Rozamientos de sensibilidades

Romances. Rafael Estévez & Valeriano Paños & Sandra Carrasco. Concepto, dirección, coreografía, vestuario y escenografía: Juan Kruz Diaz de Garaio Esnaola. Coreografía y baile: Valeriano Paños, Rafael Estévez. Cante: Sandra Carrasco. Diseño de luces: Olga García. Lugar: Teatro Central. Fecha: Jueves 13. Aforo: Tres cuartos de entrada.

El carácter íntimo de Romances es fruto de un intenso trabajo de equipo. Juan Kruz ha llevado a los intérpretes a sus límites de forma doble: la lucha interna contra y desde la propia materia; el rozamiento de gravedades centrífugas con otros cuerpos. El grado de mostración alcanzado es tal que en ocasiones uno siente la necesidad de apartar la vista. Por un lado, las sensibilidades de los intérpretes se rozan entre sí; por otro, éstas se rozan con las del público. Uno de los logros más importantes de la propuesta es que consigue que este segundo rozamiento sea tanto de cada uno de los intérpretes por separado como del trío Estévez-Paños-Carrasco.

La voz de Carrasco escudriñó todas las esquinas del sistema nervioso del público. Y lo hizo haciéndole poner de su parte, como cuando cantó, sigilosa, como para sí. Educó también en el misterio de la voz, presentándola como un milagro animal e inabarcable. La facilidad con la que pasó de los límites de lo inaudible al grito fue coherente con sendos cambios en las interacciones coreográficas del par Estévez-Paños. Bellos paralelismos los de sus cuerpos enfrentados, casi contradictorios, de precisiones tan pulcras como diversas. Pero la armonía de Romances es tal que sólo cabe hablar de trío. La integración de la cantaora en el entramado coreográfico es ejemplar. Carrasco era un contrapunto más en una pieza mágica, irónica y mística al mismo tiempo, donde cubos a rebosar de agua bailaban por los aires y un tablero hacía tanto de procesión improvisada como de ladera interminable.

Esta pieza tiende nuevos puentes sólidos dentro del lenguaje flamenco. Quizás estuvo de más la violencia de determinados momentos, si bien puso de relieve que todos somos humanos, demasiado humanos, y que nos debatimos entre pasiones disonantes.

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