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Las encuestas
José Torrente | Actualizado 09.02.2010 - 01:00CUANDO una encuesta sale del despacho del encuestador es obligado interpretarla con cierta lejanía para no verla como un encanto de sirenas, si favorece, o un empacho de destrezas cocinadas, si no lo hace. El PSOE, que es quien pierde el favor del encuestado en esta ocasión, dirá que la verdadera encuesta será la de la urna, y razón no le faltará, aunque le pille de canto y sumido en sus propias dudas. Desde el PP dirán que el objetivo es ganar el día 29 de mayo de 2011 y no en estos sondeos, y también será razonable su argumento.
Mal harían los unos si despreciasen lo que dicen los encuestados, resumido en porcentajes a favor o en contra, y aún peor saldrían los otros si creyesen que el trabajo está hecho. Las encuestas no dejan de ser estados de opinión de un momento concreto. Para el tiempo político, una semana, que digo yo, dos días, son demasiada espera; así es que, imagínense, hasta las próximas elecciones. Todo ello no está reñido con lo que significan, porque no son termómetros despreciables; pero la opinión pública no es un estado impermeable y las encuestas, favorezcan o no, sólo son encuestas.
Pero las evidencias no engañan. Hoy en día, el estado de opinión es favorecedor a la alternativa, al cambio político, que en Andalucía sería histórico tras la hegemonía socialista, y no sería malo que ello se produjera; es más, yo creo que sería muy necesario que los electores permitieran un intercambio de papeles entre PSOE y PP en el Parlamento andaluz y en el Congreso de los disputados escaños de los Diputados.
No pueden merecer otra oportunidad más los que, desde la poltrona sevillana, nos prometieron, y no cumplieron, vacaciones gratis para las amas de casa, o habitaciones individuales en los hospitales, o internet 'free cost' para los andaluces a los que mola eso de la red de redes, o que quieran saldar la deuda histórica con unos terrenos urbanizables. Y por más que se santigüe en el desayuno de oración, no es creíble que, ahora, veamos al ateo Zapatero rezando contra su voluntad, por aparentar cercanía con el interplanetario Obama, leyendo el Deuteronomio del Antiguo Testamento, aunque aquí, con su gobierno, agreda a diario a los católicos y a sus símbolos.
Coinciden las encuestas en fotografiar el hartazgo de los votantes por tanta mentira contumaz del régimen que nos prometió pleno empleo para todos; que nos envía un Milenio sin fondos; que cabrea a los visitantes de Sierra Nevada hasta echarlos sin retorno y que ni pestañea ante la red secundaria de carreteras que padecemos. No parece mal síntoma que las encuestas amenacen con enviar al régimen socialí al banquillo, para que la reflexión subsiguiente les sea próspera, y los mejore, y los tenga disponibles para el futuro asalto a los que les habrán de sustituir. Para eso, las urnas han de ratificar a las encuestas.
Mal harían los unos si despreciasen lo que dicen los encuestados, resumido en porcentajes a favor o en contra, y aún peor saldrían los otros si creyesen que el trabajo está hecho. Las encuestas no dejan de ser estados de opinión de un momento concreto. Para el tiempo político, una semana, que digo yo, dos días, son demasiada espera; así es que, imagínense, hasta las próximas elecciones. Todo ello no está reñido con lo que significan, porque no son termómetros despreciables; pero la opinión pública no es un estado impermeable y las encuestas, favorezcan o no, sólo son encuestas.
Pero las evidencias no engañan. Hoy en día, el estado de opinión es favorecedor a la alternativa, al cambio político, que en Andalucía sería histórico tras la hegemonía socialista, y no sería malo que ello se produjera; es más, yo creo que sería muy necesario que los electores permitieran un intercambio de papeles entre PSOE y PP en el Parlamento andaluz y en el Congreso de los disputados escaños de los Diputados.
No pueden merecer otra oportunidad más los que, desde la poltrona sevillana, nos prometieron, y no cumplieron, vacaciones gratis para las amas de casa, o habitaciones individuales en los hospitales, o internet 'free cost' para los andaluces a los que mola eso de la red de redes, o que quieran saldar la deuda histórica con unos terrenos urbanizables. Y por más que se santigüe en el desayuno de oración, no es creíble que, ahora, veamos al ateo Zapatero rezando contra su voluntad, por aparentar cercanía con el interplanetario Obama, leyendo el Deuteronomio del Antiguo Testamento, aunque aquí, con su gobierno, agreda a diario a los católicos y a sus símbolos.
Coinciden las encuestas en fotografiar el hartazgo de los votantes por tanta mentira contumaz del régimen que nos prometió pleno empleo para todos; que nos envía un Milenio sin fondos; que cabrea a los visitantes de Sierra Nevada hasta echarlos sin retorno y que ni pestañea ante la red secundaria de carreteras que padecemos. No parece mal síntoma que las encuestas amenacen con enviar al régimen socialí al banquillo, para que la reflexión subsiguiente les sea próspera, y los mejore, y los tenga disponibles para el futuro asalto a los que les habrán de sustituir. Para eso, las urnas han de ratificar a las encuestas.

