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Táctica y estrategia
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Táctica y estrategia
José Antonio Montilla | Actualizado 23.07.2008 - 01:00EL renovado secretario general del PSOE en la provincia planteaba como "objetivo estratégico" de su nuevo mandato recuperar el poder en las grandes ciudades, y, especialmente, en la capital. Supongo que, efectivamente, se refería a estrategia y no a mera táctica. En Motril o en Guadix puede valorarse el efecto electoral que han podido tener las luchas internas, siempre castigadas por el electorado; pero en la capital el erial electoral ha sido fruto de muchos años de tacticismo erróneo, esto es, de acciones espasmódicas por las cuales surgían candidatos que luego desaparecían, se configuraban listas de las que huían sus integrantes y otros espectáculos de similar jaez. El resultado ha sido el desconcierto de la Granada progresista, que también existe.
La estrategia es algo más profundo, y también más simple, como decía Benedetti en el poema del que he tomado el título de estas líneas, aunque aquí no se hable precisamente de amor. La estrategia obliga a construir un todo coherente a partir de repensar el objetivo desde el principio. En este caso, ese principio no es halagüeño pues conlleva el reconocimiento de que en la actualidad el PSOE de la ciudad no es competitivo frente al PP. Por ello, su primer objetivo, antes de pensar en elecciones, debería ser convertirse en alternativa a un poder bien enraizado, con extensos tentáculos. Para ello, no necesita un líder redentor, ante el que se abran las aguas del Jordán, presto a buscar otro acomodo si no ocurre el milagro. Precisa un grupo de personas, de cualquier sexo o condición social, cuyo horizonte político no se extienda más allá de los límites de la ciudad, que vivan y trabajen aquí; tomen el autobús cada mañana, desayunen en los bares, asistan a los conciertos y espectáculos deportivos, participen en las fiestas de los barrios, colaboren con las asociaciones de vecinos, etc. Y en todos esos lugares escuchen y hablen como unos ciudadanos comprometidos, convirtiéndose en representantes de una Granada distinta. De esa forma, podrá reconstruirse la red social que un día tuvo el socialismo granadino, y se esfumó.
El cambio es profundo, pero también simple, apuntaba antes, pues consiste en actuar como lo hace ese partido en la mayoría de los pueblos de la provincia. En definitiva, Granada capital es la suma de muchas Maracenas, una por cada barrio. Sólo entonces, una vez fortalecida la organización política de la oposición podría culminarse la estrategia con el cambio de un gobierno municipal en el que a falta de proyectos empiezan a ser habituales los episodios de surrealismo berbeliano.
La estrategia es algo más profundo, y también más simple, como decía Benedetti en el poema del que he tomado el título de estas líneas, aunque aquí no se hable precisamente de amor. La estrategia obliga a construir un todo coherente a partir de repensar el objetivo desde el principio. En este caso, ese principio no es halagüeño pues conlleva el reconocimiento de que en la actualidad el PSOE de la ciudad no es competitivo frente al PP. Por ello, su primer objetivo, antes de pensar en elecciones, debería ser convertirse en alternativa a un poder bien enraizado, con extensos tentáculos. Para ello, no necesita un líder redentor, ante el que se abran las aguas del Jordán, presto a buscar otro acomodo si no ocurre el milagro. Precisa un grupo de personas, de cualquier sexo o condición social, cuyo horizonte político no se extienda más allá de los límites de la ciudad, que vivan y trabajen aquí; tomen el autobús cada mañana, desayunen en los bares, asistan a los conciertos y espectáculos deportivos, participen en las fiestas de los barrios, colaboren con las asociaciones de vecinos, etc. Y en todos esos lugares escuchen y hablen como unos ciudadanos comprometidos, convirtiéndose en representantes de una Granada distinta. De esa forma, podrá reconstruirse la red social que un día tuvo el socialismo granadino, y se esfumó.
El cambio es profundo, pero también simple, apuntaba antes, pues consiste en actuar como lo hace ese partido en la mayoría de los pueblos de la provincia. En definitiva, Granada capital es la suma de muchas Maracenas, una por cada barrio. Sólo entonces, una vez fortalecida la organización política de la oposición podría culminarse la estrategia con el cambio de un gobierno municipal en el que a falta de proyectos empiezan a ser habituales los episodios de surrealismo berbeliano.

