El valor del aprendizaje

  • Gerardo Núñez se inspira en el poema 'Itaca' de Kavafis en el espectáculo que hoy presenta en el Lope junto a su fiel escudería.

Tenía unas ganas inmensas de volver a la Bienal tras dos ediciones sin entrar en el cartel "porque todos los que tenemos algo nuevo que decir deberíamos estar en este festival". Así que Gerardo Núñez (Jerez de la Frontera, 1961), que hoy presenta en el Lope de Vega su espectáculo Travesía, agradece a Rosalía Gómez "que haya sabido tocar la sensibilidad de los artistas para que la Bienal de Flamenco de Sevilla no se pierda. Y en un año tan difícil lo ha conseguido con creces". A Núñez le acompaña hoy su fiel escudería: Ángel Sánchez Cepillo a la percusión, el contrabajo de Pablo Martín, los cantaores David Carpio y Rafael de Utrera, la segunda guitarra de Manuel Valencia y la colaboración especial de la bailaora Carmen Cortés, su esposa. Van a presentar los temas de su nuevo álbum, Travesía, pero no sólo. "Travesía está inspirado en el célebre poema Itaca de Kavafis. Y también en unos jóvenes subsaharianos a los que conocí en un semáforo de Sanlúcar de Barrameda vendiendo Kleenex y a los que introduje en el estudio de grabación. Ellos iban buscando su particular Eldorado. Para todos nosotros sigue teniendo validez el mensaje de ese poema: lo importante es que el camino, la travesía, estén llenos de experiencias. Este concierto es una aventura musical basada en el aprendizaje".

Núñez considera que con cada concierto suyo pone "un granito de arena" en la guitarra flamenca jerezana, "que en este momento es la más interesante del mundo porque es el fruto de los grandes maestros que nos precedieron y de un desarrollo armónico impensable antes fruto de nuestros viajes y encuentros". Pasión y disciplina son, en su caso, los ingredientes en los que cimenta una carrera que arrancó acompañando a gigantes del cante de su tierra -La Paquera de Jerez, Tío Borrico, Chocolate- y haciendo colaboraciones para Paco Cepero y Mayte Martín antes de volar en solitario.

En su despegue como artista, recordó ayer en la sede de la Bienal, tuvo una importancia capital su paso por Madrid. "Vivía en una pensión en la Plaza Santa Ana en la que también estaban alojados Rafael Riqueni, Cañizares... Allí no había quien durmiera, con tanta sonanta y tanto metrónomo", bromeó. Igualmente decisivo fue su paso por el mítico bar Candela, donde "podías ver más de 100 fundas de guitarra en una sola noche. Paco [de Lucía] venía todos los viernes a las 23:00 a escuchar, Camarón y Pepe Habichuela también se pasaban de vez en cuando y quien nunca faltaba era Enrique Morente". Fue el cantaor granadino quien -recuerda- tuvo la generosidad de apostar por muchos de aquellos jóvenes tocaores que se buscaban la vida en los tablaos madrileños. "Morente era tan grande que sabía en seguida reconocer a un músico. Le conocías una noche en el Candela y al día siguiente, si le habías gustado, podía proponerte actuar junto a él en el Teatro Real". Ese ejemplo cundió en Gerardo Núñez, que ha apadrinado desde su sello discográfico El Gallo Azul los primeros trabajos de artistas como Jesús Méndez y Antonio Rey, dos de los nuevos valores que también han disfrutado de su gran noche en esta XVII Bienal.

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