de especial para contar esta historia llena de pequeñas explosiones?
-Pasaron muchas cosas... aunque ahora lo veo todo muy lejano. Fue un periodo muy intenso en mi vida. Tampoco nada del otro mundo, al fin y al cabo son cosas que nos pasan a todos. Cambios muy fuertes en la vida que todos necesitamos experimentar. A veces necesitamos dar un golpe de timón y cambiar nuestra vida. A todos nos pasa en algún momento sólo que yo hice un disco con todo eso y la gente no lo suele contar públicamente. Yo lo convertí en toda una película. Es el disco con más tintes cinematográficos porque cuenta una historia de principio a fin, no de manera explícita, pero por debajo de todo el disco hay un hilo conductor que lo une con un final abierto.
-¿Ha cambiado en algo el músico desde 'La hora de los gigantes' hasta este otro? ¿Es más relajado?
-Yo no lo siento más relajado, al revés. Creo que es mucho más intenso incluso musicalmente. Quizás los tempos son más lentos pero para mí es mucho más tremendo que La hora de los gigantes, que habla de un momento de tranquilidad. Termonuclear cuenta una historia muy convulsa y eso también se nota en las canciones. Un tema como La carta o como el propio Termonuclear no tiene nada de relajado. Cuenta historias muy bestias. Para mí lo que transmite este disco no es tranquilidad, no es un disco otoñal, de paz y chimeneas.
-En La carta pide arder en el centro del incendio. En Termonuclear, estar lejos de esta bóveda fatal...
-Esa última es una frase de Iván (Ferreiro). Yo le conté la historia de la que quería hablar y entre los dos escribimos la letra. No hace falta explicar lo que ocurría por dentro porque si lo haces se pierde el misterio. Fue una etapa de encuentros y desencuentros. Una etapa muy bonita... Hubo tristeza también porque cuando hay despedidas hay tristeza, pero también mucha alegría y muchos momentos emocionantes.
-El título, por eso de nuclear, anuncia un desastre y sin embargo uno se encuentra con un disco cargado de romanticismo...
-Muchísimo. Es un disco sobre el romanticismo fundamentalmente. Y sobre todas sus caras. Están la cara más triste del romanticismo, la cara más intensa, la más hermosa y tranquila... es un disco absolutamente romántico.
-¿Y qué pesan más: los amores o los desamores?
-La verdad, no lo sé. Hay una despedida, un encuentro y todo un futuro por delante. No he calculado el peso de cada una. No me lo planteo.
-También hay mucha amistad en este disco... No sé si se puede decir de Nico Nieto que es su mano derecha pero está claro que comparten muchas cosas.
-Él es mi mano derecha... Yo soy su mano izquierda... Con este disco hemos estado muy a medias. Él lo ha entendido perfectamente porque además vivimos juntos todo aquel momento. Lo compartimos tanto en lo vital como en lo musical porque él también estaba en una etapa de cambio. Fue de esas cosas en las que todo coincide, los astros se alinean y era perfecto. Nico era la persona perfecta y ese fue el momento perfecto. Estábamos descubriéndonos música el uno al otro. Música que tenía que ver con lo que queríamos hacer los dos... No podía haber salido mejor. No podía haberlo hecho con otra persona.
-¿Qué música descubrieron?
-No hemos copiado ni imitado nada pero hay dos músicos sobre todo. De hecho cuando algo nos sonaba parecido a otra cosa, lo evitábamos e intentábamos cambiar de rumbo. Sí hay una manera de expresar las canciones desde la emoción de Richard Hawley, por ejemplo, que yo le descubrí a Nico, o desde la de The Divine Comedy, que él me descubrió a mí. Tienen muchísimo que ver con lo que estábamos viviendo, lo que queríamos hacer y de lo que hablábamos... Hay veces que estás un poco vacío o no sabes muy bien hacia dónde tirar y de repente un músico te da la pista... No fue eso porque nosotros sí teníamos clarísimo lo que queríamos. Pero sí es cierto que coincidía que Hawley, The Divine Comedy o Johnny Cash eran el sonido que nosotros teníamos en la cabeza. Coincidió todo de manera geométrica.
-¿Cómo se transforma aquí la energía en música?
-Ha sido el proceso creativo más intenso de mi vida. Estuvimos cuatro meses grabando, otros tantos con el proyecto en la cabeza y otros dos anteriores de preparación y composición... En total casi un año. Como ya estoy con otros proyectos en la cabeza lo siento algo lejano.
-¿Y qué tiene ahora en la cabeza?
-Estamos preparando algo que no tiene nada que ver con esto. Es un tributo a Rubén Blades porque yo soy muy fan de él desde hace muchos años, y hemos montado aquí en Madrid un combo con músicos de salsa. La idea es hacer un tributo con el repertorio de Blades, con las canciones que a mí más me gustan de él. Va a ser sólo una semana en el Café Central, quizás lo grabemos pero en plan casero.
-¿Habrá disco?
-No es un proyecto para publicarlo. Es más una fiesta, un capricho musical que nos damos dedicado al maestro Rubén Blades. Estoy con eso a tope. Será del 4 al 10 de junio, siete días seguidos... Nunca he tocado tanto seguido en mi vida pero me apetece mucho. Paralelamente, cuando tengo ratos sueltos, estoy con mi siguiente disco, que será un... bueno no lo adelanto... Es un proyecto muy muy especial, no es un disco nuevo, es algo que contiene un montón de cosas y ya lo iremos descubriendo...
-En un momento dado dejó caer en un video en su web que tenía pensado irse a Buenos Aires una temporada. Hubo quien pensó que estaba hablando de retirada, pero ya demuestra que de retirada nada.
-Buenos Aires es algo que siempre he querido... No sé, tengo una conexión especial con los argentinos y cuando he estado allí he sentido que de alguna manera y en algún sitio de mi corazón y de mi cabeza me sentía como en casa. Pasé un mes allí y sentí una electricidad muy especial con el público que fue a verme -que fue muy poco porque, claro, no me conocen-. Cuando grabé ese video lo dije de una forma como muy dramática pero si voy será sólo para estar un tiempo, tres meses e intentar hacer algo allí, y luego lógicamente seguir trabajando aquí.
-Igual le apetecía huir en aquel momento...
-Sí pero ya no quiero huir. No tengo ganas de huir sino de trabajar. Yo creo que fue algo que nos pasa a todos los que nos dedicamos a esto: cuando estamos entre un proyecto y otro tienes un momento de vacío en el que todo te parece absurdo, te dan ganas de dejarlo, pero yo creo que es parte del proceso de hacer un disco. A veces es muy agotador y la gente piensa que no pero el trabajo de creación es duro porque es continuo y no hay vacaciones. Uno no puede parar su cabeza. La cabeza sigue y sigue pensando en canciones, en proyectos, y hay momentos en los que sientes que no pasa nada... pero ahora mismo tengo muchas ganas de trabajar. Ni siquiera me planteo si el mercado está bien o mal.
-Ha dicho alguna vez que 'Termonuclear' nació en el camerino de una sala justo cuando acababa de cumplir los 40. ¿Qué pasó de especial para contar esta historia llena de pequeñas explosiones?
-Pasaron muchas cosas... aunque ahora lo veo todo muy lejano. Fue un periodo muy intenso en mi vida. Tampoco nada del otro mundo, al fin y al cabo son cosas que nos pasan a todos. Cambios muy fuertes en la vida que todos necesitamos experimentar. A veces necesitamos dar un golpe de timón y cambiar nuestra vida. A todos nos pasa en algún momento sólo que yo hice un disco con todo eso y la gente no lo suele contar públicamente. Yo lo convertí en toda una película. Es el disco con más tintes cinematográficos porque cuenta una historia de principio a fin, no de manera explícita, pero por debajo de todo el disco hay un hilo conductor que lo une con un final abierto.
-¿Ha cambiado en algo el músico desde 'La hora de los gigantes' hasta este otro? ¿Es más relajado?
-Yo no lo siento más relajado, al revés. Creo que es mucho más intenso incluso musicalmente. Quizás los tempos son más lentos pero para mí es mucho más tremendo que La hora de los gigantes, que habla de un momento de tranquilidad. Termonuclear cuenta una historia muy convulsa y eso también se nota en las canciones. Un tema como La carta o como el propio Termonuclear no tiene nada de relajado. Cuenta historias muy bestias. Para mí lo que transmite este disco no es tranquilidad, no es un disco otoñal, de paz y chimeneas.
-En La carta pide arder en el centro del incendio. En Termonuclear, estar lejos de esta bóveda fatal...
-Esa última es una frase de Iván (Ferreiro). Yo le conté la historia de la que quería hablar y entre los dos escribimos la letra. No hace falta explicar lo que ocurría por dentro porque si lo haces se pierde el misterio. Fue una etapa de encuentros y desencuentros. Una etapa muy bonita... Hubo tristeza también porque cuando hay despedidas hay tristeza, pero también mucha alegría y muchos momentos emocionantes.
-El título, por eso de nuclear, anuncia un desastre y sin embargo uno se encuentra con un disco cargado de romanticismo...
-Muchísimo. Es un disco sobre el romanticismo fundamentalmente. Y sobre todas sus caras. Están la cara más triste del romanticismo, la cara más intensa, la más hermosa y tranquila... es un disco absolutamente romántico.
-¿Y qué pesan más: los amores o los desamores?
-La verdad, no lo sé. Hay una despedida, un encuentro y todo un futuro por delante. No he calculado el peso de cada una. No me lo planteo.
-También hay mucha amistad en este disco... No sé si se puede decir de Nico Nieto que es su mano derecha pero está claro que comparten muchas cosas.
-Él es mi mano derecha... Yo soy su mano izquierda... Con este disco hemos estado muy a medias. Él lo ha entendido perfectamente porque además vivimos juntos todo aquel momento. Lo compartimos tanto en lo vital como en lo musical porque él también estaba en una etapa de cambio. Fue de esas cosas en las que todo coincide, los astros se alinean y era perfecto. Nico era la persona perfecta y ese fue el momento perfecto. Estábamos descubriéndonos música el uno al otro. Música que tenía que ver con lo que queríamos hacer los dos... No podía haber salido mejor. No podía haberlo hecho con otra persona.
-¿Qué música descubrieron?
-No hemos copiado ni imitado nada pero hay dos músicos sobre todo. De hecho cuando algo nos sonaba parecido a otra cosa, lo evitábamos e intentábamos cambiar de rumbo. Sí hay una manera de expresar las canciones desde la emoción de Richard Hawley, por ejemplo, que yo le descubrí a Nico, o desde la de The Divine Comedy, que él me descubrió a mí. Tienen muchísimo que ver con lo que estábamos viviendo, lo que queríamos hacer y de lo que hablábamos... Hay veces que estás un poco vacío o no sabes muy bien hacia dónde tirar y de repente un músico te da la pista... No fue eso porque nosotros sí teníamos clarísimo lo que queríamos. Pero sí es cierto que coincidía que Hawley, The Divine Comedy o Johnny Cash eran el sonido que nosotros teníamos en la cabeza. Coincidió todo de manera geométrica.
-¿Cómo se transforma aquí la energía en música?
-Ha sido el proceso creativo más intenso de mi vida. Estuvimos cuatro meses grabando, otros tantos con el proyecto en la cabeza y otros dos anteriores de preparación y composición... En total casi un año. Como ya estoy con otros proyectos en la cabeza lo siento algo lejano.
-¿Y qué tiene ahora en la cabeza?
-Estamos preparando algo que no tiene nada que ver con esto. Es un tributo a Rubén Blades porque yo soy muy fan de él desde hace muchos años, y hemos montado aquí en Madrid un combo con músicos de salsa. La idea es hacer un tributo con el repertorio de Blades, con las canciones que a mí más me gustan de él. Va a ser sólo una semana en el Café Central, quizás lo grabemos pero en plan casero.
-¿Habrá disco?
-No es un proyecto para publicarlo. Es más una fiesta, un capricho musical que nos damos dedicado al maestro Rubén Blades. Estoy con eso a tope. Será del 4 al 10 de junio, siete días seguidos... Nunca he tocado tanto seguido en mi vida pero me apetece mucho. Paralelamente, cuando tengo ratos sueltos, estoy con mi siguiente disco, que será un... bueno no lo adelanto... Es un proyecto muy muy especial, no es un disco nuevo, es algo que contiene un montón de cosas y ya lo iremos descubriendo...
-En un momento dado dejó caer en un video en su web que tenía pensado irse a Buenos Aires una temporada. Hubo quien pensó que estaba hablando de retirada, pero ya demuestra que de retirada nada.
-Buenos Aires es algo que siempre he querido... No sé, tengo una conexión especial con los argentinos y cuando he estado allí he sentido que de alguna manera y en algún sitio de mi corazón y de mi cabeza me sentía como en casa. Pasé un mes allí y sentí una electricidad muy especial con el público que fue a verme -que fue muy poco porque, claro, no me conocen-. Cuando grabé ese video lo dije de una forma como muy dramática pero si voy será sólo para estar un tiempo, tres meses e intentar hacer algo allí, y luego lógicamente seguir trabajando aquí.
-Igual le apetecía huir en aquel momento...
-Sí pero ya no quiero huir. No tengo ganas de huir sino de trabajar. Yo creo que fue algo que nos pasa a todos los que nos dedicamos a esto: cuando estamos entre un proyecto y otro tienes un momento de vacío en el que todo te parece absurdo, te dan ganas de dejarlo, pero yo creo que es parte del proceso de hacer un disco. A veces es muy agotador y la gente piensa que no pero el trabajo de creación es duro porque es continuo y no hay vacaciones. Uno no puede parar su cabeza. La cabeza sigue y sigue pensando en canciones, en proyectos, y hay momentos en los que sientes que no pasa nada... pero ahora mismo tengo muchas ganas de trabajar. Ni siquiera me planteo si el mercado está bien o mal.














