Su mejor creación

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La Pepa. Ballet Flamenco Sara Baras. Intérpretes: Sara Baras, José Serrano, Carmen Camacho, Charo Pedraja, Cristina Aldon, Isabel Ramírez, Macarena Ramírez, María Jesús García, Natalia López, Tamara Macías, Alejandro Rodríguez, Daniel Saltares, David Martín, Manuel Ramírez, Raúl Fernández, Keko Baldomero, Miguel Iglesias, Emilio Florido, Sául Quiros, Miguel Rosendo, Antonio Suárez, El Pájaro, Ara Malikian, Aupaquartet. Música: Keko Baldomero. Guión, dirección y coreografía: Sara Baras. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: 14-16 de septiembre. Aforo: Lleno.

Sara Baras es la mejor creación de Sara Baras. Da igual que interprete a Juana la Loca, a Mariana Pineda o, como en esta ocasión, a La Pepa. El personaje Sara Baras fagocita en sus espectáculos al pretexto histórico, mítico o literario. Por eso sus espectáculos se parecen tanto los unos a los otros y en todos ellos encontramos las faldas de altos vuelos, las vueltas características, los desplantes y ese zapateado frenético y preciso, con sus accelerandos y ritardandos, que nos retrotraen a otros tiempos coreográficos en el flamenco. Baras es inmune a las novedades que han convulsionado el flamenco en la última década. Pero eso carece de importancia porque Sara Baras es un género en sí mismo y, guste más o menos, eso es algo que pocos intérpretes pueden decir. La bailora cañaílla es una artista muy inteligente, pues la mayor inteligencia que puede tener un artista es saber exactamente donde está. Por eso el público es plenamente consciente de lo que compra cuando compra una entrada para un espectáculo suyo. Baras ha agotado las localidades para sus tres actuaciones en el Maestranza. Por eso el público recibió su Pepa con ovaciones y muestras de fervor hacia la bailaora.

Da igual que la obra carezca prácticamente de guión. Da igual que en ella Baras interprete, más que a un personaje, un sentimiento, una emoción, un anhelo de libertad, un texto, un momento histórico, una estatua. Porque, como decía más arriba, a quien interpreta es a Sara Baras. Da igual si las letras son tradicionales y las pocas nuevas son vagas referencias a la libertad, al pueblo o la gaditanía. Da igual que la obra no haga el más mínimo guiño al momento coreográfico del periodo histórico en el que se sitúa, de plena exaltación de la danza bolera gracias al contacto de la familia Lefevre con los bailaores autóctonos. Da igual si no hay dramaturgia, si no hay conflicto. Galdós narró en Cádiz la epopeya del asedio francés y la aprobación de la primera constitución liberal española. Pero Baras no precisó de contexto histórico ni de personajes pues, como digo, ya tenía el suyo propio, su propia creación, su mejor creación. Lo que el público quiere es Sara Baras en estado puro y, en esta situación, hasta el ballet más extenso de toda la Bienal, hasta 15 miembros incluida la titular, resulta superfluo. No son los movimientos rígidos del grupo lo que el público quiere, sino ver a su ídolo en libertad. Sea por seguiriyas en el puerto, en el vals o por alegrías. José Serrano ofreció el contrapunto masculino con su brillante farruca.

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