Imágenes ocultas entre palabras

La editorial granadina Traspiés ha inaugurado una colección llamada 'Vagamundos', dedicada al libro ilustrado

José Abad / Granada | Actualizado 30.04.2009 - 05:00
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Con mimo y buen gusto encomiables, y con José Antonio López al timón, la editorial granadina Traspiés ha inaugurado una colección dedicada al libro ilustrado -una colección abierta, nos advierten, a todo género literario-. Su nombre, Vagamundos. Las dos primeras entregas aparecieron a finales del año pasado: una feroz sátira dieciochesca (Una humilde propuesta) y una gavilla de intrigantes relatos (Donde sueñan los tigres). En estos días han salido del horno dos títulos más: una perorata seudo-filosófica (Mapa mudo) y una nueva brazada de relatos (Anónimos). Empecemos, sin dilación, por la sátira.

Jonathan Swift publicó el opúsculo Una humilde propuesta en 1729 como parodia de otros de parecidas hechuras en los que el erudito de turno solía hacer una proposición para el mejor funcionamiento de la comunidad. Swift, imitando el bienintencionado «yo» típico en estos tratados, exponía en tono mesurado tanto el problema como un posible tratamiento. La cuestión era el aumento incontrolado de gentes menesterosas en tierras irlandesas: "Quiero que el lector tenga en cuenta que he ideado mi remedio única y exclusivamente para este reino de Irlanda". Un remedio, desde luego, ejemplar. Se trataría de emplear las camadas de esa masa anónima, bebés en torno a un año de edad, como bocados exquisitos en las mesas más selectas para así aliviar a sus familias y al país. La antropofagia como una vía de salida a la crisis (Confiemos en que nadie tome nota de ello). La ironía de Swift, de tan afilada, hace daño: "este manjar resultará bastante caro, y por eso mismo, muy apropiado para los terratenientes, quienes, dado que han devorado ya a la mayoría de los padres, parecen tener más derecho que nadie a los hijos". Las ilustraciones de Sergei Furst hacen justicia a una obra, en todos los sentidos, despiadada. Vayamos ahora a la primera gavilla de relatos.

En Donde sueñan los tigres, la extremeña Ana Ayuso ofrece cuatro retazos de una cotidianidad íntimamente monstruosa. En sus páginas cabe encontrar una familia disfuncional compuesta por una madre dedicada a guardar luto por los difuntos más inesperados, un padre calavera, dos hijas rebeldes y una cabeza cercenada y parlanchina (Un funeral propio), o media docena de solitarios que han hecho de la espera un objetivo vital y de las salas de espera, un paraíso exclusivo (Esperando a Godot), o una chica gordita, feliz y deseada por cuantos hombres se cruzan en su camino (Ada), o podemos sumergirnos en las aguas temblonas del sueño en el estimulante relato que otorga su título al volumen. Historias imposibles, empero ciertas, diría, sin que haya contradicción en ello. Los dibujos de Juan Gonzalo Lerma cumplen el cometido de todo libro ilustrado: no supeditarse a las palabras, sino extraer las imágenes ocultas en ellas. Sigamos con la perorata.

Mapa mudo es una reflexión sobre algunas costumbres domésticas de una retahíla de grandes autores de la literatura mundial que pretende aprehender una escurridiza (por escamosa) filosofía existencial. O sea, una vuelta de tuerca más a la mística facilona del literato como elegido de los dioses. A Hilario J. Rodríguez, el autor, lo conocíamos en su faceta de crítico de cine, y este ensayo (o lo que sea) despierta impresiones parecidas a las de sus reseñas, en las que hace gala de un «yo» inoportuno, hinchado, extremadamente pagado de sí mismo. Como ensayista (o lo que sea), Hilario J. Rodríguez da rienda suelta al deseo nada oculto de pontificar e incurre en la práctica antigua de dar vaselina al establishment. ¿En espera de contraprestaciones análogas? Si no fuera así, alguien debería decirle a este buen hombre que parapetarse tras un puñado de nombres insignes no hace "importante" nuestra escritura. Del libro me gustan las fotografías que, por cierto, también son suyas. Y acabemos con la última brazada de relatos.

Para su primer libro en solitario, Miguel Sanfeliu ha escogido un póquer de relatos, quizás más preocupados por la anécdota que por el estilo, no carentes de atractivo. Se pretende subrayar la insoportable fragilidad del ser, hurgar en la irremediable grisura del hombre corriente, descubrir esa trampa que es la vida. El autor constriñe a un dibujante de cómic a vivir las mismas pesadillas que éste inventa para sus personajes (Solo), y arroja a un periodista dentro de una espiral de amenazas que crece y crece conforme gira (Anónimos), y diseña una pequeña, muy sabrosa, aportación al tema del doble (Renacer) y otra distinta, también curiosa, sobre la pasión por el ajedrez (El campeón de Arequipa). Los dibujos que arropan las palabras son del propio Sanfeliu.
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