El vaivén de sueños y figuras de Galiardo

Las esculturas de la artista madrileña rompen el sentido estático del bronce para balancearse sobre soportes de hierro en su primera exposición en Granada, 'Bajo el cielo del Albaicín'

Marina Díaz-Cabrera | Actualizado 09.06.2008 - 11:53
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La artista Soledad Galiardo junto a su obra.

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Los sueños ilustres de la artista Soledad Galiardo, hermana del actor Juan Luis Galiardo, conducen por las sendas de la fantasía donde el movimiento y la ligereza son la esencia de una escultura que rompe las fronteras de lo estático y se mueve al ritmo del vaivén de una mecedora o salta los resortes de un colchón de muelles. Bajo el cielo del Albaicín integra una muestra de 16 piezas con la que la autora presenta por primera vez su trabajo en Granada. El Hotel Casa del Capitel Nazarí acoge la exposición que se podrá visitar hasta el próximo mes de agosto.

De una familia de artistas, Galiardo compagina el derecho con el arte. Estudió escultura en la escuela Kroom de Madrid, aunque dio sus primeros pasos con la pintura, pronto se daría cuenta que necesitaba un contacto directo con su obra, algo que no le permitía el pincel ante un cuadro: "Soy muy primaria necesito tocar lo que hago". Se podría decir, además, que "una escultura es como un cuadro en tres dimensiones", añade la artista, "por ello me es más fácil visualizarlo, es algo más real". Sus inicios son muy dispares a lo que se puede encontrar en su último trabajo. La perfección de los torsos y las siluetas marcadas chocan con el surrealismo figurativo que moldea las figuras del mundo de fantasías que construye actualmente la madrileña. "Es una línea seminueva", explica, "antes mi obra era más clásica, pero después de una experiencia personal que tuve comencé a introducir movimiento y humor". Galiardo trabaja con los elementos cotidianos que inspiran cosas divertidas, "en el día a día es importante ser feliz con lo que rodea", matiza. De ahí la afición de la artista por formular una atmósfera que despierta una sonrisa y parece introducirse bajo las carpas de un circo tropezándose con trapecistas, malabaristas o guerreros del mundo de los gatos. Todo un espectáculo de bronce que se levanta sobre unos pedestales de hierro y deja ver unas figuras envueltas en unos aires de tranquilidad, desasosiego y libertad, donde las emociones se palpan a pesar de la inexpresividad de sus rostros ayudada de la sugerencia de las formas que la artista aporta a las piezas.

Galiardo confiesa que a raíz de su afición por el ballet y el ejercicio busca en su obra el equilibrio, "ya que la vida es un equilibrio inestable". Somete a las figuras a posturas casi imposibles a las que quizás le gustaría poder adoptar a la propia artista, comenta entre risas. Algunas se balancean con sus manos sobre un hierro forjado y otras hacen equilibrio sobre este sentadas, la madrileña reta a la realidad con el movimiento y se acerca al impresionismo de la pintura. Son pinceladas más que detalles, "una forma de desdibujar lo que antes hacía", explica la autora, "cuerpos con los músculos marcados que tendían al perfeccionismo. Una vez que dominas la técnica empiezas a desdibujar y te atreves a buscar tu camino e inventarte cosas".

La nueva colección de la creadora bebe de las tendencias de grandes artistas como Picasso, Henry Moore o Giacometti, de los que ha adoptado el humor, el movimiento y el aspecto estilizado de las esculturas. Por otra parte, los colores son también un elemento fundamental de su obra, el turquesa, los tonos verdes y el amarillo delimitan las siluetas que consigue a través de la técnica de fundición en la que mezcla óxido con fuego. Galiardo, que trabaja en un taller en su domicilio habitual, confiesa ser una amante del momento de la fundición, se cuela entre los hornos para participar en el montaje y soldaduras de sus piezas.

Con media vida dedicada a la abogacía y la otra mitad a la escultura, hasta en la nevera de su casa se pueden encontrar algunas de sus creaciones, aquellas confeccionadas con cera, que durante los meses de verano no soportan las altas temperaturas. Todo en la autora se ve envuelto en una amplia sonrisa que no dejar marchitar en ninguna de sus obras.
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