Crítica 'Confucio'

Un Confucio 'gandalfnizado'

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Confucio. Drama, China, 2011, 115 min. Dirección: Hu Mei. Guión: Kitao Jiang, Yanjiang He, Khan Chan. Intérpretes: Chow Yun-Fat, Zhou Xun, Chen Jianbin. Fotografía: Peter Pau. Música: Cong Su.

Uno de los muchos crímenes culturales del maoísmo, especialmente durante la terrible Revolución Cultural que tanto aplaudió la izquierda europea, fue el intento de radical eliminación de la obra, la memoria y la figura de Confucio. Tan muerto hoy el maoísmo como el propio Mao, aunque se mantengan ambos embalsamados, ahora China ha decidido resucitar al gran filósofo y estadista del siglo V antes de Cristo. Cientos de estatuas de Confucio se erigen en todo el país -una de ellas en la mismísima plaza de Tiananmen-, se le estudia en los colegios, se editan sus obras y se realizan series de televisión y películas sobre su figura. La más cara y exportable de ellas es este colosal biopic que presenta un Confucio lujoso y espectacular, pero superficial en el tratamiento y televisivo -plastificado- en las maneras cinematográficas.

En su personal e inconclusa historia de la filosofía a través del estudio de los grandes filósofos, Karl Jaspers unió en el volumen Los hombres decisivos a Confucio, Buda, Sócrates y Jesús, resaltando el valor del gigantesco paso adelante dado simultáneamente por la humanidad en el siglo V antes de Cristo cuando, sin que se conocieran entre ellos, los tres grandes maestros de pensamiento y vida sentaron las bases éticas y filosóficas sobre las que edificarían a lo largo de miles de años los sistemas de pensamiento y las formas de convivencia de Oriente y Occidente.

Esta película, por desgracia, no hace justicia a la grandeza del personaje. Todo lo más lo ilustra con corrección divulgativa, lo que ya es algo; pero al precio de reducirlo a las proporciones de la viñeta y la autoayuda. No sé si como estrategia de penetración en los mercados occidentales o a causa de ese debilitamiento de la cultura china que precisamente se quiere reforzar con la rehabilitación y resurrección de Confucio, la película está contada al modo americano, variante fantasía épica. El arranque que da paso al flashback que es toda la película parece una caricatura de El Señor de los Anillos; y al minuto, cuando se empieza a contar la vida del maestro, la música que copia malamente el estilo de John Barry pone sobre aviso. En efecto: todo lo que sigue en esta biografía de un Confucio gandalfnizado es una mezcla entre Jackson y Zhang Yimou (con un toque de anuncio de Nespresso en la evocación de la entrevista entre Confucio y su maestro Lao-Tse); pero rebajada por una evidente limitación creativa, lastrada por un guión fragmentario que privilegia la anécdota sobre la cohesión del relato y dañada por un recurso a la espectacularidad digital que le da un acabado de plástico.

Bien está si quien no lo conocía descubre a Confucio gracias a esta película. Pero debían haberse hecho mejor las cosas, porque esta biografía del maestro reducido a las proporciones de un Gandalf es bastante anticonfuciana y muy representativa del caos posmarxista-neoconfuciano-ultracapitalista que vive China.

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