señales de humo

Efectos secundarios

José Ignacio Lapido | Actualizado 24.07.2008 - 01:00
AHORA que dicen que la novela ha muerto es el momento de reivindicar el prospecto farmacológico como género narrativo. De una cosa estoy seguro: en esas hojillas cuidadosamente dobladas hay más intriga y emoción que en cualquier tocho de Ken Follet. Dentro de una caja de paracetamoles o ibuprofenos encontraremos pequeños catálogos de esperanzas y horrores a partes iguales, con su presentación, su nudo y su desenlace. Primero leemos el nombre del medicamento; luego, la descripción minuciosa de sus beneméritas capacidades curativas y su correcta dosificación. Es al final cuando, atónitos, descubrimos los peligros que esa medicina encierra: los temidos efectos adversos.

Como cualquier decisión en la vida, una pastilla que nos aliviará el dolor de muelas puede así mismo acarrearnos un sin fin de aciagas consecuencias. Un simple compuesto químico eficaz contra una afección de garganta nos quitará la carraspera, eso sí, pero nos expondrá a la diarrea, vómitos, úlcera de estómago, hinchazón de extremidades, shock anafiláctico y, en casos muy poco frecuentes, la muerte.

Pero los efectos secundarios no son exclusivos de la farmacopea. La legislación, que es como el vademécum de la política, también contiene contraindicaciones que, a diferencia de lo que ocurre en los prospectos, no estaban previstas por el legislador cuando ideó la norma. Tras la aparente excelencia de una ley hay toda una serie de derivaciones indeseadas que nos hacen reflexionar sobre su efectividad. Ahí va una información aparecida hace poco: "Las donaciones de órganos caen con el carné por puntos". Por lo visto, la disminución de fallecimientos que se ha producido desde que entró en vigor la nueva ley de tráfico ha mermado considerablemente las donaciones, sobre todo de jóvenes. En 1992 el 43 por ciento de los donantes provenía de accidentes de carretera. En 2007, sólo el 10 por ciento.

Otro ejemplo reciente de bienestar contraindicado los encontramos en el tema de los llamados "biocombustibles". El que los europeos y los norteamericanos respiremos un aire un poco más limpio ha traído como consecuencia nefasta que el precio de los cereales básicos, necesarios para la obtención del biodiésel, haya subido espectacularmente: el del trigo, el maíz y el arroz se ha duplicado en un año, y la crisis alimentaria en el tercer mundo no se ha hecho esperar. Dicho a la manera clásica: toda moneda tiene su reverso. Siempre habrá alguien que sufra en sus carnes la felicidad de otros.

Doctor, me duele la cabeza, ¿qué hago, me tomo una aspirina o mejor me aguanto?