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¿Facebook? No, gracias
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¿Facebook? No, gracias
Enrique Novi | Actualizado 03.09.2010 - 01:00LA semana pasada el Consejo de Ministros del Gobierno alemán aprobó un proyecto de ley para la protección de datos que ya se conoce como ley Facebook. El bienintencionado proyecto prohíbe a las empresas indagar en las redes sociales para desestimar aspirantes a un empleo basándose en sus preferencias sexuales, sus convicciones religiosas, sus tendencias políticas o sus hábitos higiénicos, entre la interminable retahíla de información personal que los incautos usuarios de Facebook ponen a disposición de los demás, a la vista del resto del mundo. Por una vez, patronos y trabajadores, asociaciones de internautas y operadoras, juristas y hackers, todos están de acuerdo. La ley será absolutamente inútil por la imposibilidad de aplicarla. ¿Van a poner a un ciber policía a vigilar a cada empleador?
Y aunque así fuera, la empresa puede rechazar a un aspirante por fascista, por lesbiana, por ateo, por guarro o por antitaurino, y en el informe oficial alegar falta de liderazgo para el puesto de director de recursos humanos o de habilidades sociales para el de dependiente. Todo un absurdo. A estas alturas todos sabemos de casos en los que unas fotos en actitud inapropiada o los excesos de una noche loca mostrados en su perfil, fueron el peor enemigo de un aseado solicitante de un puesto de trabajo. Que se lo digan a Anna Chapman, que tras una fugaz carrera de espía en los Estados Unidos a sueldo del servicio secreto ruso, el pasado julio fue descubierta y canjeada junto a otros 9 espías por cuatro agentes que hacían lo propio en Rusia para los americanos. El caso ha servido para que la espectacular pelirroja se convierta en una celebridad a la que una revista de su país ha realizado un reportaje fotográfico presuntamente bien pagado. Obligada por contrato a guardar silencio sobre su actividad como agente secreto, no ha tenido mejor idea que colgar las fotos que le hizo la revista en su perfil de Facebook antes de que la publicación saliera a la calle, y de ahí al diario de mayor tirada ruso en cuestión de horas. Zhará, que así se lama la revista, ha perdido su exclusiva y amenaza con denunciarla. Que se lo vayan pensando los que abren las ventanas de su intimidad a través de las redes sociales. O que se aseguren de que nunca van a necesitar buscar empleo, o que conviertan su perfil en un aburrido listado de títulos y aptitudes, pulcro, hipócrita y exagerado, como cualquier currículum al uso.
Y aunque así fuera, la empresa puede rechazar a un aspirante por fascista, por lesbiana, por ateo, por guarro o por antitaurino, y en el informe oficial alegar falta de liderazgo para el puesto de director de recursos humanos o de habilidades sociales para el de dependiente. Todo un absurdo. A estas alturas todos sabemos de casos en los que unas fotos en actitud inapropiada o los excesos de una noche loca mostrados en su perfil, fueron el peor enemigo de un aseado solicitante de un puesto de trabajo. Que se lo digan a Anna Chapman, que tras una fugaz carrera de espía en los Estados Unidos a sueldo del servicio secreto ruso, el pasado julio fue descubierta y canjeada junto a otros 9 espías por cuatro agentes que hacían lo propio en Rusia para los americanos. El caso ha servido para que la espectacular pelirroja se convierta en una celebridad a la que una revista de su país ha realizado un reportaje fotográfico presuntamente bien pagado. Obligada por contrato a guardar silencio sobre su actividad como agente secreto, no ha tenido mejor idea que colgar las fotos que le hizo la revista en su perfil de Facebook antes de que la publicación saliera a la calle, y de ahí al diario de mayor tirada ruso en cuestión de horas. Zhará, que así se lama la revista, ha perdido su exclusiva y amenaza con denunciarla. Que se lo vayan pensando los que abren las ventanas de su intimidad a través de las redes sociales. O que se aseguren de que nunca van a necesitar buscar empleo, o que conviertan su perfil en un aburrido listado de títulos y aptitudes, pulcro, hipócrita y exagerado, como cualquier currículum al uso.

