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De los Muertos
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De los Muertos
Milena Rodríguez / Gutiérrez | Actualizado 25.01.2012 - 01:00ACABAN de estrenar Juan de los Muertos, película cubana financiada, entre otras, por la productora granadina Ático 7. Juan de los Muertos pertenece a un género muy poco frecuente en el cine cubano, la astracanada sangrienta. Es una película divertida, disparatada y llena de absurdos. Los protagonistas son un grupo de pequeños delincuentes, que sobreviven gracias a pequeños negocios: vender pescado que pescan ellos mismos (sin permiso legal, por supuesto), hurtos menores, tráfico de objetos robados... La pandilla, formada por gente de diversas edades, razas y sexos (con travesti incluido) tiene su oportunidad mayor de "salir adelante" al desatarse una especie de epidemia de zombis en La Habana.
Pero Juan de los Muertos es también una película corrosiva. La metáfora que propone, la de una Habana en ruinas y llena de zombis, con el hombre nuevo convertido en muerto viviente que deambula, o se arrastra, entre escombros, con la mirada perdida en el mar o en el invisible horizonte, más que metáfora, es hipérbole o caricatura de unas circunstancias límites bien cotidianas en la Cuba de hoy. Así parecen haberlo entendido los cubanos de la isla, quienes, en el último Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, hicieron unas colas enormes ante los pocos cines en que se exhibió y le otorgaron el Premio de la Popularidad.
He pensado en la película al aparecer la noticia de la muerte de Wilman Villar Mendoza, otro preso político cubano que muere después de varios meses en huelga de hambre. Muerte que se produce, una vez más, en medio de la sospecha fundamentada de haber sufrido maltratos en la cárcel y recibido una atención médica muy tardía. Como es habitual, el gobierno cubano declara que las protestas internacionales por la muerte de Villar Medoza son una intromisión en sus asuntos internos. Y un acto inaceptable. Villar, dice el gobierno de la isla, era un delincuente común. Y añade que las campañas no son más que pretextos para promover una invasión de la isla por parte de Estados Unidos.
En Juan de los Muertos, Cuba está llena de zombis. Y el gobierno, desde la televisión, nunca explica qué pasa, ni por qué, ni intenta averiguarlo. Su versión, la versión oficial, que nadie se cree, es que los zombis son disidentes y un producto fabricado por el gobierno norteamericano.
Cuesta muy caro en Cuba rebelarse, protestar, exigir derechos. Los que lo hacen reciben el descrédito, la ofensa, la muerte. Y es que para el gobierno cubano hay sólo una patria posible, una patria oscura y en ruinas, con ciudadanos sin derechos y sin voz: la patria de los zombis.
Pero Juan de los Muertos es también una película corrosiva. La metáfora que propone, la de una Habana en ruinas y llena de zombis, con el hombre nuevo convertido en muerto viviente que deambula, o se arrastra, entre escombros, con la mirada perdida en el mar o en el invisible horizonte, más que metáfora, es hipérbole o caricatura de unas circunstancias límites bien cotidianas en la Cuba de hoy. Así parecen haberlo entendido los cubanos de la isla, quienes, en el último Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, hicieron unas colas enormes ante los pocos cines en que se exhibió y le otorgaron el Premio de la Popularidad.
He pensado en la película al aparecer la noticia de la muerte de Wilman Villar Mendoza, otro preso político cubano que muere después de varios meses en huelga de hambre. Muerte que se produce, una vez más, en medio de la sospecha fundamentada de haber sufrido maltratos en la cárcel y recibido una atención médica muy tardía. Como es habitual, el gobierno cubano declara que las protestas internacionales por la muerte de Villar Medoza son una intromisión en sus asuntos internos. Y un acto inaceptable. Villar, dice el gobierno de la isla, era un delincuente común. Y añade que las campañas no son más que pretextos para promover una invasión de la isla por parte de Estados Unidos.
En Juan de los Muertos, Cuba está llena de zombis. Y el gobierno, desde la televisión, nunca explica qué pasa, ni por qué, ni intenta averiguarlo. Su versión, la versión oficial, que nadie se cree, es que los zombis son disidentes y un producto fabricado por el gobierno norteamericano.
Cuesta muy caro en Cuba rebelarse, protestar, exigir derechos. Los que lo hacen reciben el descrédito, la ofensa, la muerte. Y es que para el gobierno cubano hay sólo una patria posible, una patria oscura y en ruinas, con ciudadanos sin derechos y sin voz: la patria de los zombis.

