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Endurecer las penas
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Endurecer las penas
José Antonio Montilla | Actualizado 22.07.2009 - 01:00RESULTA casi una costumbre abrir el debate sobre el endurecimiento de las penas ante cualquier hecho delictivo con repercusión social. Ocurrió hace unos meses con la muerte de Mari Luz o la desaparición de Marta del Castillo. Ahora, ante varias violaciones múltiples con participación de menores asistimos a un nuevo debate sobre la rebaja de la edad penal a los doce años. La respuesta justiciera es la más primaria de una sociedad, pero, por ello mismo, no es la más adecuada. Cualquiera puede ponerse en el lugar de las familias de esas menores y comprender, desde esa posición, el deseo de que los autores del delito pasen el mayor tiempo posible en la cárcel. Ante ello, importa recordar que las penas no son en España más benignas que en otros países, ni tampoco su cumplimiento, especialmente tras la limitación de la redención de penas por el trabajo. Pero lo trascendente es discernir la relación de estos terribles sucesos con una hipotética benignidad de las penas, esto es, si se podrían haber evitado con la implantación de la cadena perpetua o con la aplicación de la ley penal a los niños de 12 años. La respuesta es negativa porque esa no es la causa.
Me sorprende que se hable tanto del tiempo que deberían permanecer en la cárcel los autores del delito y, sin embargo, apenas se incida en que estos sucesos tienen un rasgo común: nos hallamos ante jóvenes varones que agreden a menores con un móvil sexual. El debate social debería girar en torno a qué está fallando para que un machito de barrio o grupos de adolescentes atenten contra la libertad sexual de la mujer. La causa no está en el castigo que se aplica a esa acción o en la inimputabilidad de los niños. En otra dirección, estamos ante una manifestación más de la enraizada cultura machista. Por ello, las familias afectadas por estos trágicos sucesos podrían encauzar la empatía social que generan en ese combate para erradicar el machismo de nuestra sociedad, desde sus expresiones aparentemente más pueriles hasta las consecuencias más graves.
En este contexto, debemos plantearnos por qué ha rebrotado el machismo en nuestros jóvenes. Las razones son múltiples pero seguramente resulta central la sensación de que las mujeres están ocupando un lugar preferente en la sociedad desde el que ejercen también su libertad sexual. Frente a ello los jóvenes varones oponen la fuerza bruta y la dominación sexual en la que continúan siendo socializados. Por ello, la estrategia frente a ese problema no puede basarse en el Código Penal sino en una formación educativa basada en la igualdad y en la intransigencia social frente a cualquier expresión machista.
Me sorprende que se hable tanto del tiempo que deberían permanecer en la cárcel los autores del delito y, sin embargo, apenas se incida en que estos sucesos tienen un rasgo común: nos hallamos ante jóvenes varones que agreden a menores con un móvil sexual. El debate social debería girar en torno a qué está fallando para que un machito de barrio o grupos de adolescentes atenten contra la libertad sexual de la mujer. La causa no está en el castigo que se aplica a esa acción o en la inimputabilidad de los niños. En otra dirección, estamos ante una manifestación más de la enraizada cultura machista. Por ello, las familias afectadas por estos trágicos sucesos podrían encauzar la empatía social que generan en ese combate para erradicar el machismo de nuestra sociedad, desde sus expresiones aparentemente más pueriles hasta las consecuencias más graves.
En este contexto, debemos plantearnos por qué ha rebrotado el machismo en nuestros jóvenes. Las razones son múltiples pero seguramente resulta central la sensación de que las mujeres están ocupando un lugar preferente en la sociedad desde el que ejercen también su libertad sexual. Frente a ello los jóvenes varones oponen la fuerza bruta y la dominación sexual en la que continúan siendo socializados. Por ello, la estrategia frente a ese problema no puede basarse en el Código Penal sino en una formación educativa basada en la igualdad y en la intransigencia social frente a cualquier expresión machista.

