José Valencia, 'Habemus Papam'

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Solo flamenco. Cante: José Valencia. Guitarra: Juan Requena. Colaboración Especial: Joaquín Grilo. Palmeros: Bobote, Manuel Valencia, Juan Diego Valencia. Producción y Distribución: Endirecto FT. Lugar: Claustro del Convento de Santa Clara. Fecha: Miércoles, 26 de septiembre. Aforo: Lleno.

Le preocupaba a Mairena en sus Confesiones quién sería merecedor de heredar la llave de oro del cante gitano. Seguro que si hubiera podido estar el miércoles por la noche en Santa Clara habría respirado tranquilo.

El Sólo Flamenco fue uno de esos recitales que seguirán dando para muchas conversaciones en bienales futuras. Desde ahora los aficionados se podrán dividir entre los que estuvieron en la consagración del cantaor como figura y los que se lo perdieron.

Es verdad que Valencia lleva muchas Caracolás de Lebrija a sus espaldas. Que seguramente ostenta récords de apariciones en un mismo programa de la Bienal. Y que, sin ir más lejos, en ésta ha protagonizado momentos sublimes evitando -cuando a su amigo le hizo falta- que el barco de Joaquín Grilo se fuera a pique o superando, si se puede, el Vals Vienés del maestro Enrique Morente que aún duele tanto.

Pero la del miércoles fue su noche. Lo sabía él y el público. Por eso se contagió un entusiasmo más propio de estadios de fútbol. Una solemnidad que únicamente se mantiene frente a las cosas que suceden poco. Como si se estuviera asistiendo al nombramiento de un nuevo Papa.

El cielo se mantuvo encapotado pero no cayó una gota. La luna, que al principio asomaba, terminó escondiéndose por miedo a competir en belleza. Y en esta oscuridad que invita al recogimiento, Valencia lo dio todo. Olé los valientes, jaleaban en las sillas.

Con voz firme y precisa, fue entonando las malagueñas, soleares, seguiriyas, tangos, alegrías… que incluye su primer disco. Fue antiguo y hondo cuando lo exigía el cante y el más fiestero cuando se requería. Lo acompañó por bulerías un espectacular Grilo con el que da gusto verlo entenderse y sentir cómo se mejoran el uno al otro.

El de Lebrija cantó libre, con la seguridad del que ha cultivado el esfuerzo renunciando a lo fácil, sin concesiones. Alguien gritó: "José, eres el uno" y de repente resumió el misterio recordando, por la comicidad, la famosa frase de Amanece que no es poco: "Dios es uno y trinooo". Como el de la Santísima Trinidad, la verdad que lleva Valencia en su garganta supera la lógica humana. Sobra decir que la fumata fue blanca. Ésta es La Voz de la Bienal, lo corroboren o no los Giraldillos.

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