Plan E
señales de humo
Plan E
José Ignacio Lapido | Actualizado 15.01.2009 - 01:00GUARDO un pasquín del PSOE de las últimas elecciones generales. Lo reconozco, a veces el morbo me puede. En la octavilla se puede leer: "Motivos para creer: por el pleno empleo". Sólo han pasado nueve meses por ese papelito y ya parece más antiguo que los manuscritos del Mar Muerto, la piedra Rosetta y el Código de Hammurabi juntos. Pura arqueología política. Palabras vanas que me reafirman en la necesidad de prohibir las campañas electorales tal y como se desarrollan en la actualidad por su costosa inutilidad. Nueve meses en los que el espejismo del pleno empleo se lo ha llevado por delante un vendaval de ruina que ha traído un millón más de parados.
Con estas espeluznantes cifras es comprensible que el Gobierno prefiera la simpática realidad virtual de internet a la aciaga realidad callejera donde las colas del paro se entrelazan y conforman un ovillo de desesperanza y frustración. Por ello ha abierto una web en el ciberespacio con la que, según dicen, van a hacer frente a la crisis. Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo. Si me he saltado alguna E que me corrija el subsecretario de Ideas Geniales. A Zapatero le salió bien aquello de ZP y ahora vuelve a las andadas con la letra E. A falta de soluciones al problema bien vale una campaña publicitaria que lo enmascare.
Pero el abecedario no miente: cuando un gobierno propone un plan E es porque el A, el B, el C y el D han fallado. El plan A era el pleno empleo. La promesa electoral de Zapatero fue que en 2012 la tasa de desempleo sería inferior al 5 %, una minucia. Eran los tiempos en que presidente afirmó que "exagerar la situación económica es antipatriota". Conforme las grúas dejaron de girar sobre su eje y los andamios se fueron desmontando urgía pasar al plan B, que consistía en negar lo evidente mediante el uso falsario del lenguaje. De la "desaceleración" pasamos a la "recesión leve" y de ahí al "crecimiento negativo", cumbre del absurdo conceptual. Cuando los datos empezaron a hacer imposible el cumplimiento de la promesa inicial -no creo que nadie en sus cabales se la creyera- Solbes nos lo aclaró todo: "El pleno empleo era más una ambición que un análisis técnico". Una vez reconocida la gravedad de la situación llegaron los planes C y D: dar dinero a espuertas a los bancos para que estos lo hicieran llegar a las empresas y a los consumidores. No se conoce ningún empresario ni particular que haya recibido ni un solo euro de ese pastón salido de las arcas públicas.
Ahora se han sacado de la manga este plan E que bien podría ser redefinido en la inanidad de sus objetivos: esperar a que escampe.
Con estas espeluznantes cifras es comprensible que el Gobierno prefiera la simpática realidad virtual de internet a la aciaga realidad callejera donde las colas del paro se entrelazan y conforman un ovillo de desesperanza y frustración. Por ello ha abierto una web en el ciberespacio con la que, según dicen, van a hacer frente a la crisis. Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo. Si me he saltado alguna E que me corrija el subsecretario de Ideas Geniales. A Zapatero le salió bien aquello de ZP y ahora vuelve a las andadas con la letra E. A falta de soluciones al problema bien vale una campaña publicitaria que lo enmascare.
Pero el abecedario no miente: cuando un gobierno propone un plan E es porque el A, el B, el C y el D han fallado. El plan A era el pleno empleo. La promesa electoral de Zapatero fue que en 2012 la tasa de desempleo sería inferior al 5 %, una minucia. Eran los tiempos en que presidente afirmó que "exagerar la situación económica es antipatriota". Conforme las grúas dejaron de girar sobre su eje y los andamios se fueron desmontando urgía pasar al plan B, que consistía en negar lo evidente mediante el uso falsario del lenguaje. De la "desaceleración" pasamos a la "recesión leve" y de ahí al "crecimiento negativo", cumbre del absurdo conceptual. Cuando los datos empezaron a hacer imposible el cumplimiento de la promesa inicial -no creo que nadie en sus cabales se la creyera- Solbes nos lo aclaró todo: "El pleno empleo era más una ambición que un análisis técnico". Una vez reconocida la gravedad de la situación llegaron los planes C y D: dar dinero a espuertas a los bancos para que estos lo hicieran llegar a las empresas y a los consumidores. No se conoce ningún empresario ni particular que haya recibido ni un solo euro de ese pastón salido de las arcas públicas.
Ahora se han sacado de la manga este plan E que bien podría ser redefinido en la inanidad de sus objetivos: esperar a que escampe.

