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En la casa de ‘GH’
En la casa de ‘GH’
Un plató repleto de cámaras y una semifinal a punto de comenzar, la tensión se palpa en el ambiente. ¿Quién dijo que el ojo de Gran Hermano no tiene secretos para nadie?
Gema Amil / madrid | Actualizado 27.01.2010 - 09:01 Es uno de los platós más grandes de los estudios de Telecinco y está decorado con elementos modernistas. Varias pantallas gigantes rodean el espacio central que tendrá a una clara protagonista, la ‘naranja’ Mercedes Milá. Junto a ella, un largo sofá modular de color blanco para ubicar a los concursantes y dos gradas repletas de un público entregado, que al unísono quieren a Gerardo Prager fuera de la final. Falta casi una hora para el comienzo de la gala de la semifinal de Gran Hermano y los ex habitantes de Guadalix comienzan a tomar su asiento en plató. Un grupo dividido que entró hace cuatro meses para divertirse, y que ahora si pudiesen se matarían con la mirada. Una frialdad que fue apaciguándose cuando la Milá puso un pie en el plató, saludando amablemente al público asistente.
El equipo técnico lleva horas trabajando y el plató, que comparte espacio con el programa Hombres, mujeres y viceversa, ya está a punto. Los realizadores, con Alberto Amaraz, van de aquí a allá y los operadores de cámara van preparando sus aparatos. La iluminación irá cambiando a lo largo del programa, tomando un tono más rojizo en los momentos claves de la gala, como el comienzo, el veredicto de la audiencia y la llegada al plató del expulsado. También se pasean por allí varias redactoras, técnicos de sonido, el director del prime time Álvaro Díez y Fernando, el regidor. Un equipo amplio (entre redactores, producción y realización), sólido y entregado, que durante las cinco horas de emisión en directo no se detiene en ningún momento. Fernando se acerca al público, que acude a la gala voluntariamente, y les comenta las cuatro premisas fundamentales a tener en cuenta. Las más importantes, no comentar nada en las conexiones con la casa y, sobre todo, disfrutar y dejarse llevar por las emociones.
Todo preparado. El regidor, con un semblante más serio que antes, levanta la mano. Comienza la cuenta atrás. Va contando con los dedos de su mano (gesto que lleva a cabo en cada vídeo y vuelta de publicidad) para dar la entrada a la conductora del programa. Suena fuerte la música, la semifinal ha comenzado.
Los concursantes van pidiendo la palabra durante el transcurso de la emisión, según van sucediéndose los vídeos. El momento más emocionante llega con el sobre rojo que contiene el nombre del expulsado. Mercedes Milá no lo abre y lee el veredicto de la audiencia pocos segundos antes de comunicárselo a los nominados y a los que están en casa. Ésta se mantiene concentrada y, en todo momento, muestra un férreo control del plató. Puede tener los nervios propios del directo, pero no se les notan. Seis cámaras, más una cabeza caliente (el brazo que sobrevuela por todo el plató) la apuntan y ella es capaz de improvisar, a pesar de las órdenes de Álvaro Díez por pinganillo y lo que va leyendo en el teleprompter. No se mueve de su asiento durante las publicidades, aunque sí recibe al equipo de maquillaje y peluquería si es necesario. Además, habla con el expulsado para tranquilizarlo tanto delante, como detrás de las cámaras y se entrega completamente a su trabajo. Su amor por el formato se palpa en todo momento.
La música sube para recibir al expulsado. La tensión se siente. Durante su entrevista se van turnando las palabras. Todos tienen su lugar en una escaleta estudiada al milímetro. Los vídeos suenan fuerte en plató y se alternan con diferentes conexiones en directo. En la publi los concursantes hablan entre ellos y exponen sus pensamientos. Muchos de ellos se inmortalizan con una cámara y un micrófono.
El intenso trabajo de la gala llega a su fin, ahora el equipo se reúne para ver que tal ha ido todo.
El equipo técnico lleva horas trabajando y el plató, que comparte espacio con el programa Hombres, mujeres y viceversa, ya está a punto. Los realizadores, con Alberto Amaraz, van de aquí a allá y los operadores de cámara van preparando sus aparatos. La iluminación irá cambiando a lo largo del programa, tomando un tono más rojizo en los momentos claves de la gala, como el comienzo, el veredicto de la audiencia y la llegada al plató del expulsado. También se pasean por allí varias redactoras, técnicos de sonido, el director del prime time Álvaro Díez y Fernando, el regidor. Un equipo amplio (entre redactores, producción y realización), sólido y entregado, que durante las cinco horas de emisión en directo no se detiene en ningún momento. Fernando se acerca al público, que acude a la gala voluntariamente, y les comenta las cuatro premisas fundamentales a tener en cuenta. Las más importantes, no comentar nada en las conexiones con la casa y, sobre todo, disfrutar y dejarse llevar por las emociones.
Todo preparado. El regidor, con un semblante más serio que antes, levanta la mano. Comienza la cuenta atrás. Va contando con los dedos de su mano (gesto que lleva a cabo en cada vídeo y vuelta de publicidad) para dar la entrada a la conductora del programa. Suena fuerte la música, la semifinal ha comenzado.
Los concursantes van pidiendo la palabra durante el transcurso de la emisión, según van sucediéndose los vídeos. El momento más emocionante llega con el sobre rojo que contiene el nombre del expulsado. Mercedes Milá no lo abre y lee el veredicto de la audiencia pocos segundos antes de comunicárselo a los nominados y a los que están en casa. Ésta se mantiene concentrada y, en todo momento, muestra un férreo control del plató. Puede tener los nervios propios del directo, pero no se les notan. Seis cámaras, más una cabeza caliente (el brazo que sobrevuela por todo el plató) la apuntan y ella es capaz de improvisar, a pesar de las órdenes de Álvaro Díez por pinganillo y lo que va leyendo en el teleprompter. No se mueve de su asiento durante las publicidades, aunque sí recibe al equipo de maquillaje y peluquería si es necesario. Además, habla con el expulsado para tranquilizarlo tanto delante, como detrás de las cámaras y se entrega completamente a su trabajo. Su amor por el formato se palpa en todo momento.
La música sube para recibir al expulsado. La tensión se siente. Durante su entrevista se van turnando las palabras. Todos tienen su lugar en una escaleta estudiada al milímetro. Los vídeos suenan fuerte en plató y se alternan con diferentes conexiones en directo. En la publi los concursantes hablan entre ellos y exponen sus pensamientos. Muchos de ellos se inmortalizan con una cámara y un micrófono.
El intenso trabajo de la gala llega a su fin, ahora el equipo se reúne para ver que tal ha ido todo.
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