Consumo · Alimentación sana

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Los consumidores consultan y entienden la información nutricional del etiquetado de muchos productos, aunque existe poca motivación real para hacerlo.

Redacción | Actualizado 23.02.2012 - 13:43
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A la hora de hacer la compra apenas se dedican un centenar de milisegundos a fijarse en la información del producto.

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La gente consulta las etiquetas de información nutricional para informarse de los alimentos más adecuados para proteger su salud. Una investigación europea resalta que la utilidad de estas etiquetas es limitada en la práctica diaria. Los resultados proceden del proyecto Flabel (Etiquetado de alimentos al servicio de la educación y la vida), al que se adjudicaron 2,9 millones de euros del Séptimo Programa Marco de la Unión Europea. Estos hallazgos fueron presentados por el consejero científico de Flabel, el profesor Klaus G. Grunert en un seminario on line celebrado recientemente.

La noticia más positiva es que los consumidores comprenden la información recogida en las etiquetas y saben emplearla para elegir las opciones más saludables. La mayoría entiende y utiliza adecuadamente incluso la información relativa a nutrientes vitales (como grasas, grasas saturadas, azúcares, sal y contenido energético) en una gama de productos. También cabe destacar que la mayoría de los consumidores es capaz de clasificar alimentos en una escala de más a menos saludables.

La situación se complica cuando existe una falta de motivación y de atención, un obstáculo que dificulta que los consumidores elijan los alimentos en función de las etiquetas de información nutricional. En palabras del profesor Grunert, "para aprovechar la información nutricional, los consumidores tienen que tener una motivación, como por ejemplo plantearse algún objetivo relacionado con su salud".

Así pues, la influencia de las etiquetas informativas sobre el grado en que cada alimento es saludable se ve mermada por la falta de atención. A efectos del estudio, el equipo de Flabel organizó un experimento en una tienda de alimentos. Observaron detenidamente los movimientos oculares de los compradores mientras seleccionaban los alimentos que ponían en su cesta.

Según los datos recabados, el equipo concluyó que la atención prestada de media a las etiquetas de información nutricional era de apenas entre 25 y 100 milisegundos, un tiempo a todas luces insuficiente para que los consumidores asimilen la información. En lo relativo a la motivación, si bien es cierto que los consumidores podrían prestar más atención a la información nutricional si se les aconsejase que consulten las etiquetas por más tiempo, lo que también podría resultar útil es situar sistemáticamente la información sobre el contenido energético y los nutrientes fundamentales en la parte delantera del envase.

"Esta información también se podría complementar con un logotipo que hiciese referencia a la salud; así podría incrementarse la atención y también el uso de esta información, sobre todo cuando el consumidor tiene el tiempo limitado", señaló el profesor Grunert, quien es fundador y director del Centro de investigación sobre relaciones con los consumidores en el sector alimentario de la Universidad de Aarhus , en Dinamarca. "El uso de códigos de colores también podría incrementar la atención y el uso de información en algunas situaciones, pero los efectos no son muy trascendentales".

Los consumidores que participaron en el proyecto Flabel indicaron que prefieren las etiquetas más complejas que ofrecen información completa. Por otra parte, los resultados indican que la inclinación depende de la exposición anterior de los consumidores, o de su grado de familiaridad, con la etiqueta. El equipo del proyecto concluyó que la inclusión de información nutricional en las etiquetas de los alimentos está muy extendida en Europa.

En este estudio se evaluaron más de 37.000 productos de 5 categorías en todos los Estados miembros de la UE más Turquía. En total, el 85 % de los productos alimentarios contenían información nutricional en el reverso del envase, mientras que el 48 % contenía esta información en la cara anterior. Las categorías de productos analizadas fueron galletas, cereales para desayuno, comidas precocinadas refrigeradas, refrescos gaseosos y yogures.
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