Calzados Solier: la tradición del abuelo Antonio González

| Actualizado 21.11.2008 - 01:00
Las zapaterías Solier son el último eslabón de una tradición familiar dedicada al calzado desde que Antonio González Solier (y no Miguel González Hinojosa, como se publicó en otra Lupa anterior) empezó a principios de siglo trabajando en La Cordobesa cuando apenas era un joven adolescente. Con el tiempo, González Solier adquirió la zapatería en la que trabajaba y creó nuevas tiendas repartidas por toda Granada, ayudado progresivamente por sus hijos Miguel, José, Ricardo, Roberto y María, que estuvo trabajando de cajera hasta que se lo permitieron las fuerzas.

Alhambra, Ocasión, Monterería, Angolier o Don Zapato fueron algunos de los establecimientos que se crearon en vida de este empresario que dedicó su carrera a calzar con calidad a los granadinos. A raíz de la muerte de Antonio, cada hermano siguió con el negocio y fundaron nuevas marcas como las zapaterías Solier, que regenta Roberto, el más pequeño de los hermanos González o incluso en otras localidades como Motril.

La industria del calzado ha cambiado mucho, la venta también. Cuando González Solier cerraba las puertas de La Cordobesa se dedicaba a hacer el calzado que seguía vendiendo en los días posteriores. Ahora se compran hechos en zonas de fabricación tradicional: Alicante, Valencia y Castellón. Pero siguen con la calidad del zapato de piel español, que se enfrenta a una dura pugna con el mercado chino por la diferencia de precio, pero no por la calidad y duración de los productos. En la zapatería Solier, situada al lado en la esquina de la calle Recogidas, se centran en calzado juvenil, colorido y lleno de vida, puesto que son los más jóvenes, los estudiantes, los que los visitan cada día.
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