- Granada Hoy, Noticias de Granada y su Provincia
- Opinión
- 'Otsoko': para comerte mejor
'Otsoko': para comerte mejor
'Otsoko': para comerte mejor
Durante menos de una hora, el anfiteatro de la azotea del palacio de Congresos se convirtió en un bosque en el que se perdieron los espectadores con Caperucita
José Miguel Bolívar | Actualizado 04.07.2009 - 01:00La manada se movía veloz y sin descanso. Todos juntos, muy juntos, buscando un territorio para dominar". Así comienza el espectáculo Otsoko, con una rotunda voz en off que presenta los lobos al espectador cuando salen a escena.
Van tocados con una especie de bozales, parecidos a las máscaras de los samurais -con una ristra de luces a sus espaldas- y su vestuario también remite a ese tipo de ropajes. Aparecen juntos , "muy juntos" como dice el narrador, un grupo de cinco bailarines que representa a la manada e irrumpe en el escenario en tromba. Alguno se llevo un susto. Cada bailarín se sirve de un par de muletas que simbolizan las cuatro patas de cada lobo. Este tipo de recursos simbólicos o alegóricos son una constante en Otsoko, cuyo argumento parte de la clásica fábula de Caperucita y el lobo pero va más allá del cuento y tiene su propio espectro de referencias.
El concurso de una voz en off en el desarrollo de la trama, a modo de narrador, ayuda a ubicar al espectador en los distintos momentos del célebre cuento. En ocasiones, los personajes también se presentan con dobleces yalgunos de los lobos de la manada no se sabe si son buenos o malos hasta el final. Como la vida misma. Es habituial en los montajes de calle de Gaitzerdi teatro que se utilicen los elementos. El agua proyectada sobre las luces o el fuego, que no pudieron hacerlo en el suelo como en otras ocasiones y lo sustituyeron por humo de colores, le aportan mucha viveza al espectáculo.
Cabe destacar el audaz hallazgo del bosque, creado con palos de madera, que sirven para algunos de los números más acrobáticos y empieza siendo un espacio diáfano para irse volviendo cada vez más siniestro, en buena medida, gracias al humo azul que utiliza la compañía para dar sensación de bruma. Un balancín en escena sirve para ubicar a la abuelita en su mecedora y la imaginacion del público hace el resto.
Cada uno se vuelve a casa con la sensación de haber presenciado un cuento distinto. Caperucita se viste de loba y el público hasta se 'aloba' en los aplausos finales. Porque en Otsoko todo está para comernos mejor.
Van tocados con una especie de bozales, parecidos a las máscaras de los samurais -con una ristra de luces a sus espaldas- y su vestuario también remite a ese tipo de ropajes. Aparecen juntos , "muy juntos" como dice el narrador, un grupo de cinco bailarines que representa a la manada e irrumpe en el escenario en tromba. Alguno se llevo un susto. Cada bailarín se sirve de un par de muletas que simbolizan las cuatro patas de cada lobo. Este tipo de recursos simbólicos o alegóricos son una constante en Otsoko, cuyo argumento parte de la clásica fábula de Caperucita y el lobo pero va más allá del cuento y tiene su propio espectro de referencias.
El concurso de una voz en off en el desarrollo de la trama, a modo de narrador, ayuda a ubicar al espectador en los distintos momentos del célebre cuento. En ocasiones, los personajes también se presentan con dobleces yalgunos de los lobos de la manada no se sabe si son buenos o malos hasta el final. Como la vida misma. Es habituial en los montajes de calle de Gaitzerdi teatro que se utilicen los elementos. El agua proyectada sobre las luces o el fuego, que no pudieron hacerlo en el suelo como en otras ocasiones y lo sustituyeron por humo de colores, le aportan mucha viveza al espectáculo.
Cabe destacar el audaz hallazgo del bosque, creado con palos de madera, que sirven para algunos de los números más acrobáticos y empieza siendo un espacio diáfano para irse volviendo cada vez más siniestro, en buena medida, gracias al humo azul que utiliza la compañía para dar sensación de bruma. Un balancín en escena sirve para ubicar a la abuelita en su mecedora y la imaginacion del público hace el resto.
Cada uno se vuelve a casa con la sensación de haber presenciado un cuento distinto. Caperucita se viste de loba y el público hasta se 'aloba' en los aplausos finales. Porque en Otsoko todo está para comernos mejor.

