Rosa de los vientos

Al cole

Pilar Bensusan | Actualizado 15.09.2008 - 01:00
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PARA llanto de muchos y alegría de otros, hoy empieza el nuevo curso escolar. Después de unas frenéticas semanas en las que los padres no hemos dado abasto preparando libros, material escolar, uniformes, zapatos…, por fin los nenes hoy están en clase. Comienza pues un curso polémico en un país que está a la cola de toda Europa en educación. Y para abonar más aún este campo de calabazas cultivado año tras año por nuestros ilustradísimos gobernantes, los alumnos de Bachillerato podrán pasar de curso con cuatro asignaturas pendientes, lo que les permitirá literalmente "pasar del curso" y dedicarse a asuntos propios de su adolescencia, cuestión ésta que igualmente se repite con los alumnos de Secundaria, que podrán pasar al curso siguiente con tres calabazas en sus expedientes; y ello a pesar del confuso ejemplo que Fernández de la Vega nos puso tras el Consejo de Ministros del viernes pasado afirmando que con un "cero" en Educación para la Ciudadanía y otra asignatura suspensa "el alumno repetirá curso". Pues no, el propio Ministerio de Educación ha tenido que aclarar que se puede pasar de curso con tres cates y no sólo con dos, vaya que los papis se alarmen, que los niños tienen que acabar los estudios, aunque no sepan quiénes son los Reyes Católicos ni dónde está el Tajo.

Pero el cultivo de calabazas no acaba ahí, según la OCDE tenemos un fracaso escolar de récord olímpico, concretamente del 30%, y eso no es sino culpa de un sistema educativo que, desde que la democracia se consolidó, ha ido cambiando en función de los caprichos ideológicos de nuestros gobernantes en vez de instaurarse un sistema coherente, sólido y completamente al margen de todo cambio que no sea de naturaleza sola y exclusivamente de carácter científico. El fuera las tarimas, el viva el colegueo alumno-profesor y el adiós a los castigos y a la disciplina ya vemos los magníficos resultados educativos que está dando, independientemente de los graves problemas de agresiones a profesores o entre los propios alumnos.

Y ante este inmejorable panorama escolar, en vez de buscar soluciones perdurables para la educación, el Gobierno sólo piensa en adoctrinar al personal en su voluble y confusa juventud con la ya famosa asignatura de Educación para la Ciudadanía, mientras que los ya colapsados juzgados de nuestro país tienen que hacer frente, a día de hoy, a medio millar de recursos contencioso-administrativos contra la polémica asignatura, porque a cada familia le asiste el derecho de educar a sus hijos en los principios morales que mejor consideren.

Con este caos educativo, recuerden, si con educación se va a todas partes, a maleducados, los españoles.
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