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Delincuentes urbanos
MIRADA ALREDEDOR
Delincuentes urbanos
Juan José Ruiz Molinero | Actualizado 04.02.2012 - 01:00LAS imágenes publicadas por este periódico sobre el atentado sufrido por las estatuas colocadas en la Avenida de la Constitución, se añaden a los muchos que sufre la ciudad, no sólo con las constantes pintadas sobre edificios particulares, si no sobre bienes culturales e históricos importantes -véanse las repugnantes agresiones contra el emblemático barrio del Albaicín, el inspirador de páginas universales de Albéniz, Rusiñol, Manuel Ángeles Ortiz, etcétera- o cualquier monumento, fachada, rincón, fuente, farola, árbol, jardín o elemento que constituye patrimonio de todos.
Define el estado cultural y psicológico de los autores de la última agresión el detalle de que utilizaran pintura roja -el color de la sangre- sobre las efigies de Federico García Lorca -al que de paso le cortaron una pierna-, Elena Martín Vivaldi, Eugenia de Montijo, Pedro Antonio de Alarcón o María la Canastera como si quisieran esos desalmados emular baños de sangre que sus antepasados fascistas cometieron sobre alguna de las figuras colocadas, en decisión municipal más o menos acertada, en la avenida granadina, donde seguro de que si no morían de una insolación acabarán pereciendo a manos de esos putrefactos que actúan con nocturnidad y alevosía, volviendo a escenificar un siniestro pasado de intolerancia y falta de respeto por la memoria de los que hoy son sólo monumentos.
Claro que aparte de la calaña ideológica de estos energúmenos, también habría que detenerse en la simbología que ante una facultad de Derecho, de la que supone salen los abogados, jueces y fiscales que integran el corpus que administra nuestra justicia, haya obsesión en mutilar a Carlos V, que se le ocurrió la idea de crear una Universidad en una ciudad como esta. ¡Observen como está ya el restaurado Jardín Botánico y otras fachadas de monumentos universitarios!
No sé si en nuestro ordenamiento jurídico estas gamberradas están consideradas como delitos, pero si no lo están deberían catalogarse así porque constituyen auténticos atentados urbanos y sobre sus autores debería caer el peso de la reparación del daño que provocan.
Las ordenanzas municipales no sirven de nada, la vigilancia es prácticamente inexistente, la educación por el respeto -incluyendo la de la Ciudadanía, que ahora también va a darse carpetazo, porque molesta a la derecha más conservadora- hace tiempo que ha desaparecido. Hay que poner freno a estos intolerables desmanes que señalan el bajo nivel cívico de la colectividad y la inoperancia de las "autoridades enanas", cuyo calificativo repito con la misma actualidad y énfasis que ponía Ganivet, desde las luces desvaídas y los ecos amarillos del 98, porque ellas no han cambiado demasiado en el tiempo transcurrido desde la denuncia del cofrade del Avellano.
Define el estado cultural y psicológico de los autores de la última agresión el detalle de que utilizaran pintura roja -el color de la sangre- sobre las efigies de Federico García Lorca -al que de paso le cortaron una pierna-, Elena Martín Vivaldi, Eugenia de Montijo, Pedro Antonio de Alarcón o María la Canastera como si quisieran esos desalmados emular baños de sangre que sus antepasados fascistas cometieron sobre alguna de las figuras colocadas, en decisión municipal más o menos acertada, en la avenida granadina, donde seguro de que si no morían de una insolación acabarán pereciendo a manos de esos putrefactos que actúan con nocturnidad y alevosía, volviendo a escenificar un siniestro pasado de intolerancia y falta de respeto por la memoria de los que hoy son sólo monumentos.
Claro que aparte de la calaña ideológica de estos energúmenos, también habría que detenerse en la simbología que ante una facultad de Derecho, de la que supone salen los abogados, jueces y fiscales que integran el corpus que administra nuestra justicia, haya obsesión en mutilar a Carlos V, que se le ocurrió la idea de crear una Universidad en una ciudad como esta. ¡Observen como está ya el restaurado Jardín Botánico y otras fachadas de monumentos universitarios!
No sé si en nuestro ordenamiento jurídico estas gamberradas están consideradas como delitos, pero si no lo están deberían catalogarse así porque constituyen auténticos atentados urbanos y sobre sus autores debería caer el peso de la reparación del daño que provocan.
Las ordenanzas municipales no sirven de nada, la vigilancia es prácticamente inexistente, la educación por el respeto -incluyendo la de la Ciudadanía, que ahora también va a darse carpetazo, porque molesta a la derecha más conservadora- hace tiempo que ha desaparecido. Hay que poner freno a estos intolerables desmanes que señalan el bajo nivel cívico de la colectividad y la inoperancia de las "autoridades enanas", cuyo calificativo repito con la misma actualidad y énfasis que ponía Ganivet, desde las luces desvaídas y los ecos amarillos del 98, porque ellas no han cambiado demasiado en el tiempo transcurrido desde la denuncia del cofrade del Avellano.


Las ordenanzas municipales deberían caer con todo su peso sobre los gamberros que pintorrean las esculturas y sobre los autores de las esculturas, por el adefesio en bronce que han hecho.