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Vivir de Cerca(s)
| Actualizado 30.07.2008 - 01:00LOS padres disfrutan viendo crecer a los hijos, siendo testigos de progresos que nunca hubieran imaginado. Que se lo digan a los progenitores de Messi o Nadal. Aunque el caso no es el mismo, debo decir que he disfrutado como un enano observando desde el principio la evolución de Javier Cercas, desde que era un aprendiz de escritor, hace 20 años, hasta la merecidísima reputación que ostenta actualmente. Ha vendido más de un millón de ejemplares de Soldados de Salamina, obra que además se ha traducido a veinte idiomas, cuyo protagonista es un escritor llamado Javier Cercas. Aparte, ha publicado otras tres novelas, una de las cuales ya cuenta con más de 300.000 ejemplares y que, a mi modo de ver, es más grande que la que le llevó a la fama. Pero lo mejor de todo es que es un gran escritor, porque no siempre éxito y calidad van unidos. En su caso, no tengo la menor duda de que será uno de los de su generación que sobrevivirá a las cuotas poco generosas que impone la Historia de la Literatura.
A Javier se puede decir que lo vi nacer. Nos conocimos en 1988, recién licenciados y haciendo la tesis en la Universidad de Illinois. Allí, en un pueblo perdido al sur de Chicago, conversando en una pizzería, caímos en la cuenta de que nuestros padres habían sido compañeros de escuela en Ibahernando, un pueblo perdido en las afueras del Trujillo extremeño. Su padre había emigrado a Barcelona y el mío a Zaragoza, por lo que nuestras vidas empezaron a ser paralelas mucho antes de que lo llegáramos a saber, a 10.000 kilómetros de España. Desde entonces mantenemos una amistad que ha tenido un hiato larguísimo pero que la semana pasada ha vuelto a manifestarse con vehemencia, en un taller de narrativa que hemos impartido en Aranjuez. Allí, aparte de ponernos las botas hablando de literatura con los alumnos, hemos recordado viejos tiempos americanos, extremeños, etcétera. Quién sabe si hemos paseado de pequeños, los veranos, por las mismas calles, sin conocernos, sin saber que nuestros destinos estaban cruzados.
En Soldados de Salamina, uno de los protagonistas, al despedirse de otro personaje después de haber vivido juntos muchas emociones, le asegura: "Nos vemos en Stockton", recordando la película Fat City, de John Huston. El hombre que la pronuncia no quiere decir adiós para siempre, sino sólo un "hasta la próxima". Eso es lo que le repetí el fin de semana pasado a Javier, cuando terminamos el curso. La próxima vez, en Stockton, le recordaré que es para mí un lujo vivir de cerca cómo Javier Cercas, el escritor, vive de Cercas, el personaje.
A Javier se puede decir que lo vi nacer. Nos conocimos en 1988, recién licenciados y haciendo la tesis en la Universidad de Illinois. Allí, en un pueblo perdido al sur de Chicago, conversando en una pizzería, caímos en la cuenta de que nuestros padres habían sido compañeros de escuela en Ibahernando, un pueblo perdido en las afueras del Trujillo extremeño. Su padre había emigrado a Barcelona y el mío a Zaragoza, por lo que nuestras vidas empezaron a ser paralelas mucho antes de que lo llegáramos a saber, a 10.000 kilómetros de España. Desde entonces mantenemos una amistad que ha tenido un hiato larguísimo pero que la semana pasada ha vuelto a manifestarse con vehemencia, en un taller de narrativa que hemos impartido en Aranjuez. Allí, aparte de ponernos las botas hablando de literatura con los alumnos, hemos recordado viejos tiempos americanos, extremeños, etcétera. Quién sabe si hemos paseado de pequeños, los veranos, por las mismas calles, sin conocernos, sin saber que nuestros destinos estaban cruzados.
En Soldados de Salamina, uno de los protagonistas, al despedirse de otro personaje después de haber vivido juntos muchas emociones, le asegura: "Nos vemos en Stockton", recordando la película Fat City, de John Huston. El hombre que la pronuncia no quiere decir adiós para siempre, sino sólo un "hasta la próxima". Eso es lo que le repetí el fin de semana pasado a Javier, cuando terminamos el curso. La próxima vez, en Stockton, le recordaré que es para mí un lujo vivir de cerca cómo Javier Cercas, el escritor, vive de Cercas, el personaje.

