la esquina

Pulso entre dos amigos

| Actualizado 19.11.2009 - 01:00
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HAY que acostumbrarse a escuchar y leer entre líneas lo que dicen y lo que escriben los políticos para enterarse de por lo menos la mitad de lo que realmente hacen, piensan y quieren señalar. Si uno los atiende al pie de la letra, acaba por no entenderlos ni conocerlos.

Fíjense en el almuerzo, el martes, del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, con los ocho secretarios provinciales socialistas. Si nos atenemos al guión oficial y al comunicado que se mandó a los informadores, allí no se habló más que del bienestar de los andaluces y de cómo sacarlos de la crisis. Por supuesto, como viene haciendo ya el Gobierno Griñán con su concertación social, su política social y sus leyes locales, que merecieron el respaldo unánime de los ocho invitados.

Pero dejémonos de comunicados, paripés y zarandajas: la reunión la convocó Griñán para conocer el grado de apoyo que concitaba entre los dirigentes socialistas su idea -que empieza a ser obsesión-, de asumir el liderazgo orgánico del PSOE andaluz sustituyendo como secretario general a su amigo Manuel Chaves. Y si ese era el objetivo, se puede decir que fracasó. Solamente el jefe del PSOE de Jaén, Gaspar Zarrías, vio normal el final anticipado de la bicefalia socialista. Los otros siete únicamente encontraron inconvenientes y conflictos en la convocatoria de un congreso regional extraordinario. Todos temen reabrir procesos asamblearios en los que sus enemigos internos puedan levantar cabeza.

El comunicado oficial, naturalmente, miente. Con un tonillo norcoreano afirma que "los ocho secretarios provinciales han reconocido al presidente de la Junta su indiscutible liderazgo social y su condición de máxima autoridad política del proyecto socialista andaluz, hoy y para el futuro", donde debería decir que "siete de los ocho secretarios provinciales rechazaron la propuesta de Griñán de celebrar un congreso extraordinario".

A Griñán le ha fallado lo principal: Chaves no está nada convencido de irse y dejarle la secretaría general a quien ya recibió de él la presidencia de la Junta. Ocurre que para convocar un congreso extraordinario hace falta que dimita la mitad más uno de los miembros de la ejecutiva regional o que el comité director apruebe una moción de censura contra dicha ejecutiva. Las dos posibilidades son impensables por desestabilizadoras y peligrosas. Cabría una tercera alternativa: que Manuel Chaves dimita voluntariamente. Eso no se va a producir ahora, y los ocho secretarios provinciales ya estaban aleccionados al respecto cuando almorzaron con Griñán.

Griñán y Chaves, Pepe y Manolo, tienen razones poderosas para fundamentar sus posiciones contrapuestas. Sinceramente, no está claro quién ganará este insólito pulso entre dos amigos del alma.
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