Loja

Las grietas obligan a cerrar la iglesia de Santa Clara

En la iglesia del convento ya no se celebran misas por motivos de seguridad · Párroco y feligreses lamentan el mal estado del templo y esperan una solución.

Alberto A. Matas / Loja | Actualizado 06.02.2012 - 12:00
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Hace dos semanas que en la iglesia del convento de Santa Clara de Loja no se celebran las habituales misas de los domingos por la mañana. El pasado 15 de enero, tras celebrar la última, el templo tuvo que echar el cierre debido al mal estado en que se encuentra. Los feligreses han sido testigos en los últimos meses de pequeños desprendimientos del techo.

Según explica Juan Carlos Hidalgo Zúñiga, párroco titular del templo, todo comenzó hace un año, cuando cayó al suelo un trozo de yeso de grandes dimensiones de un friso decorativo. "Me asusté y llamé a los peritos de la Curia. En un informe técnico indicaban que la iglesia no reunía las condiciones de seguridad para el culto", relata.

A pesar de las advertencias de los técnicos y ante la insistencia de los fieles, las misas continuaron celebrándose cada domingo. "Nos costaba mucho cerrar el edificio, porque los domingos va mucha gente y pensé que un edificio cerrado a cal y canto era matarlo. Por eso hemos estado casi un año así", indica el párroco.

Sin embargo, una nueva advertencia de los técnicos del riesgo que entrañaba celebrar misa en el templo llevó al párroco a tomar la decisión de cerrarlo al público, ante la tristeza general de los feligreses. "Hubo personas que lo comprendieron, pero otras lo lamentaron mucho ya que llevaban muchos años acudiendo a las misas cada domingo. Incluso, algunas estaban dispuestas a firmar un documento donde eximían de culpa a la Iglesia por si en algún momento pasaba algo", relata Hidalgo. Pero, consciente de los riesgos, el párroco envió un informe al arzobispo, al vicario y al director de la residencia de Santa Clara informando del cierre.

Hidalgo explica que desde que cayó aquel trozo "a día de hoy el voladizo del friso decorativo está más abierto y ha caído arenilla". Además de los desprendimientos que se producen por ese agujero, en las paredes del edificio se observan numerosas rajas que se extienden verticalmente hasta el suelo. Se puede comprobar cómo, a pesar de haber sido reparadas con yeso, se han vuelto a abrir.

La explicación que dan los técnicos a todo esto es que el edificio "se está abriendo" con el paso del tiempo. De hecho, si se observa la fachada que da a la cuesta de las Monjas se puede apreciar cómo la pared está inclinada hacia la calle. Una situación que se agrava aún más con los continuos cambios de temperatura. Como solución, los peritos proponen "coser el edificio", de forma que se mantenga con una estructura de hierro para evitar que se continúe abriendo.

El propietario del edificio es el Arzobispado de Granada y, por tanto, quien debe hacerse cargo de su restauración, aunque siempre contando con el visto bueno de Cultura. Según el párroco, en la inauguración de la residencia de ancianos anexa al convento hace ahora dos años, "se habló de que la intención era ampliarla utilizando el edificio del convento, y que Docete Omnes, la fundación beneficiaria de su explotación, se haría cargo de la restauración del templo".

Sin embargo, Hidalgo afirma que "no sé en que ha quedado aquello, aunque me consta que hay planos que han realizado los arquitectos para rescatar las partes antiguas pero modernizándolas".

Si este acuerdo no llegara finalmente a buen puerto, el párroco teme que no se puedan volver a celebrar eucaristías en la iglesia durante mucho tiempo. "Ahora mismo, tal y como están las cosas, es muy difícil obtener dinero para la rehabilitación del edificio", lamenta. Al menos, el sacerdote confía en conseguir una subvención "ya no sólo para restaurar los frescos, que sería secundario, sino por lo menos para darle seguridad al edificio y que podamos retomar las misas".
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