El espejo en el que nos miramos

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Así se cantaba y así se canta. Cante: José Menese. Guitarra: Antonio Carrión. /Cante: Manuel Agujetas. Guitarra: Antonio Soto. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Viernes, 17 de septiembre. Aforo: Lleno.

José Menese apareció con el brazo en cabestrillo y Manuel Agujetas con una llamativa cojera. Son metáforas de la evidente merma física que aqueja a esta generación de intérpretes, aquellas voces de trueno épicas de los 70, hoy definitivamente avejentadas salvo contadas excepciones. Lo dieron todo. Fueron puro corazón. Y a algunos el corazón se les rompió. Basaron su cante en la fuerza. Y hoy las fuerzas ya no responden. Lo evidenció el recital de Menese en los primeros números, granaínas, marianas, farrucas. La melodía quedaba desdibujada y roma. Y no porque no se puedan hacer estos cantes con un hilo de voz. Pero ellos lo dieron todo por la contundencia vocal, esa fue su gran baza durante años, y ahora no saben cantar de otra manera. Los tientos a la forma de los setenta, con menos matices melódicos, me gustaron más . Y la soleá, enriquecida por esos deliciosos poemas de Moreno Galván.

También Agujetas ha perdido ese grito abisal, esa fiereza, que lo convirtió en el cantaor más radical de la historia. Su anarquía melódica, rítmica, escénica, ha quedado desarropada sin aquella contundencia que en este caso era más vital que física. De hecho lo mejor del recital de ambos intérpretes fue la ronda de tonás que hicieron, a corazón abierto, al final del espectáculo

Quiero con esto decir que el espíritu del recital Así se cantaba .. no tiene nada que ver con los artistas seleccionados. Nadie cantó jamás como Menese antes de Menese. Es cierto que el cantaor aprendió modos y maneras del Gallina y, sobre todo, de Mairena. Pero nadie los hizo jamás como José Menese. Y, desde luego, nadie cantó nunca como Agujetas. Ni siquira su padre. La estética de Agujetas, con todo su primitivismo, es absolutamente contemporánea. En ningún otro periodo histórico que el nuestro hubiese conectado con el público. Nadie en la historia de los registros sonoros flamencos cantó con esa fiereza, con esa visceralidad, con esa rabia, con esa ausencia total de técnica cantaora, con el puro corazón, con los puros genitales. Quizá habría que remontarse a la época del Fillo, al que, según Estébanez Calderón, reprendía su mentor El Planeta por su estilo atrabiliario. El primitivismo abstracto de Agujetas es una exclusiva de nuestro tiempo y sus mentores fueron siempre intelectuales.

Hoy día se canta, acaso, con más técnica, los jóvenes intérpretes poseen mejores condiciones, pero nadie ha cantado ni cantará como Menese y Agujetas. Son dos intérpretes personales, insustituibles en la historia de este arte, y que han marcado una época. Han dado tanto al flamenco. La lección de estos dos maestros, en una época con cientos de cantaores clones, es la personalidad. Eso sí, creo que el formato elegido por los programadores para mostrar al público dichas personalidades no fue el más adecuado a las condiciones actuales de los intérpretes. Me temo que todos debemos mirarnos al espejo y asumir quienes somos al día de hoy.

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