Perrillas
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Perrillas
| Actualizado 04.07.2009 - 01:00SUPONGO que en el PSOE, de Granada, como ha dicho el presidente del PP Sebastián Pérez, deben andar "escocidos". Escocidos, picados, desazonados y reconcomidos. Es para estarlo, desde luego. A cuerno quemado les ha debido oler las manifestaciones de la consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, cuando el jueves, contra todo pronóstico, abrió la posibilidad de alterar el trazado del Metro por el Zaidín y soterrar las vías. No es ésta una cuestión puramente técnica, qué va. El soterramiento del Metro se convirtió hace tiempo en una controversia política, y de las más afiladas, entre José Torres Hurtado y el Partido Socialista. Y como tal batalla, la mera posibilidad de cambiar ahora de criterio es un éxito parcial del contendiente. Algo de eso debió intuir el alcalde cuando, nada más ser nombrada consejera la ex alcaldesa de Córdoba, solicitó una entrevista para plantearle el dichoso asunto del Metro por el Zaidín.
Ahora los socialistas granadinos disponen hasta el día 13 de julio, fecha de la reunión en Sevilla entre Aguilar y Torres Hurtado, para convencer a la recién llegada consejera no sólo de lo inadecuado de la solución, sino de la tozudez del alcalde, de lo que se juegan en el plano político los socialistas si pierden este pulso, etcétera. Pero, en fin, son los inconvenientes clásicos que suelen ocurrir con los fichajes de independientes. Van a su aire y no tienen compromisos adquiridos con el partido que los acoge. Estudian todos los asuntos de nuevas y tratan de congraciarse con todos. En este caso con una alcalde. Ella, Rosa, que ha sido alcaldesa y de las buenas, según dicen los cordobeses.
Pero volvamos al Zaidín. Yo no sé qué solución es más conveniente, si por aquí o si por allá. Es más, puede que la conveniencia, a estas alturas, sea una cuestión de segundo orden. Lo que sí sostengo es que, en estos momentos, con el trazado de Metro discutido hasta la saciedad, cerrado, presupuestado y en marcha es un disparate. Un disparate político, por supuesto. Porque habría que alterar parte de lo hecho, cambiar los planes y retrasar el fin de la obra entre doce y quince meses. Y toda esa suma de inconvenientes se podía haber evitado.
Ahora bien, de todo este embrollo lo único que salvo para la historia de la ciudad es el estilo de Torres Hurtado cuando discutía con los técnicos de la Junta: "Pero si son unas perrillas [40 millones de euros]. Además ¿tú las vas a pagar? Pues te callas". ¡Diplomacia vaticana! ¡Qué tío!
Ahora los socialistas granadinos disponen hasta el día 13 de julio, fecha de la reunión en Sevilla entre Aguilar y Torres Hurtado, para convencer a la recién llegada consejera no sólo de lo inadecuado de la solución, sino de la tozudez del alcalde, de lo que se juegan en el plano político los socialistas si pierden este pulso, etcétera. Pero, en fin, son los inconvenientes clásicos que suelen ocurrir con los fichajes de independientes. Van a su aire y no tienen compromisos adquiridos con el partido que los acoge. Estudian todos los asuntos de nuevas y tratan de congraciarse con todos. En este caso con una alcalde. Ella, Rosa, que ha sido alcaldesa y de las buenas, según dicen los cordobeses.
Pero volvamos al Zaidín. Yo no sé qué solución es más conveniente, si por aquí o si por allá. Es más, puede que la conveniencia, a estas alturas, sea una cuestión de segundo orden. Lo que sí sostengo es que, en estos momentos, con el trazado de Metro discutido hasta la saciedad, cerrado, presupuestado y en marcha es un disparate. Un disparate político, por supuesto. Porque habría que alterar parte de lo hecho, cambiar los planes y retrasar el fin de la obra entre doce y quince meses. Y toda esa suma de inconvenientes se podía haber evitado.
Ahora bien, de todo este embrollo lo único que salvo para la historia de la ciudad es el estilo de Torres Hurtado cuando discutía con los técnicos de la Junta: "Pero si son unas perrillas [40 millones de euros]. Además ¿tú las vas a pagar? Pues te callas". ¡Diplomacia vaticana! ¡Qué tío!

