Una soleá de Pedro Peña

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Piano y composición: Dorantes. Bandoneón: Marcelo Mercadante. Guitarra acústica: Ricardo Moreno. Violín: Faiçal Kourrich. Contrabajo: Renaud García-Fons, Yelsy Heredia. Cante: Esperanza Fernández, Pedro Peña, Rafael de Utrera, El Pele. Palmas: Los Mellis. Percusión: Tete Peña. Guitarra: Pedro María Peña. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles, 22 de septiembre. Aforo: Lleno.

Me queda una cosa: la soleá de Pedro Peña. Una sola cosa, y no es poco. Este cante bronco y también femenino, puesto que es un patrimonio de las mujeres de esta familia. Esta afinación dubitativa. Ese compás reticente. La reticencia, la verdad desnuda. Lo demás son largas variaciones instrumentales, grandes virtuosos, una cosa amable de usar y tirar. Personalidades instrumentales, vocales: no vamos a descubrir a ninguno de los grandes artistas invitados de la noche, aunque dos de ellos no acudieran a la cita. Quizá al único que haya que descubrir fuera precisamente al propio Pedro Peña.

De usar y tirar digo, permítame la licencia poética, porque estas músicas y estos músicos son intercambiables: por otras composiciones, por otras latitudes. Incluso por otros músicos igual de buenos, buenísimos, que éstos. Hace mucho que los virtuosos no me dicen nada. Sobre todo si los ponemos en el mismo contexto que la desnuda verdad de la voz de un maestro nacional, con vocación de guitarrista y aficionado al cante. Así de rara es la vida, a veces. Desde luego que había un enorme trabajo de composición, de arreglos. Pero el lugar común llamado Sin muros!, puntuado el admirativo a la inglesa, es intercambiable con cualquier otro lugar común de la tierra. No digo que no debamos aprender el idioma de la cultura dominante para hablar de tú al turbión que nos viene del otro lado del Atlántico. Pero, ¿qué descubre un "diálogo intercultural" a personas como usted y como yo que tenemos al bandoneón, al jazz, la música andalusí y el son cubano entre nuestros antepasados? El lugar común se lo aguantamos a Zapatero porque no nos queda otra (¿o sí?), otro. Que en el programa de mano se indique la nacionalidad de cada uno de los intérpretes puede confundirse con un chiste: érase una vez un francés, un cubano, un argentino y un español ... Sólo puede ser tomado en serio por alguien que nunca se haya dado un paseo por su calle, por su barrio. Por su historia. Me resisto a creer que un esencialismo así exista fuera del Congreso.

Dorantes ha renunciado en parte a la épica, aunque los moldes de sus composiciones son los mismos. En su nueva propuesta lleva en ocasiones a otros tonos, a otros modos, dichos moldes: en este sentido lo que más me ha gustado ha sido el tema en solitario titulado Ni una gota.

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