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Un hombre con suerte
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Un hombre con suerte
Bernardo Díaz Nosty | Actualizado 21.11.2008 - 01:00AZNAR lo habría tenido más fácil con el anfitrión del viejo orden, que no hubiese dudado en situarlo en la primera línea y convertir sus inefables recetas en argumentos para salvar al planeta del desastre. Bush, el último de las Azores, ha oficiado su funeral político, no sin antes hacer un diagnóstico de la crisis y promover una automedicación para un mal provocado por sus propios excesos. En un escenario de relevos, el empeño de Zapatero en acudir a Estados Unidos pudo tener un efecto decepcionante, especialmente si no hubiese conseguido un billete para Washington. Zapatero es, no se olvide, un hombre con suerte.
Muchos se preguntaban cuál era el empeño de nuestro presidente, ajeno a la crítica fácil de la oposición y a los tirachinas de los medios, si es que no se guardaba un as bajo la manga. De todas las opciones posibles, como ya ha ocurrido en otras situaciones, la fortuna ha sonreído a Zapatero con una de las mejores, sin merma en su imagen nacional e internacional. Lo importante no era posar junto a Bush -a estas alturas, el fotomatón de la Casa Blanca ya no revela-, sino reivindicar una posición de protagonismo e interlocución en un escenario geopolítico nuevo. Estar en la pole, que no es exactamente salir del rincón de la Historia, como se ha dicho, repitiendo a un Aznar que, de regreso de las Azores, parecía responder a la aspiración de Franco de situar a España "en el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones".
Se ha avanzado, mucho en términos simbólicos, con el encuentro de Washington, y ese avance, si duda, es ya un recorte temporal de la crisis. Pero no nos engañemos con las fanfarrias cortesanas de Bush. Porque parece como si, de pronto, se hubiese dado carpetazo a los síntomas de caducidad de un modelo, o que el oxígeno público de los Estados, que hará crujir por años sus entrañas presupuestarias, estuviese en la lógica liberal-especulativa, o que las fuertes explosiones financieras están siendo cohetes de feria.
Es otro el momento. Hora de rescatar la política, de pensar en los gobiernos como algo más que oficinas de empleo y seguridad social; de aislar, con un cordón cívico-sanitario, el espacio público. Las propuestas de cambio no pueden ser redactadas por el mismo lobo vestido con piel de cordero y convenir que el zorro se convierta en regulador del corral.
La rapidez con la que los mandatarios del mundo, sin mayores discrepancias, se han puesto manos a la obra, no sólo servirá de base a una acción colegiada mucho más eficaz, sino que permitirá, con el relevo en la Casa Blanca, sentar las bases de un nuevo paradigma global. Zapatero, que probablemente nació de pie, podría llegar sobrado a las urnas de 2012.
Muchos se preguntaban cuál era el empeño de nuestro presidente, ajeno a la crítica fácil de la oposición y a los tirachinas de los medios, si es que no se guardaba un as bajo la manga. De todas las opciones posibles, como ya ha ocurrido en otras situaciones, la fortuna ha sonreído a Zapatero con una de las mejores, sin merma en su imagen nacional e internacional. Lo importante no era posar junto a Bush -a estas alturas, el fotomatón de la Casa Blanca ya no revela-, sino reivindicar una posición de protagonismo e interlocución en un escenario geopolítico nuevo. Estar en la pole, que no es exactamente salir del rincón de la Historia, como se ha dicho, repitiendo a un Aznar que, de regreso de las Azores, parecía responder a la aspiración de Franco de situar a España "en el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones".
Se ha avanzado, mucho en términos simbólicos, con el encuentro de Washington, y ese avance, si duda, es ya un recorte temporal de la crisis. Pero no nos engañemos con las fanfarrias cortesanas de Bush. Porque parece como si, de pronto, se hubiese dado carpetazo a los síntomas de caducidad de un modelo, o que el oxígeno público de los Estados, que hará crujir por años sus entrañas presupuestarias, estuviese en la lógica liberal-especulativa, o que las fuertes explosiones financieras están siendo cohetes de feria.
Es otro el momento. Hora de rescatar la política, de pensar en los gobiernos como algo más que oficinas de empleo y seguridad social; de aislar, con un cordón cívico-sanitario, el espacio público. Las propuestas de cambio no pueden ser redactadas por el mismo lobo vestido con piel de cordero y convenir que el zorro se convierta en regulador del corral.
La rapidez con la que los mandatarios del mundo, sin mayores discrepancias, se han puesto manos a la obra, no sólo servirá de base a una acción colegiada mucho más eficaz, sino que permitirá, con el relevo en la Casa Blanca, sentar las bases de un nuevo paradigma global. Zapatero, que probablemente nació de pie, podría llegar sobrado a las urnas de 2012.

