El miedo
cámara subjetiva
El miedo
Ángeles Mora | Actualizado 21.11.2008 - 01:00RECUERDO las conversaciones a medias, en voz baja, de los mayores durante mi niñez. El miedo era el silencio que habla más que la boca. De vez en cuando entre frases entrecortadas sonaba la palabra guerra. Recuerdo aquel miedo que se ha prolongado en el tiempo. Hoy, 20 de noviembre, fecha de tan trágico simbolismo, mientras escribo esta columna, me parece el mejor día para hablar de aquella humillación que acompañó nuestra vida durante la guerra, durante la dictadura, durante la Transición: el miedo al franquismo. Se dice -y es verdad- que los políticos de la Transición hicieron un gran esfuerzo para traer la democracia a nuestro país, que consiguieron el necesario consenso a base de ceder bastante, unos y otros en las negociaciones. Era un modo de escapar hacia adelante, a pesar de tanto dolor escondido, porque un miedo muy espeso se respiraba aún.
La Ley de la Amnistía fue una manera -falsa- de cerrar las heridas, pero sin aprobarla no se hubiera llegado a ningún consenso. Y es que había sonado la hora de que los franquistas también tuvieran miedo. Así, con la ley de la Amnistía como parapeto, han pasado más de treinta años de democracia sin que todavía el franquismo haya reconocido ni reparado de ninguna manera sus crímenes.
Hay cosas de las que aún hoy cuesta mucho hablar. Y se diga lo que se diga de él, Garzón ha puesto el dedo en la llaga: es hora de que se desenmascaren las atrocidades franquistas. Es hora de que se investigue aquella represión despiadada, hecha -para más vergüenza- en nombre de Dios, de la fe, de los principios sacrosantos de la Iglesia… Cuánto cinismo.
Nos dicen que no debemos reabrir las heridas, pero las heridas sin curar se vuelven a abrir solas. El juicio al franquismo es inevitable, porque lo está haciendo la historia. Se darán los pasos necesarios, sin duda, a pesar del miedo. Miedo ha demostrado el Gobierno y pavor ha demostrado la oposición a que el juez Garzón abra un juicio contra el franquismo, como lo abrió contra Pinochet. Los crímenes del franquismo no se pueden esconder detrás de la ley de Amnistía, porque son crímenes contra la humanidad y el Derecho Internacional está por encima de cualquier ley hecha a medida de unos pocos. Lo saben los juristas, pero nuestras leyes lo quieren negar ¿O es que nos dura todavía el miedo a la democracia como yo tengo miedo a los fantasmas que rodean este artículo?
No basta con decir que las familias de los asesinados y desaparecidos tienen derecho a enterrar dignamente a sus muertos: ¡faltaría menos!
La Ley de la Amnistía fue una manera -falsa- de cerrar las heridas, pero sin aprobarla no se hubiera llegado a ningún consenso. Y es que había sonado la hora de que los franquistas también tuvieran miedo. Así, con la ley de la Amnistía como parapeto, han pasado más de treinta años de democracia sin que todavía el franquismo haya reconocido ni reparado de ninguna manera sus crímenes.
Hay cosas de las que aún hoy cuesta mucho hablar. Y se diga lo que se diga de él, Garzón ha puesto el dedo en la llaga: es hora de que se desenmascaren las atrocidades franquistas. Es hora de que se investigue aquella represión despiadada, hecha -para más vergüenza- en nombre de Dios, de la fe, de los principios sacrosantos de la Iglesia… Cuánto cinismo.
Nos dicen que no debemos reabrir las heridas, pero las heridas sin curar se vuelven a abrir solas. El juicio al franquismo es inevitable, porque lo está haciendo la historia. Se darán los pasos necesarios, sin duda, a pesar del miedo. Miedo ha demostrado el Gobierno y pavor ha demostrado la oposición a que el juez Garzón abra un juicio contra el franquismo, como lo abrió contra Pinochet. Los crímenes del franquismo no se pueden esconder detrás de la ley de Amnistía, porque son crímenes contra la humanidad y el Derecho Internacional está por encima de cualquier ley hecha a medida de unos pocos. Lo saben los juristas, pero nuestras leyes lo quieren negar ¿O es que nos dura todavía el miedo a la democracia como yo tengo miedo a los fantasmas que rodean este artículo?
No basta con decir que las familias de los asesinados y desaparecidos tienen derecho a enterrar dignamente a sus muertos: ¡faltaría menos!

