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Cursos de FPO
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Cursos de FPO
Milena Rodríguez / Gutiérrez | Actualizado 17.03.2009 - 01:00NUNCA he entendido por qué llaman Formación Profesional Ocupacional a ese grupo curioso, y similar, de cursos que se ofrecen para parados (¿las otras formaciones no son una ocupación?; ¿se tratará, acaso, de que los parados ocupen su tiempo en alguna cosa y dejen de molestar?).
Según nos contaba ayer este periódico, el Servicio Andaluz de Empleo convoca los cursos de FPO este año con un nuevo, y aún más curioso nombre; los llama Medidas de Impulso de la Sociedad del Conocimiento. En el periódico aparecen muchos de los Cursos de FPO que se ofertan este año. Si se busca la página de la Consejería de Empleo es posible ampliar la información. Están los cursos que no faltan nunca, como el típico de Iniciación a Internet o de Secretariado de Dirección; u otros donde, supuestamente, se aprende algo de un idioma, Inglés de atención al público o Lengua de signos.
Los más llamativos, probablemente, sean esos que funcionan como espejo del propio curso; es decir, enseñan a ser Formador Ocupacional o, aún más sofisticadamente, te enseñan la Formación Técnica en Orientación Profesional para el Empleo. No faltan tampoco, los originales, como el de Guía de la naturaleza, o el de Técnico de Comercio Exterior, formación que, al parecer, es posible adquirir en 3 meses, sin necesidad de prácticas profesionales. Todos, o casi todos, sin ningún compromiso de contratación.
Dice la Consejería de Empleo que ha invertido 300 millones de euros en los 9.200 cursos previstos. Y uno se pregunta si tiene sentido todo ese gasto. Porque los cursos para parados son una especie de cursos de academia, pero pagados por la administración pública. Más que para dar trabajo a los parados, sirven para garantizarlo a los profesores de los cursos que, cada año, cobran por entretener un rato a los parados. En lugar de diseñar cursos específicos y especiales para parados, una se pregunta si no sería más sensato, y rentable, que la Consejería de Empleo ofreciera a cada parado hacerse cargo, económicamente, de la formación que éste necesitara y decidiera, pagando diferentes cursos ya existentes que resultaran, desde luego, acordes con la formación y motivaciones de cada uno.
Este sistema supondría, probablemente, menos gastos y mayor eficacia. Además de poner en práctica dos principios que suelen estar siempre en boca de la administración pero que parece olvidar cuando se trata de parados. Es decir, el principio de la diversidad (mejor que los parados no estudien solamente con parados) y el de atender a las necesidades individuales.
Según nos contaba ayer este periódico, el Servicio Andaluz de Empleo convoca los cursos de FPO este año con un nuevo, y aún más curioso nombre; los llama Medidas de Impulso de la Sociedad del Conocimiento. En el periódico aparecen muchos de los Cursos de FPO que se ofertan este año. Si se busca la página de la Consejería de Empleo es posible ampliar la información. Están los cursos que no faltan nunca, como el típico de Iniciación a Internet o de Secretariado de Dirección; u otros donde, supuestamente, se aprende algo de un idioma, Inglés de atención al público o Lengua de signos.
Los más llamativos, probablemente, sean esos que funcionan como espejo del propio curso; es decir, enseñan a ser Formador Ocupacional o, aún más sofisticadamente, te enseñan la Formación Técnica en Orientación Profesional para el Empleo. No faltan tampoco, los originales, como el de Guía de la naturaleza, o el de Técnico de Comercio Exterior, formación que, al parecer, es posible adquirir en 3 meses, sin necesidad de prácticas profesionales. Todos, o casi todos, sin ningún compromiso de contratación.
Dice la Consejería de Empleo que ha invertido 300 millones de euros en los 9.200 cursos previstos. Y uno se pregunta si tiene sentido todo ese gasto. Porque los cursos para parados son una especie de cursos de academia, pero pagados por la administración pública. Más que para dar trabajo a los parados, sirven para garantizarlo a los profesores de los cursos que, cada año, cobran por entretener un rato a los parados. En lugar de diseñar cursos específicos y especiales para parados, una se pregunta si no sería más sensato, y rentable, que la Consejería de Empleo ofreciera a cada parado hacerse cargo, económicamente, de la formación que éste necesitara y decidiera, pagando diferentes cursos ya existentes que resultaran, desde luego, acordes con la formación y motivaciones de cada uno.
Este sistema supondría, probablemente, menos gastos y mayor eficacia. Además de poner en práctica dos principios que suelen estar siempre en boca de la administración pero que parece olvidar cuando se trata de parados. Es decir, el principio de la diversidad (mejor que los parados no estudien solamente con parados) y el de atender a las necesidades individuales.

